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Una visión ecosocial que se extienda a todas las materias

La Lomloe plantea el desarrollo sostenible como una cuestión para abordar de manera transversal. Es importante que no quede relegado a acciones puntuales en clase, sino que se integre en todas las asignaturas.
Adrián ArcosMartes, 21 de diciembre de 2021
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Según las Naciones Unidas “la Educación puede lograr que las personas cambien sus actitudes y conductas sobre el cambio climático”; sobre todo, anima a los jóvenes a pasar a la acción. De hecho, una encuesta realizada a 100.000 jóvenes de entre 16 y 25 años en diez países por la Universidad de Bath en Inglaterra, el 59% de los jóvenes afirma sentirse preocupado por la situación y más del 45% señala que esta preocupación afecta a su día a día.

Otro estudio elaborado por la Universidad de Stanford (EEUU) demuestra que las asignaturas relacionadas con el cuidado y la protección del medio ambiente, además de generar fuerte interés entre los jóvenes, benefician a los estudiantes de cualquier edad hasta el punto de que el 83% mejora su comportamiento ecológico después de haber recibido Educación en materia medioambiental. También los padres son conscientes de su importancia: la Encuesta sobre el clima 2021-22 que publica el Banco Europeo de Inversiones (BEI) indica que el 95% de españoles está a favor de reforzar la Educación y sensibilizar a los niños sobre el consumo sostenible.

Actualmente, los desarrollos curriculares de la nueva ley, la Lomloe, están en fase de tramitación final. Entre los temas introducidos con más fuerza destacan los concernientes a la sostenibilidad. ¿Ofrece la Lomloe el currículo necesario ante la crisis medioambiental?

Para responder a esta pregunta, el pasado 1 de diciembre, el auditorio de La Casa Encendida (Madrid) acogió un coloquio organizado por Fuhem en el que intervino Charo Morán, licenciada en Ciencias Biológicas, experta en ecología, Educación ambiental y formación ecosocial. Para ella, “la Lomloe supone un avance respecto a las leyes anteriores”, a pesar de que echa en falta que incluya una competencia ecosocial y una mirada crítica sobre algunos planteamientos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la Agenda 2030.

Entre los elementos que se echan en falta en la nueva ley (Lomloe) están el tema de los cuidados, el consumo crítico o cómo reducir la huella ecológica

También participó Miriam Leirós, presidenta de Teachers for Future, para quien “la Lomloe es una ley novedosa al abordar la sostenibilidad”, y fue desgranando algunos de esos aspectos que suponen una novedad frente a leyes previas. Ya en el preámbulo, destacó que hace constar “los tiempos a los que nos enfrentamos”; pasando por artículos concretos que recogen cuestiones como la empatía con el entorno social y natural, la justicia social, el consumo responsable y la Educación para el desarrollo sostenible, que se plantea como una cuestión para abordar de manera transversal, lo que supone un salto respecto a planteamientos previos.

También subrayó que la ley obliga a que en 2025 los docentes hayan recibido una formación específica en los contenidos de los ODS y la Agenda 2030, y el hecho de que la ley recoja la participación en actividades comunitarias, lo que da pie a que los proyectos de Aprendizaje y Servicio tengan una mayor repercusión en la comunidad y a que los centros logren ser comunidades de transformación del entorno.

Leirós cerró su intervención apuntando elementos que se echan en falta en la nueva ley, como el tema de los cuidados, el consumo crítico o cómo reducir la huella ecológica.

Experiencias en el aula

Sobre cómo se tiene que trabajar la sostenibilidad en las aulas, compartieron su experiencia Alejandra Bajo, profesora de Secundaria del CEM “Hipatia”, y Francesca Monno, alumna de ESO del Colegio “Montserrat” de Madrid. Bajo usó como ejemplo el tema de la alimentación y la salud, donde se abordan cuestiones como la soberanía alimentaria, las bases de la producción agroecológica y del sistema alimentario industrial o las consecuencias del despilfarro alimentario.

Explicó cómo estos temas se abordan de manera práctica, a partir de compartir un desayuno y examinar las etiquetas para conocer los nutrientes y los azúcares añadidos, analizar los productos en el laboratorio, rastrear el origen de los alimentos, valorar los envases generados, conocer las alternativas y trabajar en el “Aula Viva” del colegio, donde se experimenta el largo proceso del trabajo agrícola, desde preparar la siembra al fruto. Al final del proceso, en la evaluación, el alumnado tiene que proponer un menú justo, sostenible y saludable, no solo para su propia familia sino también para el planeta.

Por su parte, la alumna de 4º de ESO, Francesca Monno, explicó que escuchan muchas veces que tienen en sus manos la realidad de un mundo muy cambiante, y que por eso es tan importante identificar los cambios que son perjudiciales y beneficiosos, para combatir los primeros y apoyar los segundos. También defendió que estas cuestiones se hablen en clase, y no queden relegadas a acciones puntuales, sino que estén integradas en todas las asignaturas, aunque no sea igual de fácil en todas ellas. Entre los ejemplos que puso, aprender vocabulario relativo a la sostenibilidad en todos los idiomas extranjeros, estudiar los ecosistemas en Biología, organizar debates en valores, conocer la energía y los materiales renovables en Física.

La experiencia de la 'Marcha Reto' parte de conocer distintas causas solidarias y, de forma colectiva, elegir una; lograr que los 60 kilómetros que caminan los alumnos de 2º de ESO se traduzcan en fondos para la causa

Por último, Francesca contó la experiencia de la Marcha Reto, que el Colegio Montserrat lleva diez años impulsando. Esta actividad parte de conocer distintas causas solidarias y, de forma colectiva, elegir una; lograr que los 60 kilómetros que caminan los alumnos de 2º de ESO se traduzcan en fondos para la causa.

Y por último, vivir la experiencia, porque ese recorrido por la naturaleza y con los compañeros refuerza los vínculos entre las personas y el entorno, en un proceso que aporta una transformación real, una vivencia de hábitos saludables y ocio inteligente, voluntariado social y trabajo en equipo, en suma, una actividad de Educación ecosocial. 

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Comentarios
  1. Educación medioambiental: La semilla que plantamos hace 50 años, ¿empieza a florecer?
    30 de enero de 2022 11:43

    […] Según este artículo,  “el ‘Informe Juventud en España 2020’, elaborado por el INJUVE a jóvenes de entre 14 y 29 años, el 76% de los encuestados presenta mayor sensibilidad hacia políticas y actitudes medioambientalistas”. (Podéis encontrar más datos de otros países en este artículo de la revista Magisterio.) […]