Urra y el lenguaje: "Qué sería de esta sociedad sin el lenguaje"
Apoyándose en referentes como Chomsky, Saussure o Vygotsky, Urra recuerda que “la especie humana ha llegado hasta aquí por el lenguaje”. No solo como herramienta de comunicación, sino como estructura que permite pensar, anticipar, memorizar y relacionar. Pensamiento y lenguaje, insiste, avanzan juntos en un diálogo constante: uno construye al otro.
Esta idea cobra especial relevancia cuando el psicólogo alude a ámbitos como el autismo, los trastornos del lenguaje o las lesiones cerebrales. En todos ellos, la palabra, o su ausencia, revela hasta qué punto el lenguaje organiza nuestra forma de estar en el mundo.
El episodio transita por múltiples registros: el lenguaje del niño que dice “mamá”, el del juego compartido, el de quien se despide de la vida, el del educador que enseña, el del líder que calma en una emergencia. Hay un lenguaje para convencer, otro para enseñar y otro, quizá el más difícil, para no herir.
Urra subraya la importancia del tono, de la pausa, de la palabra elegida con cuidado. Advierte del peligro de hablar desde el enfado y reivindica un uso responsable del lenguaje, especialmente en una sociedad acelerada donde las tecnologías facilitan escribir, pero no siempre pensar lo que se escribe.
Más allá de lo verbal, el pódcast se detiene en el lenguaje del cuerpo, del abrazo, del silencio compartido. Ese lenguaje “piel con piel” que no puede ser sustituido por una pantalla. También en el lenguaje interior, el que cada persona utiliza para definirse, comprenderse y proyectarse hacia lo que desea ser.
Uno de los momentos más conmovedores llega cuando Urra comparte experiencias vividas con niños gravemente enfermos y con sus familias. Frases que no deberían decirse y, sin embargo, se dicen por amor. Palabras que se callan para proteger. Ahí, el lenguaje deja de ser técnica y se convierte en ética.
El episodio concluye con una idea que atraviesa toda la crónica sonora: el lenguaje es poder, pero también cuidado. Puede construir o destruir, acompañar o herir. Por eso, saber decir, saber callar y saber escuchar es una forma de responsabilidad personal y social.
En !hip, hip, urra¡, Javier Urra no ofrece una lección académica al uso, sino una invitación a revisar nuestro modo de hablar y de hablarnos. Porque quizá no haya palabra más importante en nuestro lenguaje que aquella que nombra, explica y sostiene el amor.


