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Te escribiré cuando llegue

En el curso 2019-20 el IES "Bovalar" se comprometió con la Red PLANEA (Arte y Escuela) a desarrollar un proyecto artístico de centro que incidiese en la transformación de la realidad a partir de propuestas educativas, su director, Toni Solano nos muestra los detalles.
Carmen IglesiasMiércoles, 15 de septiembre de 2021
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Toni Solano es catedrático de Lengua y Literatura. Profesor de Lengua y Literatura y Director del IES “Bovalar” de Castelló de la Plana, España. Tutor en red de cursos del INTEF-MECD, ha sido docente de Didáctica de la Lengua Castellana en la Universitat Jaume I, tutor de cursos de formación del profesorado, formador de opositores, escritor y divulgador. Podemos contar por decenas sus publicaciones en el ámbito de la investigación en la didáctica, y por añadir algo que no se pueda leer en Internet, uno de los perfiles más admirados y queridos del panorama de las redes sociales en la actualidad.

Por circunstancias diversas, siendo la pandemia la puntilla para todas ellas, el comienzo de esta colaboración tuvo que demorarse hasta el curso siguiente, con las restricciones que todos conocéis. Ni siquiera teníamos un nombre, solo un vago esbozo acerca de lo que queríamos abordar.

¿Y qué queríais abordar?

Teníamos claro que el proyecto debía seguir los pasos del Plan Lector Invisibles, que saca a la luz a las mujeres silenciadas a lo largo de la historia. Sin embargo, para no ser redundantes con otros proyectos que ya se habían ejecutado o estaban a medias, decidimos que se centrase en mujeres migrantes, especialmente en las menores que tienen que abandonar su mundo y enfrentarse al doble problema de la migración y el machismo.

¿Cómo diseñasteis el proyecto?

Las primeras reuniones del equipo motor (Antonio Solano, Director, Patricia García, Vicedirectora y Francesc Collado, Coordinador de etapa) con el artista elegido, Javier Molinero, se llevaron a cabo al empezar el curso 2020-2021. Buscamos un nivel en el que poder implicarnos desde diferentes departamentos, así que lanzamos al claustro una llamada de colaboración y empezamos contando con la disposición del profesorado de Geografía e Historia (Hernán Canós y Lidia Miralles), de Lengua Castellana (Anna Navarro y Toni Solano) y de Valores éticos (Neus Chillida -también puntualmente la profesora de Religión, Encarna Vidal-).

La situación de pandemia nos había dejado con un nivel, 3º. ESO, en semipresencialidad, lo que constituía otra “invisibilidad”, en este caso estructural y educativa. De este modo, Javier Molinero propuso un proyecto en el que el alumnado de los dos turnos de semipresencialidad, que iban a convivir todo el curso sin verse, tuviesen en el aula un punto de encuentro (un panel de trabajo) y un proyecto artístico común (un mar hecho de palabras escritas en unos paneles transparentes de metacrilato). Y tras varias sesiones de coordinación, nos pusimos en marcha casi en diciembre. Por suerte, en la asignatura de Lengua ya teníamos adelantada la lectura de En el mar hay cocodrilos, de Fabio Geda, una novela basada en el relato real de un joven que huye de Afganistán.

¿Cómo fue desarrollándose el proyecto a lo largo del curso?

En principio, el proyecto se definió de este modo: el alumnado iría trabajando el tema de las migraciones en el Mediterráneo (se admitían otras excepcionalmente) y construiría unos relatos protagonizados por menores que huyen de sus países para establecerse en otros con más garantías de supervivencia. Una vez fijadas las líneas generales del proyecto, había que establecer qué desarrollo curricular tenía dentro de cada asignatura.

En el área de Geografía se asignarían los países de origen y destino y tendrían que documentarse sobre ellos, así como trazar los itinerarios más verosímiles. Los productos intermedios serían las memorias y unos vídeos en los que se dramatiza un fragmento de ese viaje.

En el área de Lengua se aprovecharía esa memoria de documentación para elaborar los guiones de los relatos en primera persona, de los que partiría posteriormente la redacción de la versión definitiva; este trabajo se complementa con el análisis de noticias relacionadas con la inmigración. También se propuso la creación de una cuenta de instagram para que uno de los personajes mostrase fragmentos de su vida antes de huir del país de origen. Finalmente, se habían de elaborar entrevistas en las que uno de los migrantes, convertido en personaje de éxito, rememoraba su exilio.

