Restricciones a las rrss para <16 años: “Prohibir sin explicar ni ofrecer alternativas puede generar un efecto rebote”

Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily, compañía española especializada en desarrollo de relojes inteligentes para niños con el objetivo de retrasar el acceso temprano al teléfono móvil, analiza la hiperconexión infantil, el impacto emocional del móvil y cómo las familias pueden educar en tecnología sin riesgo.
Alba BartoloméDomingo, 22 de febrero de 2026
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Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily, compañía española especializada en desarrollo de relojes inteligentes para niños con el objetivo de retrasar el acceso temprano al teléfono móvil por parte de menores.

¿Deben prohibirse las redes sociales a los menores de 16 años?. El anuncio del Gobierno de impulsar una regulación llega en un contexto de creciente preocupación social y datos que apuntan a una infancia cada vez más hiperconectada y emocionalmente vulnerable.

Según el último estudio nacional de SaveFamily, empresa dedicada a diseñar productos para la Protección y Diversión de los más pequeños, realizado entre 500 familias españolas con hijos de entre 5 y 17 años, el acceso a internet comienza antes de los ocho años en el 42% de los casos y casi siete de cada diez menores de 15 años ya tienen su propio smartphone. Más del 80% pasa al menos una hora diaria frente a pantallas entre semana —cifra que roza el 90% los fines de semana— y un 18% supera las cinco horas de ocio digital durante esos días. Además, el 53,3% de los menores muestra irritación, estrés o ansiedad cuando se les limita el uso del móvil.

En paralelo, casi el 38% de las familias percibe un impacto negativo en el rendimiento académico, mientras crece la demanda de alternativas como los relojes inteligentes infantiles, cuya adopción ha aumentado un 40% como vía para retrasar la entrega del smartphone sin renunciar a la comunicación y la seguridad.

Para entender qué está ocurriendo, qué riesgos son reales y qué soluciones pueden funcionar más allá de la prohibición, hablamos con Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily, y encargado de realizar este estudio.

Los datos muestran que el acceso a internet comienza cada vez a edades más tempranas. ¿Qué implicaciones tiene esta hiperconectividad precoz?
–Cuando un niño se expone antes de tiempo a internet o a un smartphone, puede enfrentarse a estímulos, comparaciones y presiones emocionales para las que no está preparado. Esto afecta a su autoestima, a su capacidad de gestionar la frustración y a la forma en la que se relaciona con los demás. Además, sustituir momentos de juego libre o interacción real por pantallas puede empobrecer habilidades sociales básicas como la empatía o la comunicación cara a cara.

¿Cómo podemos diferenciar entre un uso sano de uno problemático de la tecnología?
–Un uso sano es aquel que no interfiere con el descanso, el rendimiento académico, el estado de ánimo ni las relaciones familiares. Cuando vemos irritabilidad, ansiedad al retirar el dispositivo, aislamiento o pérdida de interés por otras actividades, estamos ante señales de alerta. No se trata sólo de cuántas horas, sino de para qué y cómo se usa la tecnología. La clave está en observar si el niño mantiene un equilibrio y si el dispositivo suma o resta bienestar a su día a día.

La propuesta del Gobierno de prohibir redes sociales a menores de 16 años busca proteger a los niños de entornos para los que no están preparados. ¿Cree que esta medida puede ser suficiente?
–Es un primer paso necesario. Las leyes pueden marcar límites, pero no sustituyen a la educación ni al acompañamiento familiar. Prohibir sin explicar o sin ofrecer alternativas puede generar un efecto rebote. La protección real llega cuando combinamos regulación, educación digital y herramientas adaptadas a cada etapa de la infancia.

Habla de educación digital como parte de la solución, ¿qué papel debe jugar en casa y en la escuela?
–La educación digital es imprescindible. Los padres no solo deben poner normas, sino enseñar a sus hijos a entender la tecnología, sus riesgos y su impacto emocional. El equilibrio está en introducir la tecnología de forma progresiva, con dispositivos y entornos pensados para niños, y en mantener una comunicación abierta. No se trata de decir solo “no”, sino de explicar el “por qué” y el “para qué”.

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El equilibrio está en introducir la tecnología de forma progresiva

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Poner normas, explicar el por qué y el para qué… ¿Qué más pueden hacer las familias?
–Establecer rutinas claras, zonas y momentos sin pantallas, y fomentar actividades offline como el deporte, el juego creativo o el tiempo en familia. También es importante que los adultos demos ejemplo: el uso responsable empieza en casa. Cuando la tecnología se integra como una herramienta y no como un refugio, la infancia se mantiene viva.

Cuando habla con familias preocupadas, ¿qué patrones o decisiones equivocadas se repiten con más frecuencia?
Uno de los errores más habituales es entregar un smartphone demasiado pronto “porque todos lo tienen”. Otro es no acompañar ni supervisar el uso, o utilizar la tecnología como premio o castigo constante. También vemos falta de coherencia: poner límites a los niños mientras los adultos no los respetan. La tecnología necesita normas claras desde el principio.

Los relojes inteligentes infantiles están creciendo como alternativa al móvil…
–Muchas familias buscan una alternativa intermedia: dispositivos que permitan estar localizados y comunicados sin exponer al niño a redes sociales, internet sin filtros o contenidos inapropiados. Los relojes inteligentes infantiles ofrecen seguridad, tranquilidad y autonomía controlada. Ayudan a que el acceso a la tecnología sea escalonado, respetando el ritmo madurativo del niño y evitando saltos bruscos.

¿Son los relojes inteligentes una solución para limitar las redes sociales de manera efectiva entre adolescentes?
–Sí, porque no se trata solo de quitar pantallas, sino de ofrecer mejores opciones. La solución pasa por una responsabilidad compartida. Desde la familia, proponiendo planes alternativos y estableciendo límites claros. Desde la escuela, educando en el uso responsable y en la gestión del tiempo. Y desde la sociedad, ofreciendo espacios y actividades que fomenten el ocio saludable.

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