Claro de sol en el largo invierno

María Pardo SolanoLunes, 9 de febrero de 2026
0

© Cup of Couple / Pexels

Hace años, una de mis tías, que es artista, reconoció sentirse incapaz de terminar un cuadro «porque estoy pasando una crisis». No lo entendí, pues a mis ojos era la mejor pintora del mundo. Es decir, creí que solo tenía que pensar un poco más para rematar su obra.

Hoy, después de tanto tiempo, he logrado entenderla, pues estoy cruzando mi primera crisis creativa. Si hace un año estaba segura de que no podía pasar un día sin escribir, hace meses que no soy capaz de esbozar un artículo, un relato o una poesía.

Rara vez se me ocurre una idea sobre la que trabajar. Si la encuentro, no consigo dar con las palabras justas para desarrollarla. ¡Qué impotencia! Es una sensación similar a la que experimento en mis pesadillas cuando quiero echar a correr, pero mis piernas no responden. Antes, encontrarme ante un papel en blanco me suponía un reto maravilloso; ahora, me paraliza.  

Saberme incapaz de hacer aquello que disfruto, me incomoda como el zumbido a medianoche de una mosca alrededor de mi rostro: primero es incómodo, insoportable después. Pero también me consuela, pues manifiesta que el fuego de la escritura sigue ardiendo dentro de mí. El corazón borbotea por volcarse en el papel, manteniéndome despierta, atenta, viva, aún cuando el área del cerebro responsable de la creatividad parezca haberse quedado dormida. No importa demasiado, porque sé que despertará.

Algunas personas me han preguntado por mis escritos, pues los extrañan. Eso mismo me pregunto yo, les digo. Quisiera saber dónde está el muro que me bloquea el paso, para derribarlo y liberar a las palabras que no logran salir de mi bolígrafo. He vivido un año de muchos cambios: he terminado la universidad, he entrado en el mundo laboral, me he independizado, me he mudado a la ciudad de mis sueños y he empezado a salir con un chico maravilloso. Cambios que son una fuente riquísima de inspiración para una mente observadora y creativa, pero que, sin embargo, han tenido en mí el efecto contrario.

Tal vez esté sobresaturada por tanta novedad, o quizá esta inseguridad la haya provocado alguna circunstancia que no soy capaz de distinguir, o puede que escriba menos porque, sencillamente, no dispongo del tiempo necesario. Sea cual sea el motivo,  es hora de hacer las paces con la hoja en blanco. Y parece que mi vieja amiga está dispuesta a colaborar: ¡acabo de terminar el séptimo párrafo de este artículo, y la hoja aún no me ha mordido!

Ojalá este artículo sea la línea de salida de un nuevo paseo literario, aunque también acepto que pueda ser un espejismo y yo tenga que sufrir unos meses más de sequía antes de que las ideas vuelvan a circular por mis venas. Ante ambas posibilidades, poner punto final a esta composición es un claro de sol en el largo invierno.

María Pardo Solano, ganadora de la XIV Edición de www.excelencialiteraria.com

0
Comentarios