La metacognición en las altas capacidades

Omar Jerez
Artista
30 de enero de 2026
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Si tuviera que destacar una característica por encima de las demás en los individuos con altas capacidades intelectuales, sin ningún género de dudas sería la metacognición. Se ha hablado y estudiado con conciencia durante varias décadas que las personas con altas capacidades son observadoras por naturaleza de todo lo que acontece en el exterior, algo que es cierto y que, a estas alturas, resulta prácticamente incuestionable. Pero, por encima del análisis formal y conocido de lo que sucede en términos de comunicación externa, en las altas capacidades prevale la metacognición como ejercicio de introspección. Por lo tanto, estamos abordando que pensar sobre lo que se está pensando lleva a construir un relato que permita sacar conclusiones propias.

Sabemos, según nos han dicho los neurocientíficos, que la metacognición es pensar sobre lo que se está pensando, por lo que estamos hablando de una forma de comunicarse críptica para los demás, que se interioriza por procesos cerebrales del presente. Pero con el tiempo, si ese pensamiento se exterioriza con un resultado productivo, donde compartir se hace indispensable, se pueden llevar ideas para el conjunto de la comunidad. Son varias las ocasiones en las que se dice que las personas con altas capacidades viven en la babia, al no estar conectadas con lo que ocurre a su alrededor, lo que supone, como se ha visto en diferentes ocasiones, un hándicap social, académico y laboral en las relaciones humanas. Es curioso que la metacognición sea parte estructural de las altas capacidades, ya que nuestra especie aprende por imitación, observación y prueba y error. Esto me lleva a plantearme que este proceso en las altas capacidades se da en tiempos mínimos, lo que les supone, digamos, menos esfuerzo, y a partir de ahí se ponen a pensar en lo que están pensando.

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