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Educación Global para Mejorar el Mundo. Cómo Impulsar la Ciudadanía Global desde la escuela

Fernando Reimers
Profesor de Políticas Educativas Comparadas. Universidad de Harvard
12 de January de 2021
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© Masum

Hace dos décadas que estudio de qué manera la Educación apoya a los estudiantes a desarrollar las competencias que les permitan convertirse en arquitectos de su propia vida y colaborar con otros en mejorar las comunidades de las cuales forman parte.

Es paradójico que, pese al enorme progreso mundial que produjo la inclusión de la Educación como uno de los derechos humanos incorporados en la declaración universal adoptada en la Asamblea General de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, buena parte de los estudiantes que actualmente se benefician del acceso a la Educación, y que destinan una parte importante de sus vidas a estudiar, no desarrollan en la escuela las capacidades necesarias para mejorar sus circunstancias, ni para mejorar el mundo. Diversos estudios comparados de conocimientos y destrezas, tales como PISA o TIMSS, así lo demuestran. Igualmente, preocupante son las deficientes capacidades éticas, sociales o emocionales con que muchos egresan de la escuela. Las deficiencias de la escuela en formar integralmente a las personas, en ayudarles a desarrollar todo su potencial y en formarles ampliamente para poder participar en un mundo que cambia rápidamente, tienen consecuencias para los individuos, y para aquellos con quienes ellos se relacionan. La ultima encuesta de PISA muestra un importante porcentaje de jóvenes para quienes su vida no tiene un propósito claro (30% de los jóvenes en España), y que no están satisfechos con sus vidas (uno de cada cuatro jóvenes en España). Estas deficientes capacidades a su vez hacen difícil colaborar con otros para atender los diversos desafíos que afectan a cada sociedad: la pobreza y la exclusión, la insuficiente productividad y el desempleo, la gobernabilidad, la violencia, el cambio climático, entre otros.

La pandemia del Covid-19 ha exacerbado algunos de estos desafíos precedentes, y la austeridad previsible que seguirá a la pandemia los hará aun mas agudos. Por ello es necesario aumentar la eficacia de la escuela en preparar a los estudiantes con las capacidades para construir un mundo mejor, para atender a estos desafíos. Una expresión de este mundo mejor esta sintetizada en los objetivos de desarrollo sostenible adoptados en la Asamblea General de Naciones Unidas hace cinco años. La Educación de ciudadanos globales permite a los estudiantes desarrollar las capacidades para hacer de estos objetivos una realidad.

La Educación de ciudadanos globales permite a los estudiantes desarrollar las capacidades para hacer de estos objetivos una realidad

En la ultima década he desarrollado, con mis colaboradores, tres currículos desde parvularia hasta el ultimo ano de Bachillerato, alineados con los objetivos de desarrollo sostenible y con la Declaración Universal de Derechos Humanos. Estos han sido traducidos a diversos idiomas y adoptados en escuelas en varios países del mundo. Apoyar a estas escuelas me ha ayudado a entender que un buen currículo, riguroso, bien diseñado, es esencial pero no suficiente. Es necesario también un proceso de colaboración entre diversos profesores en la escuela que permita fortalecer una cultura de la Educación global y una formación profesional eficaz. Además de un buen currículo, buena Formación Profesional y una cultura escolar propicia, es necesario también abordar la tarea de educar ciudadanos globales sistémicamente, integralmente. Para ello, es necesario concebir el proceso de cambio desde cinco perspectivas: cultural, psicológica, profesional, institucional y política.

Una perspectiva cultural lleva a comprender la interrelación entre la cultura escolar y la cultura de los estudiantes y sus familias. Una perspectiva política a utilizar el mejor conocimiento científico sobre como aprenden los estudiantes, y sus profesores, en el diseño de un buen currículo. Una perspectiva profesional a crear las capacidades expertas que permitan una practica docente basada en el conocimiento mas experto. Una perspectiva institucional a establecer la coherencia necesaria entre los diversos componentes de un sistema educativo: estándares, currículo, pedagogía, evaluación, formación, Administración. Una perspectiva política a reconocer los diversos intereses a los que afecta la escuela, y a construir coaliciones amplias que permitan el necesario apoyo y sustentabilidad de los esfuerzos de cambio para que ellos den frutos.

Son estos los temas que desarrollo en el libro Educación Global para Mejorar el Mundo, que acaba de publicar en castellano la editorial SM. Confío en que esta edición permita a los educadores de habla hispana avanzar en sus esfuerzos de preparar a sus estudiantes con las capacidades que les permitan hacerse cargo de sus propias vidas, y colaborar con otros, en la apremiante tarea de construir un mundo más incluyente y sostenible.

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