Ana Alzate: "Debemos cambiar el enfoque ante las situaciones problemáticas en el aula y ver el conflicto como un aprendizaje"
Ana Alzate, jefa del Servicio de Inclusión, Orientación e Convivencia de la Consellería de Educación de la Xunta de Galicia.
La Xunta de Galicia acaba de publicar una guía para fortalecer la convivencia y la inclusión en los centros educativos gallegos. El objetivo de la misma es que tanto docentes como familias puedan abordar los problemas de conducta que surgen en el ámbito educativo, aprovechando estas problemáticas como una oportunidad para el aprendizaje y la mejora. Tal y como explica en esta entrevista Ana Alzate, la guía responde a una de las prioridades del Gobierno autónomico: blindar los centros como espacios seguros y de confianza para el alumnado a partir de la premisa de la tolerancia cero contra la violencia.
¿Podemos encontrar en esta guía alguna explicación para las conductas negativas de los alumnos o incluso de las familias?
–No es ese su objetivo. La guía no destaca conductas negativas. La hemos diseñado como un recurso para apoyar a los docentes y también a los padres para enfrentarse a situaciones de tensión, partiendo, eso sí, de un cambio de enfoque a la respuesta tradicional, que es la punitiva. Desde la Xunta de Galicia creemos que debemos aprender de ese conflicto, porque es parte de la vida, y de él obtener la información necesaria para minimizarlo al máximo. Lo que sí se puede encontrar en esta guía son ejemplos prácticos de cómo enfrentarse a diversas situaciones que se pueden dar en el centro educativo.
¿Qué factores inciden en el conflicto?
–Muchos. No debemos olvidar que los centros educativos no dejan de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos y en ella se dan situaciones de crispación muy a menudo en muchos ambientes: el familiar, entre nuestros iguales, en espacios públicos… El alumno reproduce en el aula lo que ve en su entorno, en su casa, entre sus amigos, en las redes sociales, un ámbito este último que no existía en el pasado y que ha venido para quedarse y ante el que tenemos que trabajar docentes y familias.
Esta guía entonces da pautas para cómo enfrentarse a situaciones tensas en los centros educativos.
–Sí. Es necesario que el docente aprenda a enfrentarse a estas situaciones de manera global y siempre desde un punto de vista respetuoso, apostando por una resolución pacífica de los conflictos, con diálogo y respeto. Es difícil, lo sé, pero necesitamos aprender a reconducir una situación difícil para lograr gestionar esa tensión y ponerle fin. La guía es una ayuda más junto a muchas otras que la administración autonómica ha puesto en marcha con un objetivo esencial: que nuestros colegios e institutos sean espacios seguros, accesibles y saludables.
Suena sencillo, pero la realidad es que muchos docentes están cansados, estresados e incluso irritados por no poder controlar a sus estudiantes. ¿Esa crispación puede proceder quizás de la mil veces comentada pérdida de autoridad por parte de los profesores?
–La crispación está en nuestra sociedad, eso es evidente. Y se traslada al aula. Pero debemos recordar que la Ley de Convivencia de 2011 convirtió al docente en autoridad pública, y por tanto, se merece el respeto que esta figura consolida. Los alumnos y las familias deben ser conscientes de que cualquier agresión física o verbal va a ser denunciada ante Inspección o, en caso de ser ya muy grave, por la vía judicial. El docente y sus alumnos y alumnas deben aprender a mantener relaciones respetuosas, dentro de una convivencia inclusiva y no exclusiva, porque el concepto de autoridad se basa en el respeto, pero mutuo, tanto de un lado como de otro. Otra cosa es que los más jóvenes atraviesen serios problemas para aceptar la frustración.
Ese quizás puede ser un mal que hemos generado los propios padres, que, en ocasiones, somos un tanto sobreprotectores…
–La familia debe entender que juega un papel determinante en el menor, y que el centro educativo juega otro también esencial, pero que son diferentes. Muchos padres creen que si no protegen a sus hijos, sufrirán, y es un error tremendo, porque los niños y las niñas deben aprender de sus errores, o seguirán repitiéndolos una y otra vez, frustrándose cada vez más y aumentando su enfado con el mundo.
Quizás se le ha dado un excesivo peso a la familia en la actualidad en el ámbito educativo.
–No. Es importante que exista un vínculo de las familias con los colegios o los institutos. Necesitamos una relación de equilibrio. Tan malo es que haya padres y madres que presionen al centro como que existan progenitores que ni aparezcan por el mismo. Nuestros hijos deben tener un tiempo de calidad con sus padres, deben ser sus referentes, y no dejarlos abandonados ante las redes sociales o ante otro tipo de problemáticas. Pero los padres también tienen que saber poner límites a sus hijos e hijas. Los límites son esenciales en cualquier esfera de la vida. Por eso la formación de las familias también es esencial, y hemos empezado, desde la Xunta de Galicia, a dar charlas informativas sobre cómo enfrentarse a los conflictos en diversas ciudades y las vamos a continuar desarrollando en otras localidades a lo largo de los próximos meses. Las familias deben conocer los peligros que existen alrededor de sus hijos, en sus teléfonos móviles, en su propia transformación de niño a adolescente.
A veces los docentes tienen más miedo precisamente a la familia que al estudiante.
–Eso no puede ser. El docente tiene que recibir a las familias siempre con una actitud respetuosa basada en el diálogo, y de los padres y madres debe esperarse lo mismo. De darse una situación de violencia o agresión, debe trasladarse de inmediato lo ocurrido al equipo directivo y que sea éste quien decida cómo trabajar con esa familia. Para ello existe una normativa. Se puede decidir por ejemplo que la familia sea atendida únicamente por el equipo directivo, o trasladar la circunstancia a Inspección o a las autoridades judiciales.
Por lo que comenta, se deduce que se deben evitar los enfrentamientos directos.
–Sí. Hay que buscar los medios necesarios para que la situación de conflicto se resuelva de forma pacífica, apostando por el diálogo y el respeto. El docente debe aprender a gestionar ese conflicto y para ayudarlo hemos puesto en marcha esta guía.
¿Y cómo lo hacemos?
–Cuando el enfrentamiento entre profesor o profesora con un estudiante es directo, lo primero es intentar rebajar la tensión, y para ello es necesario que esté presente una tercera persona, bien sea un orientador, el jefe de estudios… pero que no sea un tú contra tú, porque eso nunca va a funcionar. También hay que abrir espacios de diálogo donde ambas personas se puedan encontrar más relajadas para debatir. Y si aún así no se consigue bajar la tensión, entonces darle espacio al alumno o alumna para que pueda explicar cómo se siente y cuál es el origen del conflicto. A veces las cosas no son cómo se dicen, si no cómo se sienten.

¿Es Galicia una comunidad con un nivel de conflictos elevado en relación al resto de España?
–En Galicia no hay una situación conflictiva destacable. Así se refleja claramente de las últimas encuestas realizadas entre la comunidad educativa, donde el 90% de las familias, alumnos y docentes consideran que no se dan situaciones de alarma. Para mantener y mejorar esta situación, la Xunta ha puesto en marcha, bajo el marco de una estrategia de convivencia, numerosas acciones para luchar contra la violencia en las aulas. Esta guía es una ayuda más, al igual que las charlas a las familias, los programas como “Acordamos convivir” para formar a los menores en la tolerancia y el respeto… Y seguiremos trabajando para lograr que los centros educativos sean esos lugares seguros a los que todos deseamos enviar a nuestros hijos e hijas.
Esta guía puede consultarse en la página web de la Xunta de Galicia, a través del Portal de la Consellería de Educación, Ciencia, Universidades y FP.





