Cómo evitar que el regreso a clases aumente el estrés y la ansiedad en los estudiantes

El estrés y la ansiedad del regreso a clases es un fenómeno que afecta a estudiantes tanto jóvenes como adultos, pero los buenos hábitos pueden contribuir a que la experiencia sea enriquecedora tanto para el cuerpo como para el intelecto.
MagisterioMiércoles, 7 de enero de 2026
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El regreso a clases es uno de los temas primordiales una vez termina la Navidad. El estrés y la prisa por tener todo al día, se suma a la ansiedad que da retomar el curso escolar o un nuevo semestre universitario. Expectativas, exámenes, trabajos, pueden generar una presión que obliga a hacer un ajuste emocional importante después del descanso.

Pero las semanas previas al inicio de las clases son clave para fortalecer la confianza, regular el estrés y evitar que la ansiedad afecte la salud, que a veces se puede manifestar hasta físicamente. ¿Cómo se logra? Estableciendo algunos hábitos, según recomienda la Dra. Belén Catalán Gregori, coordinadora del Máster en Psicopedagogía de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de Educación superior Planeta Formación y Universidades.

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que no todos enfrentan la actividad académica igual. Según explica la experta, en estudiantes más jóvenes, el desempeño escolar suele asociarse a cómo los perciben sus docentes y familias, mientras que en la adolescencia entran en juego la comparación social y la autopercepción.

Los adultos, por su lado, enfrentan su propio nivel de exigencia bajo la necesidad de equilibrar el estudio con el trabajo y sus responsabilidades familiares, lo que añade un nivel adicional de presión que, sin una gestión adecuada, puede traducirse en agotamiento emocional temprano.

«Es importante remarcar que independientemente de la edad, la activación fisiológica que acompaña al estrés, como el aumento del ritmo cardíaco, la tensión muscular o la sensación de “mente en blanco”, puede interferir con la memoria y la concentración», detalla la Dra. Belén Catalán. «Reconocer que estas reacciones son naturales y temporales ayuda a normalizar la experiencia y reducir la ansiedad».

Existen hábitos saludables que se pueden adoptar en el regreso al aula, como el descanso, la alimentación y la organización del tiempo, que son determinantes para que el estudio no se convierta en un detonante de ansiedad.

«Es necesario llevar una buena higiene del sueño con rutinas que permitan acostumbrar el cuerpo a los momentos de descanso», recomienda la experta de VIU. «Dormir lo suficiente no solo disminuye directamente el estrés, sino que también favorece la consolidación de la memoria y la concentración, además de aumentar los picos de atención a lo largo del día, lo cual mejora la asimilación de conocimiento».

La alimentación, por su parte, es igual de relevante para el rendimiento. Una dieta desequilibrada o insuficiente afecta funciones como la atención sostenida, la memoria de trabajo y la claridad mental necesarias para aprender con efectividad desde las primeras semanas del curso.

«Aunque se llegue a un descanso adecuado, si no existe una ingesta suficiente de micronutrientes, funciones como la atención sostenida, la concentración o la memoria de trabajo no se dan con efectividad», agrega.

Organizar el tiempo desde el inicio del curso también marca una diferencia importante. Para la especialista, distribuir el estudio en sesiones equilibradas y alternarlas con pausas activas ayuda al cerebro a retener mejor la información y evita la saturación mental que suele disparar la ansiedad.

El regreso a clases puede ser una oportunidad para reforzar hábitos saludables, construir autoconfianza y crear un ritmo de estudio sostenible. Mantener rutinas estables, dormir bien, comer adecuadamente y planificar el tiempo no solo mejora el rendimiento, sino que reduce el impacto emocional de esta transición.

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