Un amante bandido

Jesús Asensi
Profesor de Religión
3 de febrero de 2026
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Las excusas pueden ser de lo más variopintas, pero en el fondo uno sabe que no está obrando correctamente cuando permite que este intruso se cuele en su habitación para recibir unas atenciones amorosas que su cónyuge, en justicia, bien merecería.

Y esos mismos pretextos, y alguno más, serán los que servirán a sus hijos para avalar que ese enredador pase la noche junto a ellos. Y lo más grave de todo es que sus padres, ante su falta de coherencia, justifican la presencia de ese amante en la habitación de sus hijos. Por eso, cuando algún familiar o algún profesor les hace un comentario crítico, argumentan que el teléfono móvil les ayuda a la hora de estudiar y de hacer los deberes, que les da una valiosa información sobre sus amigos, el tiempo atmosférico, el estado del tráfico y las últimas noticias del mundo entero, o que sólo está ahí dentro para recargar su batería, como si en el resto de la casa no hubiera ningún enchufe más, o ver alguna serie muy interesante e instructiva.

Ya va siendo hora de que los padres vayan por delante en esta batalla contra un intruso inmisericorde y decidan de una vez por todas dejar el teléfono móvil fuera de su habitación. Y así, con el ejemplo por delante, tendrán la fuerza moral para exigir a sus hijos que sigan sus pasos y evitarles, de este modo, que su vida se vaya al traste. Por la noche, por el día y a todas horas, ese amante bandido ha de permanecer fuera de todas las habitaciones de nuestra casa. Y sí, claro que se puede.

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