5. Cuando el dolor entra en clase: claves educativas ante el suicidio y la autolesión
Hay bloques que se leen con la respiración contenida. El quinto apartado del Vademécum de salud mental y bienestar emocional en la escuela es uno de ellos. Bajo el epígrafe Suicidio, autolesiones y duelo, la obra dirigida por el Dr. Javier Urra afronta, sin rodeos pero con rigor y humanidad, uno de los mayores desafíos que puede atravesar un centro educativo.
La salud mental infanto-juvenil se ha convertido en una prioridad social. Las cifras de ideación autolítica, autolesiones e intentos de suicidio en adolescentes obligan a mirar de frente una realidad que durante demasiado tiempo fue silenciada. En este bloque, el Vademécum no dramatiza ni banaliza. Ofrece herramientas concretas para detectar, actuar y acompañar.
La primera gran cuestión del bloque aborda una de las situaciones más angustiosas para cualquier docente: cuando un alumno verbaliza ideas autolíticas o de suicidio. La obra insiste en una idea clave: toda manifestación debe tomarse en serio. No se trata de interpretar si es una llamada de atención o un gesto pasajero, sino de activar una escucha profesional y una respuesta coordinada.
El profesorado aprende a identificar señales verbales y no verbales: comentarios de desesperanza, cambios bruscos de conducta, aislamiento, despedidas inusuales o preparativos que pueden indicar riesgo. El Vademécum subraya la importancia de preguntar de manera directa y sin miedo, desmontando el mito de que hablar de suicidio incita a cometerlo. Al contrario, la conversación abierta puede convertirse en un factor protector.
El protocolo es claro: escuchar con calma, no juzgar, no minimizar, no prometer confidencialidad absoluta y activar la red de apoyo del centro. Orientación, equipo directivo, familia y, si procede, servicios sanitarios deben coordinarse. El docente no es terapeuta, pero sí puede ser el primer eslabón de una cadena de protección.
Otra de las preguntas aborda el impacto del suicidio consumado de un alumno o de un trabajador del centro. La escuela, que es espacio de aprendizaje y convivencia, se convierte de pronto en escenario de conmoción.
El Vademécum insiste en la necesidad de actuar con rapidez y serenidad. Informar con veracidad, evitar rumores, no glorificar el acto ni ofrecer detalles sobre el método utilizado, y crear espacios de escucha para el alumnado son medidas esenciales. El silencio absoluto o la ocultación pueden generar fantasías dañinas o sentimientos de culpa en los compañeros.
Especial atención merecen los alumnos vulnerables o aquellos con antecedentes de malestar psicológico. Tras un suicidio, el riesgo de efecto contagio obliga a una vigilancia emocional activa. El centro debe reforzar la tutoría, ofrecer apoyo individual y, si es necesario, contar con profesionales externos especializados en intervención en crisis.
El bloque también responde a otra cuestión esencial: cómo recibir a un alumno que ha perdido a un ser querido por suicidio. La obra recuerda que el duelo por esta causa suele estar atravesado por la culpa, la vergüenza y el estigma social. El regreso al aula puede convertirse en un momento especialmente delicado.
La clave es la acogida respetuosa y sin presión. No forzar conversaciones públicas, no exponer al menor, pero sí ofrecer disponibilidad y cercanía. La comunidad educativa debe prepararse para sostener silencios, lágrimas o reacciones inesperadas. La comprensión del proceso de duelo en la adolescencia se convierte aquí en herramienta pedagógica.
Otra pregunta amplía el foco hacia los padres que han perdido a un hijo por suicidio. El Vademécum plantea que el centro no puede desaparecer tras el impacto inicial. La relación con la familia requiere sensibilidad extrema. Escuchar, responder con respeto a sus preguntas y, cuando sea posible, mantener algún gesto de memoria colectiva del alumno fallecido forman parte de una reparación simbólica que ayuda a transitar el dolor.
El interrogante sobre cómo abordar la pérdida de un ser querido en la adolescencia también tiene respuesta en el bloque. Esta etapa es ya de por sí una etapa de transformación, y el duelo puede alterar profundamente su equilibrio. El texto explica las manifestaciones habituales: tristeza, irritabilidad, ansiedad, somatizaciones, conductas de riesgo o aislamiento.
El profesorado aprende a distinguir entre un duelo adaptativo y señales de complicación. Mantener rutinas, evitar cambios bruscos añadidos y ofrecer espacios de expresión emocional son estrategias que el libro desarrolla con claridad. El mensaje es contundente: el duelo necesita tiempo, pero también acompañamiento consciente.
Por último, entre las preguntas clave surge cómo actuar cuando el grupo se enfrenta al suicidio de uno de sus miembros. La respuesta pasa por la prevención secundaria y el cuidado colectivo. No se trata de convertir el aula en un memorial permanente ni de fingir normalidad inmediata. Se trata de integrar la pérdida con honestidad y prudencia.
El Vademécum propone intervenciones grupales guiadas, validación de emociones como la rabia o la culpa, y seguimiento en el tiempo. El duelo no se resuelve en una sesión. La escuela debe permanecer atenta a las semanas y meses posteriores, cuando la intensidad inicial ha disminuido pero el impacto puede seguir latente.
Este quinto bloque confirma la vocación práctica del Vademécum. No ofrece recetas mágicas ni elimina la dureza de las situaciones que describe. Ofrece, sin embargo, algo imprescindible: criterios, protocolos y un marco ético desde el que actuar.
En tiempos en los que la salud mental se ha convertido en una urgencia social, la escuela necesita herramientas para no caminar a ciegas. Este apartado recuerda que educar también es sostener, proteger y acompañar en el dolor más extremo.
Como novedad relevante, cabe destacar que Siena Educación ha puesto en marcha un consultorio psicológico gratuito dirigido a docentes y familias, avalado por el Consejo General de la Psicología. Este servicio permite resolver dudas y buscar orientación sobre problemas emocionales en el entorno escolar, poniendo a disposición de la comunidad educativa un recurso profesional y confidencial. Toda la información y acceso al consultorio está disponible en el siguiente enlace.
La próxima semana publicaremos la sexta entrega de esta serie de reportajes, dedicada al apartado sobre acoso, violencia y malos tratos, un bloque que continúa profundizando en los retos más complejos que atraviesan hoy nuestras aulas.
