CECE Madrid reivindica en su jornada anual una escuela que cuide a las personas
La XVIII Jornada Anual de Educación de CECE Madrid volvió a convertir a la capital en un espacio de reflexión compartida sobre el presente y el futuro de la enseñanza. Celebrada en la Universidad Villanueva, la cita reunió a más de 300 docentes, directivos, orientadores y especialistas para reivindicar una idea que atraviesa hoy todo debate pedagógico: la necesidad de situar a la persona en el centro del proyecto educativo. En un contexto condicionado por la tecnología, la IA y la transformación social, el mensaje de fondo fue claro: la escuela sigue siendo, ante todo, una comunidad humana.
Durante la apertura institucional, el presidente de CECE Madrid, Vidal Sánchez, defendió que educar es relacionarse y recordó que los centros no solo transmiten conocimientos, sino que ayudan a formar el carácter, descubrir talentos y aprender a convivir. En la misma línea, la rectora de la Universidad Villanueva, Ester Mocholí, subrayó que poner a la persona en el centro no puede quedarse en un lema, sino que debe traducirse en una forma concreta de entender la educación como acompañamiento integral de cada alumno.
La jornada contó además con una amplia representación institucional. Entre los asistentes estuvieron Pilar Ponce, presidenta del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, y Jorge Elías de la Peña, director general de Educación Concertada, Becas y Ayudas al Estudio, junto a representantes de organizaciones educativas, patronales, sindicatos y asociaciones de familias. Esa pluralidad reforzó el carácter del encuentro como un foro para pensar la educación desde miradas diversas, pero con un mismo horizonte: cuidar los vínculos que sostienen la vida escolar.
Uno de los momentos centrales de la jornada fue la intervención del psicólogo e ilusionista Miguel de Lucas, encargado de la conferencia principal. Su ponencia combinó psicología, comunicación y sorpresa para invitar a los asistentes a reflexionar sobre la manera en que las personas afrontan la incertidumbre. Su propuesta conectó con una preocupación muy presente en las aulas: cómo educar en un tiempo de cambios acelerados sin perder de vista aquello que hace posible una auténtica experiencia educativa.
De Lucas planteó que siempre habrá aspectos de la vida que escapen a nuestro control y a nuestra comprensión plena, y que precisamente por eso resulta necesario educar también para la incertidumbre, la confianza y la capacidad de adaptación. Su intervención sirvió para recordar que la escuela no solo prepara para responder correctamente, sino también para convivir con preguntas abiertas, gestionar lo inesperado y fortalecer la resiliencia personal de alumnos y docentes.
Tras la conferencia tuvo lugar una mesa redonda moderada por la periodista y escritora Almudena Calvo, con la participación del filósofo Ricardo Piñero y del periodista Chapu Apaolaza. El diálogo giró en torno al papel de la escuela como espacio de encuentro en una sociedad marcada por la digitalización y la polarización. Los participantes coincidieron en que la presencialidad, la escucha y el trato directo siguen siendo elementos decisivos para construir comunidad.
Entre las ideas compartidas destacó la reivindicación de gestos cotidianos aparentemente sencillos, pero cargados de sentido educativo, como la imagen del «director en la puerta». Esa presencia cercana simboliza una manera de entender la escuela basada en la accesibilidad, el conocimiento mutuo y el acompañamiento real. Frente a la frialdad de algunas dinámicas impuestas por la prisa o la hiperconexión, los ponentes defendieron una educación que cuide la proximidad humana y el valor de las relaciones.
La conductora del acto, Marichu Suárez, mediadora civil y familiar y fundadora de Dónde Somos, reforzó esa misma idea al recordar que los centros educativos son, antes que nada, lugares donde se tejen vínculos. Su intervención ayudó a dar unidad a una jornada en la que se insistió en que la labor educativa consiste en ayudar a florecer a las personas, tanto al alumnado como a los propios profesionales, desde la escucha, la confianza y el compromiso compartido.
Como es tradición, CECE Madrid aprovechó la jornada para entregar sus Reconocimientos a la Formación en Valores Sociales, presentados por el secretario general de la organización, Juan Chávarri. Estos galardones distinguen a centros e instituciones por su aportación a una educación comprometida con la sociedad, la solidaridad y la formación integral del alumnado. Más allá del acto protocolario, la entrega puso de relieve que educar en valores sigue siendo una tarea esencial y plenamente vigente.
Entre los premiados figuraron el Colegio Santa Gema Galgani, por sus iniciativas solidarias y su compromiso con la educación en valores; el Colegio Dehesa de Humanes, por su proyecto basado en la cercanía y el acompañamiento personal; y el Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt, por una pedagogía centrada en la persona y en el cuidado de los vínculos. También fueron reconocidos el Colegio Nervión, por sus más de 50 años de trayectoria; el Centro de Formación Profesional MOPE, por su apuesta por la formación técnica y el esfuerzo personal; y el movimiento juvenil It’s Time To Think, por promover espacios de diálogo entre jóvenes.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con el reconocimiento especial al Ayuntamiento y a los vecinos de Adamuz, en Córdoba, por la solidaridad mostrada tras el reciente accidente ferroviario ocurrido en la localidad. La respuesta del municipio, volcado en la atención a los heridos y en el apoyo a los equipos de rescate, fue presentada como un ejemplo de humanidad concreta y de compromiso con los demás.
Con este gesto, CECE Madrid quiso subrayar que la educación en valores no se reduce al discurso, sino que se hace visible en hechos que muestran el sentido de la responsabilidad, la entrega y la ayuda desinteresada. La referencia a Adamuz conectó de forma muy directa con el lema de la jornada, recordando que poner a las personas en el centro implica reconocer la dignidad del otro y actuar en consecuencia, especialmente en los momentos de mayor dificultad.
La clausura corrió a cargo de Pilar Ponce, presidenta del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, quien agradeció la labor de acompañamiento que CECE Madrid presta a los centros y reivindicó la importancia de cuidar a las personas. Su intervención sirvió como cierre coherente de una jornada que, más allá del análisis de tendencias o desafíos, quiso dejar una certeza compartida: la educación solo cumple plenamente su misión cuando pone en primer plano la dimensión humana de cada alumno, cada docente y cada comunidad educativa.
