¿Adelantarías de curso a un niño con altas capacidades?
En este apartado no hay consenso entre los superdotados intelectuales, los expertos en la materia, y tampoco existe una estadística científica sobre la cuestión que se incline hacia un lado o hacia otro. Pero esto hay que analizarlo por partes. Pongamos como ejemplo a un niño con altas capacidades que está en clase y se encuentra aburrido y desmotivado, ya que asimila con suma facilidad lo que le están explicando. Por lo tanto, el menor empezará a dispersarse y buscará otros puntos de conexión con su propia mente, ya que lo que está presenciando día a día no le interesa lo más mínimo. ¿Qué se hace en estos casos? ¿Adelantamos al menor un curso o los que sean acordes a sus capacidades? ¿O, por el contrario, dejamos que permanezca con niños que sigan el curso correspondiente a su edad? No es una respuesta sencilla, ya que cada caso debe evaluarse de manera aislada, porque la experiencia de uno, a pesar de tener la condición de altas capacidades, no tiene por qué ser igual a la de otros menores en este tipo de situaciones.
Recientemente, unos padres con un hijo con altas capacidades se pusieron en contacto conmigo para que les diera mi opinión personal sobre si yo adelantaría de curso a un niño con esta condición. Lo que les dije es que a quien hay que preguntar primero es al menor y observar en qué condiciones se encuentra. La charla con el menor se hace indispensable, ya que en estas situaciones, tomar una decisión por él puede tener consecuencias en las que la posible solución se convierte en un problema sin retorno. Por otro lado, hay que trabajar con el consejo escolar y ver si ese menor encajaría en un curso superior sin padecer acoso debido a la situación tan anómala para los estándares educativos en estas circunstancias. Además, me asesoraría con un psicólogo clínico para que hablara con el menor y pasara los informes del consejo escolar, y a partir de esos patrones, ver si ese adelanto de curso realmente representa una mejora para el menor o se puede convertir en un hecho traumático que haga que todo el potencial que tiene se vea fagocitado por esta decisión.
Es un tema sumamente complejo, donde en estos casos no existen verdades absolutas. El menor merece la mejor de las decisiones, sin precipitarse, y hacerlo desde la serenidad y con los datos sobre la mesa para que, tanto si se queda en el mismo curso como si lo adelantan, sea algo positivo en su presente con proyección de un futuro prometedor.

