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¿En qué momento se desvirtuó la mirada?

No paro de escuchar que a las nuevas generaciones no les interesa nada de lo que esté fuera de las sensibilidades de moda, pero ¿cómo vamos a pretender que sepan ver, si apenas nos hemos molestado en enseñarles a mirar?
Julia Martínez
Fotógrafa
16 de agosto de 2022
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“Dispara desde el estómago”
Lisette Model

Últimamente no deja de resonar en mi cabeza la célebre frase que la fotógrafa austriaca Lisette Model daba como consejo a sus alumnos (para los más profanos, pueden recordarla por ser la maestra de fotógrafos de gran talla tal como Diane Arbus): “dispara desde el estómago”. Muchos estaréis pensando, pero ¿a qué se refería con esa frase?; pues muy sencillo, a disparar con las entrañas, a aprender a mirar hasta lo que no nos gusta y hacerlo visible, a alejarte de tu zona de confort y ser algo más que un mero observador; si algo no te remueve, ¿cómo esperas que llegue a emocionar al resto?

En la época de mayor saturación visual, jamás había estado tan desvirtuada la mirada. Miro a diario, y cuanto más lo hago, ¿sabéis qué?, menos veo. Me gustaría haceros tres sencillas preguntas: ¿Tenéis un smartphone? ¿Cuánto tiempo pasáis al día mirando redes sociales? Y la tercera y más importante si tu respuesta ha sido afirmativa: ¿Cuánto tiempo hace que no veis? Soy una persona adulta y, en cierto modo, ya se supone que madura, y aún así me ha engullido a mí también esta fastfood visual: la inmediatez del engullir y vomitar.

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En la época de mayor saturación visual, jamás había estado tan desvirtuada la mirada. Miro a diario y, cuanto más lo hago, ¿sabéis qué? Menos veo.

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La FOTOGRAFÍA, tal y como la conocimos y amamos, estará muerta antes de lo que acaba un suspiro. No soy en absoluto un pájaro de mal agüero, simplemente me muestro en mi pensar de la forma más realista y objetiva que puedo. ¿Cómo se puede disparar desde el estómago si está anestesiado? ¿Cómo hacerlo bajo una pila de restricciones impuestas por el correctismo más anodino y castrador que existe?

La fotografía ya no es una arte para despertar o con el que deleitarse, ahora es una anécdota con la que entretenerse, con la que conseguir “existir” dentro del limbo virtual, o con la que coleccionar likes. Nada o poco importa si es real mientras no ofenda sensibilidades de papel, pero ¿quién decide dónde está el límite?

Esto, irremediablemente, me hizo pararme a pensar en las generaciones que no han conocido otras dinámicas. No paro de escuchar que a las nuevas generaciones no les interesa nada de lo que esté fuera de las sensibilidades de moda, pero ¿cómo vamos a pretender que sepan ver, si apenas nos hemos molestado en enseñarles a mirar?

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La fotografía ya no es una arte para despertar o con el que deleitarse, ahora es una anécdota con la que entretenerse

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La fotografía es capaz de capturar el tiempo, un instante intangible se transforma en algo matérico e inmortal. Pero para poder comprenderlo, hay que conocerlo. ¿Alguna vez te has tomado tu tiempo para deleitarte con la grandeza del trabajo de Nan Goldin, por ejemplo? Y, si lo has hecho, ¿te has molestado en conocer por qué miraba y veía de ese modo?

La mirada y forma en la que podemos ver es personal e intransferible. Empecemos a enseñar mirando, a enseñar que para entender lo que se ve no es suficiente con una imagen; enseñemos toda la historia, todos los porqués y vida que hay detrás. Esta es la única forma en la que la FOTOGRAFÍA continuará.

Y no olvidéis… “disparar desde el estómago”.

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