¿Vuelve la EGB a la Comunidad de Madrid?: “Antes la palabra del profesor no se cuestionaba”

La incorporación de 1º y 2º de la ESO a colegios públicos de Infantil y Primaria acerca el sistema madrileño al modelo de la EGB y reabre el debate sobre la edad y el momento adecuados para el salto al instituto.
Alba BartoloméMiércoles, 14 de enero de 2026
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Ángel Arquero, profesor de Matemáticas del colegio Divina Pastora de Madrid.

Aún recuerdo con exactitud el día que empecé 1º de Educación Secundaria. Mi hermana llevaba todo el verano hablándome de los cambios que viviría en la ESO; nuevos horarios, profesores, compañeros, muchos más deberes y exámenes pero, sobre todo, nuevo patio. Era el momento de abandonar el conocido como “patio de los pequeños” para pasar al “patio de los grandes” y empezar a convivir con “los mayores”.

Puede que te hayas sentido identificado con este relato o que, por el contrario, tu paso del colegio al instituto coincidiera con un cambio de centro o ciudad, con empezar a coger solo el autobús o con asumir por primera vez una mayor autonomía. Sea cual fuera tu experiencia, lo cierto es que el paso del colegio al instituto —que hoy tiene lugar entre los 11 y los 12 años— es un momento crucial en la trayectoria educativa y vital de cualquier estudiante.

Precisamente por el impacto que tiene esta transición en una etapa de pleno desarrollo personal son cada vez más las voces que cuestionan si se realiza en el momento y en las condiciones más adecuadas.

Algunos expertos defienden lo positivo de unificar toda la educación obligatoria —de los seis a los 16 años— en un mismo centro. De hecho, desde la Comunidad de Madrid ya se ha empezado a incorporar este curso, 2025-2026, los dos primeros cursos de la ESO en los colegios públicos de Infantil y Primaria. Una medida con la que se ha ampliado el número de los Centros de Educación Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria (conocidos como ‘Ceipso’), recurrentes en las zonas rurales para combatir el desarraigo del alumnado.

Esta decisión acerca ligeramente el sistema actual al de la antigua Educación General Básica (EGB), en la que los estudiantes permanecían en el mismo centro hasta los 14 años y reabre el debate:¿Qué modelo educativo funciona mejor? ¿Son las diferencias entre la EGB y la ESO tan profundas como parecen?

«La profesión sigue siendo vocacional, pero el contexto es muy distinto»

Ángel Arquero Pozo lleva 35 años siendo profesor. Comenzó su carrera en la EGB, impartiendo Matemáticas y Ciencias Naturales en 6º, 7º y 8º curso y hoy sigue ejerciendo la profesión en el colegio Divina Pastora, un centro concertado de la Comunidad de Madrid.

«Desde muy pequeño quise ser maestro. Daba clases particulares para pagarme la universidad», cuenta Ángel. Para él, la enseñanza siempre ha sido una profesión vocacional, algo que, asegura, no ha cambiado con el tiempo. Lo que sí ha cambiado profundamente es el contexto en el que se desarrolla.

Si tuviera que describir un aula de EGB a un alumno actual, Ángel cree que lo que más le sorprendería sería el clima de autoridad y confianza que rodeaba al profesor. “Las familias apoyaban al docente y hoy, en muchos casos, lo cuestionan. Antes, la palabra del profesor no se ponía en duda; ahora se discute todo”, explica.

De la autoridad al acompañamiento

En las últimas décadas, el rol del docente ha evolucionado de forma notoria. De una figura centrada en la transmisión de contenidos y la disciplina, se ha pasado a un modelo que pone el acento en el acompañamiento emocional, la motivación y la atención a la diversidad. Un cambio que, para muchos profesores veteranos, como Ángel, ha sido tan necesario como exigente.

“Hoy se nos pide que enseñemos, motivemos, gestionemos conflictos, atendamos cuestiones emocionales y, además, cumplamos con una enorme carga burocrática”, señala el docente, que menciona la cantidad de tiempo que dedica el profesorado a los protocolos contra el acoso escolar, el seguimiento individualizado, los informes, etc. “Eso resta horas para estar con los alumnos”, lamenta.

La tecnología ha sido otro de los grandes cambios en la Educación en los últimos años. “En Primaria, la tecnología es un error, ya que evita que los alumnos se concentren y tiene mucho que ver  con que lean menos”.

¿Saben los alumnos cómo convivir con la frustración?

En cuanto a las grandes diferencias de los adolescentes de hoy de los de hace 30 o 40 años, la diferencia está en la capacidad de esfuerzo y la gestión de la frustración. Vivimos en una sociedad acelerada, donde cuesta aceptar el error.

Un problema que es necesario trabajar desde el centro, sí, pero, sobre todo, desde casa, ya que “el profesor enseña, pero no educa”. “Normas, respeto, valores… eso debe venir de las familias y reforzarse desde la cercanía y el cariño en el aula”.

Este cariño y cercanía mencionados por Ángel son clave en una etapa escolar donde existe un aumento notable de la repetición de curso, que pasa de ser un 1,1% en Primaria a un 7% en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), según los datos recogidos en la última estadística del Ministerio de Educación sobre el curso 2022-2023.

Cuatro décadas de reformas educativas

Para comprender el presente, conviene repasar cómo ha evolucionado el sistema educativo español desde los años setenta.

En 1970, fue aprobada la Ley General de Educación, que universalizó la enseñanza obligatoria hasta los 14 años e instauró la EGB, seguida del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) o la Formación Profesional. Con la llegada de los años 80, llegó también la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE), que reguló los conciertos educativos e introdujo órganos de participación como los consejos escolares. A comienzos de los noventa, la LOGSE amplió la educación obligatoria hasta los 16 años y reorganizó las etapas educativas, creando la ESO tal y como hoy se conoce.

A partir de entonces, el sistema ha vivido una sucesión de reformas: la LOCE (2002), que apenas llegó a aplicarse; la LOE (2006), que consolidó el marco anterior; la LOMCE (2013), que introdujo evaluaciones externas y cambios curriculares; y la LOMLOE (2020), actualmente en vigor, que ha vuelto a modificar aspectos clave como la promoción, la evaluación o el currículo.

Más allá de sus diferencias, todas estas leyes comparten un rasgo: “la falta de estabilidad, que ha traído tanto a alumnos como a docentes desgaste y desmotivación”.

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