La educación se esconde en todas partes. También en el fútbol
Este miércoles se jugó en el estadio Santiago Bernabéu el partido de vuelta de los play-offs de la Champions League entre Real Madrid y Benfica. El encuentro en sí fue soporífero y solo nos deja a los madridistas la alegría por el pase a la siguiente ronda de la competición y el buen estado de forma de Vinicius Jr. Sin embargo, el ambiente venía cargado con una dosis extra de tensión desde lo sucedido en el partido de ida.
El 17 de febrero, en el Estádio da Luz, hogar del Benfica, el mundo del fútbol se paró por un instante cuando el madridista Vinicius Jr. corrió a pedirle al árbitro que activara el protocolo antirracismo. Según él (y su compañero Mbappe, al que pocas veces se ha visto tan furioso), el joven argentino Gianluca Prestianni, jugador del equipo portugués, le había dicho, en varias ocasiones, “mono”.
Si bien nunca sabremos si esa fue la palabra que Prestianni soltó, ¿a qué estaba jugando?
La educación se esconde en todas partes, también en el fútbol. Sin ánimo de exagerar, hay personas con dificultad para recordar los nombres y la ubicación de ciertos lugares a los que saber de dónde es un equipo, dónde se localiza su estadio, les ayuda a poner ciertas ciudades sobre el mapa.
Se me viene a la cabeza rápidamente la Eurocopa de Austria y Suiza, y cómo muchas personas que antes confundían Suiza con Suecia hoy rememoran esa competición y son capaces de ubicar correctamente ambos países en un mapa. Igual que muchos aficionados que conocen la existencia de algunos países por ver a sus selecciones en el Mundial. U otros que saben que Liverpool es una ciudad de Inglaterra (y no un barrio de Londres, como he oído en alguna ocasión) por las veces que han visto a los ‘reds’ jugando en el mítico estadio de Anfield o han oído hablar de este equipo.
Pero la conexión entre fútbol y educación va mucho más allá, y es lo más preocupante del asunto. El fútbol es, le pese a quien le pese, el deporte rey. No solo es seguido por millones de adultos. Millones de niños de todas las edades vibran al ver a sus equipos cada semana, y se emocionan cuando tienen la oportunidad de sentirles un poco más cerca, en el estadio.
A esos pequeños, ¿qué les enseñan actitudes como las de todos esos aficionados que les gritan “mono de mierda” (o peor) a los jugadores? Y, ¿cómo podemos esperar que estos aficionados dejen de comportarse así cuando estas actitudes racistas vienen (presuntamente) de los propios jugadores?
¿Cómo decirle a un niño de 10 años, cuyo referente es Gianluca Prestianni, que todas las personas somos igual de válidas, independientemente de nuestro color de piel, si su ídolo (presuntamente) insulta a otro jugador por su color de piel durante un partido?
La educación se esconde en todas partes, también en el fútbol. Este deporte no son solo 90 minutos (más los descuentos) y 22 deportistas corriendo en un terreno de juego por ver quién mete más goles. El fútbol es compañerismo, es deportividad, es saber perder… y ganar. Es sacrificio, es esfuerzo, es constancia. Es emoción, tanto cuando el partido se pone a favor como cuando toca jugar con más energía para remontar. El fútbol es una escuela de valores… una de las más potentes de nuestros días.
Por todo ello, considero que Gianluca Prestianni, quien opino que sí profirió un comentario racista contra Vinicius Jr., más allá de ser suspendido para el partido de ayer, no debería volver a jugar al fútbol profesional. Al menos, durante un periodo de tiempo significativo. Y que las sanciones a los aficionados racistas deben ser ejemplares, como no permitirles volver a pisar un estadio.
Si realmente se desea acabar con una lacra tan grande como la del racismo en el fútbol, las medidas deben ser extraordinarias. Si realmente queremos disfrutar de un espectáculo tan bonito y emocionante como puede llegar a ser este deporte, y queremos que este siga ayudando a educar e inculcar valores a las nuevas generaciones, no basta con interrumpir un partido durante 10 minutos o publicar spots publicitarios en los que personalidades destacadas de la pelota dicen “no al racismo”.
La educación se esconde en todas partes, también en el fútbol. Actuemos en consecuencia frente al racismo para lograr una sociedad más tolerante, también en los terrenos de juego.
