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Arte y resolución de conflictos

Laura Bombín, mediadora especializada en la gestión positiva de conflictos, colaboradora de Asociación Teatro de Conciencia.
En Sus ZapatosJueves, 2 de September de 2021
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Entrevistamos a Julia Olivares Polo, psicóloga, mediadora y actriz. El año pasado fue premiada con el Premio AMMI 2021 al Proyecto Fin de Curso de Mediación, que otorga la Asociación Madrileña de Mediadores por su proyecto “Arte y Mediación: un proyecto de formación en herramientas teatrales para personas mediadoras”

Es graduada en Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid (2018). Especializada en gestión de conflictos a través del Máster universitario en “Mediación, Negociación y Resolución de Conflictos” de la Universidad Carlos III de Madrid. Diplomada en “Arte Dramático” por la escuela Réplika Teatro (Madrid) (2015-2018).

– Eres psicóloga, mediadora y actriz. ¿En qué medida el arte puede ayudar a resolver los conflictos?

El ser humano tiene el potencial de abordar incertidumbres, luchas, incógnitas o malestares a través de un canal extra cotidiano como es la creación artística. 

Es frecuente encontrarnos en nuestra vida diaria con muchos conflictos no abordados, negados o evitados movidos por el malestar que nos provoca la idea de enfrentarnos a ellos. Sin embargo, nos pasamos la vida consumiendo y entregando nuestra atención a producciones (series, canciones, obras de teatro…) cuyos contenidos o evocaciones, de alguna forma están rozando y movilizando esos lugares de conflicto a los que a veces, en nuestra realidad, nos cuesta acercarnos. 

En un intento de acercamiento, hay muchas corrientes relacionadas con la psicología que aprovechan este mecanismo, utilizando herramientas artísticas para facilitar la comunicación entre personas, permitiéndonos explorar y revelar aspectos de nosotros/as mismos/as para los cuales, muchas veces, ni siquiera conocemos las palabras que los definen. 

– ¿Nos podrías indicar que es la mediación de los conflictos?

– La mediación es una forma de gestionar los conflictos. En ella las partes implicadas trabajan juntas, ayudadas por una tercera persona imparcial, en la búsqueda de un acuerdo. La persona mediadora se encarga de facilitar este encuentro, pero son las partes las que deciden la posible solución. Es una vía voluntaria, pacífica y flexible de afrontar desencuentros interpersonales. 

– ¿Cómo se te ocurrió la utilidad de las herramientas teatrales para la mediación?

– Al empezar a conocer el mundo de la mediación enseguida me fue surgiendo la idea de la propia sesión de mediación como hecho escénico, y la figura del mediador/a, como un papel a representar. Encarnar el personaje del mediador/a requiere de unas reglas, pautas y actitudes concretas que, aunque tienen (y deben tener) mucho de nosotros/as mismos/as, a su vez poseen un elemento extracotidiano que creo que es importante incorporar en nuestra práctica como mediadores/as. 

A esta imagen de mediación como hecho escénico se le unió la percepción del conflicto como elemento fundamental tanto en mediación como en teatro. Sin conflicto no existirían ninguna de ellas, pues en ambas disciplinas ocupan un papel fundamental. 

Además del sentido y placer que tenía la práctica teatral para mí, me permitió conocer muchas herramientas que creo que enriquecen la práctica profesional. 

– ¿Qué aporta la práctica teatral para la resolución del conflicto?

– La práctica teatral puede potenciar muchas de las cualidades que se esperan y a la vez empoderan a la persona mediadora, y que completan su formación y recursos. La comunicación (verbal y no verbal), la atención (“el aquí y ahora”), la relación con el cuerpo, la empatía, la creatividad… Una manera de contribuir a facilitar la gestión de conflictos por parte de la persona mediadora es a través de la calidad de su presencia. Esto se entrena de múltiples formas a través del teatro: trabajo de la expresión corporal, el control respiratorio, la voz articulada, la escucha, los silencios… Me parece importante mejorar nuestras capacidades de comunicación conociendo y utilizando a nuestro cuerpo como aliado fundamental en nuestro ejercicio profesional, y en esto el teatro tiene mucho que enseñarnos. 

A su vez, siempre resulta beneficioso enriquecernos del hecho grupal.

Una sesión de teatro para personas con una misma dedicación, en este caso la gestión de conflictos, es una oportunidad de aprendizaje y creación colectiva. Dentro de un lenguaje teatral, tomar al otro como fuente de inspiración, empatía y compasión es un modo de formación que nos permite desarrollar la creatividad como factor de crecimiento personal y profesional. 

– ¿Qué herramientas teatrales consideras más útiles?

– Las opciones son infinitas. Si tuviera que destacar alguna quizás me quedaría con la improvisación. Antes señalaba que el teatro puede ayudarnos a trabajar la atención en el aquí y ahora. Es importante que en sesión seamos conscientes de lo que está sucediendo. Para muchas personas supone una dificultad la práctica real de escuchar sin estar simultáneamente diseñando una respuesta o intervención. En mediación necesitamos estar cómodos/as con la incertidumbre del momento, dejándonos sorprender y estando abiertos/as a nuestra propia intuición y creatividad. 

En teatro se improvisa sin que la escena esté previamente escrita, lo que fomenta esta actitud de “no planear” necesaria para mediar, ya que al igual que la escena no está escrita, tampoco lo está el curso de la sesión. Esto requiere atención plena, pues las reacciones no vendrán de un trabajo racional individual, sino de la escucha real de lo que está sucediendo en directo. 

Para terminar, destacaría la importancia del trabajo de la empatía. El tratar de comprender y ponernos en el lugar de las personas con las que vamos a mediar, por muy alejadas que aparentemente estén de nuestros valores o formas de ser, es fundamental para garantizar la neutralidad. A través del teatro podemos entrenar esta capacidad, ya que en su práctica tenemos que constantemente encarnar o jugar roles y personajes que en muchas ocasiones se alejan mucho de nosotros/as. Uno de los elementos importantes en esta práctica consiste en no juzgar al personaje que estamos representando, nuestra misión como actores/actrices es defenderlo hasta el final. 

Considero que encarnar personajes diferentes genera en última instancia conocimiento sobre el ser humano, un conocimiento de carácter más sensible que racional, que tiene que ver con el sentirse en circunstancias con las que quizás no nos vayamos a encontrar nunca, y vivir y observar cómo reacciona nuestro cuerpo ante ellas, en el sentido más global posible del concepto “cuerpo”. Este conocimiento nos hace irremediablemente más empáticos/as. 

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En la Asociación Teatro de Conciencia contamos con la Escuela de Educación Emocional con Teatro de Conciencia. En septiembre comenzamos la segunda edición con el Curso de Educación Emocional con Teatro de Conciencia. Método “En Sus Zapatos”, en formato semipresencial, de 150 horas. Una formación del profesorado en educación emocional homologada con créditos del Ministerio de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España. El plazo de inscripción de este curso online en educación emocional está abierto. (Puedes solicitar información escribiendo a info@teatrodeconciencia.org).

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