La salud mental en la escuela empieza por la mirada del docente

El segundo capítulo del Vademécum de salud mental y bienestar emocional en la escuela profundiza en el papel del profesorado, los orientadores y los psicólogos como red de detección, acompañamiento y prevención en los centros educativos.
José Mª de MoyaLunes, 2 de febrero de 2026
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El segundo capítulo del Vademécum de la Salud mental y bienestar emocional en la escuela, titulado El papel del profesorado, orientadores y psicólogos, parte de una premisa clara: el docente no es clínico, pero sí una figura decisiva en la prevención. La obra insiste en que la detección temprana es, en muchos casos, la diferencia entre un malestar transitorio y un problema cronificado. El profesorado se convierte en figura de observación privilegiada, capaz de identificar cambios emocionales, conductuales o académicos antes de que se agraven.

Esta función de primera línea lo dota de una importancia estratégica en la prevención eficaz de problemas de salud mental. La detección temprana se convierte en eje fundamental para evitar males mayores. Además, la responsabilidad del docente no puede ejercerse en soledad. El texto remarca: «La sinergia entre estas figuras profesionales es esencial para garantizar un abordaje holístico del alumnado, donde lo académico y lo psicosocial se entienden como dimensiones inseparables del desarrollo educativo». Desde este enfoque, la sinergia profesional resulta indispensable para un abordaje íntegro, apoyando el trabajo docente con especialistas en orientación y psicología.

Primer eslabón en la cadena de cuidado

El Vademécum sitúa al docente como primer eslabón de una cadena de cuidado. Su contacto cotidiano con el alumnado le permite detectar descensos bruscos de rendimiento, aislamiento, irritabilidad o ansiedad persistente, pero también le recuerda la necesidad de reconocer límites: observar, registrar y comunicar, no diagnosticar.

Este equilibrio entre la intervención y el respeto a los propios límites profesionales es clave para asegurar una respuesta eficaz. Una actuación coordinada y respetuosa con los procesos de cada estudiante resulta fundamental para garantizar una atención adecuada.

Desde esa posición, el profesor es presentado como «adalid de la prevención en salud mental». Un rol que se concreta en gestos cotidianos: preguntar, escuchar sin juzgar, crear climas de confianza y saber cuándo activar otros apoyos. «A veces basta un gesto sencillo, un ‘¿cómo estás?’ dicho a tiempo, un ‘estoy aquí si me necesitas’, para encender una luz en alguien que andaba a oscuras».

Así, pequeños gestos, atención personalizada y la construcción de una relación de confianza pueden ser determinantes. La obra insiste en que educar emocionalmente no es un añadido, sino parte del aprendizaje. Hablar de tristeza, ansiedad o miedo con naturalidad contribuye a desmontar estigmas y a ofrecer al alumnado un lenguaje para expresar su malestar.

En este sentido, la educación emocional integrada favorece la expresión y la prevención. Se construye así una cultura escolar donde la salud mental sea parte de la educación integral.

El docente como puente hacia la atención especializada

En este proceso, el docente no sustituye al especialista, pero sí actúa como puente. «Un papel clave del docente es observar, registrar y comunicar cualquier preocupación al equipo de orientación o psicología educativa».

Así, los docentes como puente hacia la atención especializada se configura como función esencial. Esta labor evita la sobrecarga de responsabilidades que no le corresponden, al mismo tiempo que garantiza una vía de atención integral para el estudiante.

El capítulo delimita con precisión las funciones del orientador escolar y del psicólogo. El primero asume la evaluación inicial, el diseño de adaptaciones, el acompañamiento a docentes y familias y la coordinación con recursos externos. Es, en palabras del texto, «el nexo entre los distintos niveles del sistema».

Cuando el psicólogo escolar está presente, aporta un perfil clínico y terapéutico. Interviene en casos de ansiedad, depresión, trauma, autolesiones o conductas disruptivas graves y colabora en la formación del profesorado.

La intervención psicológica se dirige a casos en los que existe sintomatología relevante. Colabora estrechamente con los demás profesionales educativos y sanitarios para dar una respuesta ajustada y eficaz.

La importancia de la coordinación y el trabajo en red

La eficacia en la respuesta escolar a los problemas de salud mental depende de la coordinación. Comunicación fluida, respeto a los roles y protocolos claros son condiciones indispensables para que la escuela funcione como red de protección.

Por ello, el capítulo enfatiza que la coordinación y la existencia de protocolos claros maximizan la eficacia. Estos elementos evitan duplicidades, omisiones o malas interpretaciones de los roles.

También se aborda la relación con las familias, destacando la importancia de una comunicación fluida y bidireccional basada en la confianza. El texto advierte de los riesgos de la ocultación de diagnósticos por miedo al estigma y recuerda que compartir información relevante puede favorecer una mejor adaptación escolar.

Se resalta la necesidad de formar una alianza con las familias para ofrecer un apoyo integral. De este modo, se construye un círculo de confianza en torno al alumnado.

Una tarea de corresponsabilidad

El capítulo concluye con una idea transversal: la salud mental del alumnado no es responsabilidad exclusiva de un profesional. «Colaboración activa: los tres roles deben trabajar juntos para detectar, prevenir y atender problemas de salud mental en la comunidad escolar».

De este modo, la colaboración y corresponsabilidad se presentan como requisito indispensable. Desde esta perspectiva, la escuela se consolida como un espacio de cuidado, donde enseñar y acompañar forman parte del mismo acto educativo.

Una tarea exigente, sí, pero imprescindible en el contexto actual. La protección, el acompañamiento y la prevención conforman los pilares de una red que, si es sólida y coordinada, puede marcar una diferencia decisiva en el presente y futuro de los estudiantes.

La próxima semana, la serie continuará con una nueva entrega dedicada a La vida en la escuela: clima, convivencia y emociones. Esta profundizará en el impacto de estos factores en la salud mental y el bienestar emocional del alumnado.

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