La atención a la diversidad desde la cercanía

En el entorno rural, la atención a la diversidad se aborda desde una perspectiva global y coordinada. Las necesidades educativas son tan diversas como en cualquier otro centro, pero la forma de afrontarlas marca la diferencia. La coordinación entre profesionales y la implicación de las familias se convierten en pilares fundamentales del proceso educativo.
BenHur Valdés LlamaViernes, 30 de enero de 2026
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En el entorno rural, el contacto diario con la naturaleza, los caminos, el bosque, el huerto escolar o las tradiciones del pueblo se transforman en recursos educativos de primer orden.

En el sur de Cantabria, el CEIP Casimiro Sainz de Matamorosa representa la esencia de la escuela rural cántabra: cercanía, flexibilidad y un profundo compromiso con el alumnado. En este contexto, la figura de la maestra especialista en Pedagogía Terapéutica (PT) cobra un valor fundamental para garantizar una atención educativa inclusiva y personalizada.

Cristina Pérez Saiz, PT del centro, conoce bien esta realidad. Su experiencia profesional, unida a su mirada como madre, le ha permitido desarrollar una sensibilidad especial hacia el acompañamiento educativo de los niños y niñas y de sus familias. “Muchas veces trabajamos con pocos medios materiales y humanos, pero lo compensamos con tiempo, escucha y relaciones cercanas”, explica.

Una identidad propia: la fuerza de lo rural

La escuela rural no es una versión reducida de la urbana, sino un modelo con identidad propia. Así lo describe Cristina, quien destaca la convivencia intergeneracional, los grupos reducidos y el conocimiento profundo de cada alumno como señas de identidad. “Es una escuela donde todos se conocen y donde cada niño y niña importa de verdad”, afirma.

En este entorno, la atención a la diversidad se aborda desde una perspectiva global y coordinada. Las necesidades educativas son tan diversas como en cualquier otro centro —dificultades de aprendizaje, necesidades educativas especiales, desfase curricular o necesidades emocionales—, pero la forma de afrontarlas marca la diferencia. La coordinación entre profesionales y la implicación de las familias se convierten en pilares fundamentales del proceso educativo.

El entorno como recurso pedagógico

Uno de los grandes aliados del trabajo de la PT en el centro es el propio entorno rural. El contacto diario con la naturaleza, los caminos, el bosque, el huerto escolar o las tradiciones del pueblo se transforman en recursos educativos de primer orden. “Aprender haciendo, tocando y experimentando cobra aquí todo el sentido, especialmente para el alumnado con necesidades educativas”, señala Cristina.

Este enfoque vivencial y manipulativo favorece no solo los aprendizajes académicos, sino también el bienestar emocional del alumnado. La calma del entorno y el sentimiento de pertenencia a la comunidad contribuyen a crear un clima de seguridad y confianza, aunque la docente advierte de un reto creciente: la influencia cada vez mayor de las pantallas en la vida de los niños y niñas.

Grupos pequeños, respuestas ajustadas

Las aulas multinivel y los grupos reducidos permiten una intervención altamente personalizada. La PT puede adaptar objetivos, ritmos y materiales casi de forma inmediata, ajustándose a las necesidades reales de cada alumno. “En la escuela rural siento que puedo intervenir de una manera más cercana y flexible”, explica la docente, quien cuenta también con experiencia previa en centros urbanos.

No obstante, reconoce que el medio rural presenta desafíos importantes, especialmente en lo relativo a recursos especializados y servicios externos. Aun así, la implicación del profesorado y el trabajo en red con la comunidad educativa compensan en gran medida estas carencias.

Familia y escuela: un trabajo compartido

La relación estrecha con las familias es otro de los grandes valores del colegio rural. La comunicación directa y cotidiana facilita el acompañamiento educativo y la construcción de estrategias comunes. “Cuando familia y escuela van de la mano, el niño o niña está mucho más seguro”, subraya la PT.

Mirar lo rural con otros ojos

Cristina reclama una mayor sensibilidad del sistema educativo hacia la realidad rural. Ratios, burocracia, recursos o tiempos siguen pensándose desde una lógica urbana que no siempre encaja con las necesidades y fortalezas de estos centros. Entre las mejoras necesarias, señala el refuerzo de los equipos de apoyo, una mayor estabilidad de las plantillas y el reconocimiento del valor del trabajo comunitario.

Dar visibilidad a la labor de profesionales como esta profesional es, en definitiva, una forma de poner en valor la escuela rural como espacio de inclusión, cuidado y aprendizaje significativo. Una escuela pequeña en tamaño, pero enorme en compromiso educativo.

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