Javier Urra, el humor y la simpatía: “Alguien que no se ríe dice poco de la persona y mucho de su inseguridad”
Urra recuerda que el humor exige sensibilidad y criterio. Bien empleado, rompe climas tensos y facilita la comunicación; mal utilizado, puede generar rechazo o respuestas defensivas. Por ello, «el sentido del humor requiere inteligencia, creatividad y una buena lectura del otro». No todos los contextos ni todas las culturas comparten las mismas claves humorísticas, y saber cuándo y cómo usarlo es parte de la madurez emocional.
En el ámbito educativo, el humor adquiere un valor añadido. Un buen docente que introduce pequeñas dosis de humor logra clases más vivas, emocionales y memorables. El humor no trivializa el aprendizaje, lo humaniza. Ayuda a captar la atención, a generar confianza y a facilitar procesos complejos.
Junto al humor aparece la simpatía, una cualidad distinta pero complementaria. Ser simpático no implica contar chistes, sino facilitar la vida a los demás: saludar, escuchar, responder con buen tono, mostrar respeto. La simpatía, señala Urra, no entiende de fronteras y actúa como una poderosa carta de presentación en cualquier contexto social o profesional.
Frente a ella se sitúa la antipática cotidianeidad de la queja constante, el mal gesto o el trato brusco, actitudes que deterioran la convivencia. Las personas simpáticas, aun con dificultades y problemas, generan a su alrededor relaciones más amables y colaborativas.
Urra subraya un elemento clave: la capacidad de reírse de uno mismo. Quien no lo hace corre el riesgo de encerrarse, perder humildad y generar conflictos. En su experiencia profesional, al frente de equipos terapéuticos y educativos que trabajan con realidades muy complejas; el humor, usado con mesura y respeto, produce efectos terapéuticos y relacionales extraordinarios.
El mensaje final es claro: el humor y la simpatía permiten vivir la vida con más colores, caer mejor a los demás y, sobre todo, hacer más felices a quienes nos rodean. En educación, como en la vida, no se trata de aparentar seriedad, sino de ser auténticos, humanos y capaces de sonreír, incluso, y especialmente, en los momentos más difíciles.