Centros que aprenden: el poder de la autoevaluación en la FP del nuevo paradigma educativo
La exigencia de evaluar y rendir cuentas tampoco recae únicamente en los centros. Afecta directamente a su dirección. © Fox / Pexels
Todo este marco se traduce en una responsabilidad ineludible: los centros deben elaborar un informe anual de evaluación del desempeño, donde queden reflejados sus resultados, fortalezas y áreas de mejora. La obligación queda recogida en el Artículo 110 y 111 de la Ley 3/2022, que establece el deber de evaluar resultados e impacto de la oferta de FP.
En este contexto, la figura del coordinador o coordinadora de calidad ya no es un rol administrativo: es el eje que permite que el centro educativo transite desde la toma de decisiones basadas en la intuición hacia la toma de decisiones basadas en datos y evidencias.
La exigencia de evaluar y rendir cuentas tampoco recae únicamente en los centros. Afecta directamente a su dirección. El Real Decreto 894/2014, que regula la formación de los futuros directores, incorpora un Módulo V. Rendición de cuentas y calidad educativa, que exige dominar la gestión de calidad y autoevaluación, los planes de mejora, la planificación estratégica y la comprensión de la evaluación del sistema educativo. Es decir, la ley de FP ya no concibe la función directiva sin una competencia clara en cultura de calidad y mejora continua.
Este nuevo paradigma en la dirección y gestión de centros de FP conecta con una idea fundamental que Peter Senge formuló hace tres décadas: un centro educativo solo mejora si es capaz de convertirse en una organización que aprende, que piensa sobre sí misma, que detecta patrones, que anticipa problemas y que convierte la evaluación en conversación interna y crecimiento colectivo. Un centro que aprende no se limita a medir: aprende de lo que mide, y lo transforma en decisiones que se traducen en planes de mejora (PAM).
Europa lleva tiempo señalando ese camino. La Recomendación del Consejo de 2020 sobre la FP reclama sistemas capaces de medir resultados, hacer seguimiento de egresados y garantizar la pertinencia formativa, fortaleciendo el papel del marco EQAVET como referencia común. CEDEFOP ha documentado que los países más avanzados integran la autoevaluación con procesos de evaluación externa independiente.
La investigación internacional en materia educativa es bastante clara: los estudios PISA muestran cómo el clima y el bienestar escolar influyen en el rendimiento y la permanencia, evitando el abandono y fracaso escolar. TALIS, por otra parte, demuestra que el liderazgo pedagógico y la formación docente son motores de calidad. La excelencia en la dirección y gestión de centros educativos no se improvisa: se construye evaluando, aprendiendo y corrigiendo.
Ante esta complejidad, algunas organizaciones educativas han recurrido a normas como la ISO 9001 o ISO 21001. Aunque estas normas ayudan a ordenar y sistematizar los procesos, su enfoque de evaluación se centra en responder si el sistema de gestión de la calidad del centro educativo cumple o no cumple con los requisitos normativos. No permiten estimar niveles de excelencia, ni comparar resultados entre centros, ni aprender de quienes obtienen mejores desempeños.
Por eso el modelo de excelencia en gestión EFQM o su versión CAF para organizaciones públicas, se ha convertido en una herramienta extraordinariamente valiosa para los centros de FP. Su escala de autoevaluación basada en el ciclo PDCA, el mismo que estructura EQAVET, permite conocer el nivel de madurez institucional, comparar resultados con otros centros y aprender de sus mejores prácticas. Esa capacidad de benchmarking, inexistente en la norma ISO, es clave para responder al mandato legal de la FP de elaborar informes de desempeño rigurosos y útiles. Además, el CAF/EFQM integran dimensiones esenciales: liderazgo, estrategia, personas, alianzas, recursos, procesos, innovación, impacto en el alumnado, en la sociedad y en la propia organización.
La investigación internacional en materia educativa es bastante clara: los estudios PISA muestran cómo el clima y el bienestar escolar influyen en el rendimiento y la permanencia, evitando el abandono y fracaso escolar
En definitiva, el CAF convierte a los centros de FP públicos en centros que aprenden. Les permite identificar fortalezas, diagnosticar debilidades, priorizar mejoras y orientar su estrategia. Une la autoevaluación con la planificación, la mejora con la evidencia y la evaluación con la rendición de cuentas, en perfecta coherencia con el Módulo V del RD 894/2014 de competencias profesionales de la función directiva.
En este punto resulta clave reconocer una realidad evidente: no necesitamos seguir inventando nuevos modelos de excelencia ni mecanismos adicionales para mejorar la calidad en la Formación Profesional. El sistema ya dispone de marcos sólidos, herramientas probadas y orientaciones claras, desde EQAVET hasta el CAF, que permiten evaluar, comparar, aprender y mejorar. El reto no es añadir más herramientas o modelos, sino poner en práctica lo que ya tenemos, integrarlo de forma coherente en la gestión diaria y convertirlo en cultura organizativa.
A ello se suma otra cuestión estructural que afecta directamente a la eficacia de la gestión de los centros educativos. Muchos centros comparten en la misma organización enseñanzas de ESO, Bachillerato y FP, aun cuando sus finalidades, sus necesidades y sus problemas son profundamente distintos. Mientras la ESO y el Bachillerato están orientados a la formación general y la preparación académica, la FP se rige por la empleabilidad, la relación con las empresas, la actualización tecnológica y la adecuación al mercado laboral. Por ello, cada vez resulta más evidente la necesidad de plantear una dirección de los IES diferenciada, capaz de atender los objetivos específicos de la FP sin quedar subordinada muchas veces a las dinámicas propias de las etapas obligatorias y postobligatorias. Sin esta separación, es difícil desarrollar una estrategia propia, construir alianzas empresariales sólidas o implementar sistemas de calidad ajustados al mandato normativo de la nueva FP.
La FP española se encuentra en un punto de inflexión. Su prestigio y su crecimiento dependen de que los centros puedan demostrar, con datos, análisis y autocrítica honesta, que generan aprendizaje útil, empleabilidad real y valor público. La excelencia ya no es un eslogan: es una responsabilidad. Y la autoevaluación, bien hecha y bien integrada en la gestión, y coordinada por el departamento de calidad, es la llave maestra.
Si queremos una FP capaz de liderar la transformación educativa del siglo XXI, necesitamos centros que aprenden. Y necesitamos herramientas como EQAVET y el CAF, que conviertan la evaluación en conocimiento, el conocimiento en decisiones y las decisiones en impacto. (ODS)
Ernest Castelló, doctor en Ciencias de la Educación por la Universitat de València. Profesor de Formación Profesional.
