Pin parental: ¿Derecho de los padres o derecho de los alumnos?

Toni García Arias
Premio Mejor Docente de España 2018
20 de enero de 2020
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Esta semana se aprobaba en la Región de Murcia el controvertido Pin parental. De una manera resumida, podemos decir que el Pin o veto parental no es otra cosa que la necesidad de una autorización por parte de los padres para que sus hijos puedan acudir a una determinada charla en el colegio. Después de aprobarse este veto por parte del PP, Ciudadanos y Vox, yo critiqué por las redes sociales su aprobación por considerarlo –principalmente– un ataque a la profesionalidad de los docentes. Segundos después, decenas de padres comenzaron a criticarme con mensajes fuera de tono, muchos de ellos sin formular ningún tipo de argumentación y otros llegando incluso al insulto, lo que me reafirma aún más en la idea de eliminar el Pin parental para proteger a los hijos de la penosa educación que están recibiendo por parte de estos padres, donde algunos llegaban a afirmar públicamente “yo a mi hijo le enseño lo que me sale de los huevos”. Toda una declaración de intenciones. En fin.

Se preguntan algunos padres qué tiene de malo que sean ellos los que decidan las charlas que reciban sus hijos. Este es el primero de los problemas del Pin Parental. Lógicamente, si esas charlas se ajustan a los contenidos y valores propios del currículum, la prohibición de que un menor acuda a una de esas charlas es un insulto a la profesionalidad del docente que es quien la ha seleccionado. Gracias a este Pin parental, esta semana, sin ir más lejos, 8 alumnos de 6º de Educación Primaria de mi colegio no pudieron asistir a una charla de la Policía Municipal sobre ciber acoso por no traer la autorización. Y ahí es donde se produce el segundo problema.

Mientras todos tenemos clara la importancia de mejorar la formación de nuestros alumnos sobre ciertos aspectos de la realidad que les rodea, los padres de la Región de Murcia pueden negarse a que sus hijos asistan a charlas sobre ciberacoso, igualdad de sexos, uso de redes sociales, bienestar animal, reciclaje, cuidado del medio ambiente, enfermedades de transmisión sexual o alimentación saludable (donde la Región de Murcia es líder nacional), lo que atenta claramente contra el derecho a la educación de los menores. Y es que, por encima del derecho de un padre de decidir la educación para sus hijos está el derecho del niño a recibir una adecuada educación. Por eso, nunca, podemos permitir que un derecho paterno perjudique un derecho del menor. Y nunca podemos permitir que un padre elija la parte del currículo que quiere que estudie su hijo como si fuese un menú a la carta porque hoy es una charla y mañana alguien pedirá que su hijo no estudie a este autor por su condición sexual o esta teoría porque atenta contra sus creencias.

Por encima del derecho de un padre de decidir la educación para sus hijos está el derecho del niño a recibir una adecuada educación

Algunos padres, para defender el Pin parental, dicen que no quieren que se adoctrine a sus hijos en los colegios, como si el casi millón de profesores pensásemos igual, algo que sería digno de todo un récord Guinness. Hoy por hoy, yo puedo afirmar con absoluta rotundidad que en los 25 años que llevo ejerciendo cómo docente jamás he estado en una charla adoctrinadora y jamás he visto a un docente que adoctrinara a sus alumnos, y eso que he conocido a docentes de ideología política extrema de ambos lados que, ni siquiera en un tema como la Guerra Civil, expresaban su opinión delante de sus alumnos. No voy a negar que haya ciertos colectivos de un extremo y de otro que, debido a su ideología, deseen adoctrinar, pero de todos los compañeros que yo conozco físicamente y a través de las redes ninguno me ha comentado jamás que se hubiese encontrado frente a una charla de ese estilo, lo que me lleva a concluir que, de existir, son más bien escasas.

Dice Pablo Casado en un tuit: “Mis hijos son míos y no del Estado”, que es la misma frase que le escuché decir a una madre drogadicta en un programa de televisión cuando la justicia le quitó a sus dos hijos. “Hago con ellos lo que me da la gana porque son míos”, decía esta madre mientras sostenía a un bebé de unos meses en brazos. Este es el tercer error del veto parental: evidentemente son tus hijos, pero es nuestra sociedad. La escuela transmite los conocimientos y valores recogidos en un currículum aprobado por un gobierno autonómico y nacional. Esa educación es una educación sin ideología, basada en los conocimientos de las diferentes áreas y en los valores universales.

Estos conocimientos y valores en ocasiones vienen a compensar la deficiente educación que ciertos padres les están trasmitiendo a sus hijos; padres machistas, padres homófobos, padres sexistas, padres que se drogan delante de sus hijos, padres que maltratan a los animales o padres que solo les dan bollería industrial y comida rápida a sus hijos. Aquellos padres que no quieren que su hijo asista a una charla sobre igualdad porque cree que el hombre es superior a la mujer, está criando a un futuro marido que directa o indirectamente maltratará física o psicológicamente a la hija de otro padre. Aquellos padres que se niegan a que su hijo asista a una charla sobre protección animal porque es un cazador que abandona a sus galgos cuando no les sirven, están criando a un futuro ciudadano que abandonará a sus galgos que –además del sufrimiento propio del animal– pueden provocar el accidente y la muerte de otras personas que también viven en este planeta. Así que, como he señalado, es tu hijo, pero es nuestra sociedad.

Estos conocimientos y valores en ocasiones vienen a compensar la deficiente educación que ciertos padres les están trasmitiendo a sus hijos

A lo largo de mi carrera me he encontrado con padres que no querían que sus hijos hiciesen Educación Física por cuestiones religiosas, a padres que me dijeron que no apuntaban a su hija a ninguna actividad en la que pudiese disfrutar porque iba en contra de su dios, a padres que no querían que sus hijos fuesen a un concierto de rock en la escuela porque el rock era peligroso (no como el reggaetón, que la escuchan casi la totalidad de los niños matriculados en España y es casi música de iglesia), a padres que no querían que sus hijos fuesen a natación porque se les había muerto un hermano ahogado (que, aunque lo comprendo, el padre también debe comprender que su hijo no tiene por qué pagar las malas experiencias de su familia), a padres que no querían que les diese clase un profesor porque era “amanerado”, a padres que no querían que a su hijo le diese clase una mujer, a padres que no querían que su hijo se sentase al lado de un niño de color, etc., etc., etc. Obviamente, la escuela tiene que estar muy por encima de todas esas cosas.

Como soy un amante de los ejemplos, para comprender lo que es un veto parental lo explicaré con un ejemplo médico: el veto parental es aquel que permite a un padre a decidir que su hijo no reciba una trasfusión de sangre anteponiendo los motivos morales, religiosos o culturales del padre al derecho del niño. A partir de ahí, que cada uno se posicione donde prefiera.

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