En el área de los Valores éticos, se fueron proponiendo lecturas y debates sobre el fenómeno de las migraciones, sobre los menores extranjeros no acompañados, sobre la diferencia de ser migrante hombre y mujer, sobre la trata de mujeres… En estas horas también se iba dando forma al panel del fondo del aula, con recortes y reflexiones que pasaban de un turno a otro.

¿Todo el trabajo era en el aula?

En principio sí, aunque al estar en semipresencialidad recomendamos que trabajasen con documentos compartidos para poder coordinarse mejor y poder adelantar faena los días que no venían. También hicimos un salida al Paranímf de la Universitat Jaume I para asistir a una versión teatral moderna del Lazarillo de Tormes, muy apropiada para ilustrar las migraciones y las marginalidades.

Creo que también tuvisteis visitas externas ¿no?

Gracias a la mediación de PLANEA, pudimos gestionar la visita de las Bibliotecas Humanas de Valencia Acoge, una experiencia vital en la que migrantes reales contaban a nuestro alumnado sus vivencias reales en la huida de sus países, así como la compleja adaptación al país que los acoge y su incierta situación actual. Fue una actividad muy bien valorada por el alumnado, que pudo escuchar esas historias en pequeños grupos de 12/15 alumnos, historias de Ecuador, Argelia, Nepal…

Y el proyecto iba creciendo…

Efectivamente, al acabar el segundo trimestre, muchas de las tareas de clase estaban en marcha y solo faltaba empezar con los paneles de metacrilato que darían forma al mar de palabras. Entrábamos ya en la redacción de los relatos y su disposición en esos 90 metacrilatos. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que no teníamos nombre para el proyecto, algo que reforzaba ese anonimato de sus protagonistas. Teníamos muchas ideas, pero nos faltaba un auténtico bautizo marino, por lo que lanzamos una encuesta de la que salió el nombre definitivo: Te escribiré cuando llegue (T’escriuré quan arribe): las invisibilidades empezaban a dejar de serlo.

¿Y conseguisteis acabar a tiempo?

A lo largo del mes de mayo, nos coordinamos entre los diferentes docentes, los diferentes grupos y los diferentes turnos, en un auténtico desafío que complicaba aun más la semipresencialidad, para ir puliendo los relatos, haciéndolos encajar en las plantillas que había preparado Javier Molinero, y para ir calcándolos en los paneles de los cinco bastidores de cada una de las cinco aulas.

Esta labor requería mucha atención ya que los paneles tienen un orden preciso para dar forma al relieve del Mediterráneo. Al haber tantos docentes y alumnos implicados (unos 130) en unas fechas cercanas al final de curso, todo complicado con la semipresencialidad, la recta final del proyecto ha sido trepidante y los plazos se han cumplido casi en el último minuto. Por suerte, todo ha encajado y el proyecto se ha culminado con éxito.

¿Y cuál es la valoración final de todo ello?

Más allá del producto final, ese mar de palabras, ese mar de relatos tan ficticios como reales, más allá incluso de los distintos productos intermedios (vídeos, guiones, entrevistas, documentación, debates, mapas…), nos queda la satisfacción de haber contribuido en el desarrollo de competencias transversales, borrando los límites entre las asignaturas, y abordando temas de actualidad en los que se ha promovido el pensamiento crítico y la autonomía del alumnado. Si el objetivo de esta colaboración con PLANEA era transformar la Escuela desde el Arte, creo que lo hemos conseguido, al menos en la promoción de una conciencia solidaria y comprometida con los derechos humanos y las libertades del individuo.

¿Y este curso?

Seguimos implicados con PLANEA en nuevos proyectos que amplíen el horizonte que nos habíamos trazado: el respeto a la diversidad, el desarrollo de la competencia artística, la ciudadanía digital, la interculturalidad, la gobernanza… De momento, el plan lector ya tiene nombre: Ubuntu. Y tenemos una artista del mundo del teatro. Veremos dónde llegamos.

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