Epson impulsa la sostenibilidad tecnológica en las aulas con una nueva guía estratégica para el sector educativo
La sostenibilidad tecnológica no concluye en el momento de la compra, sino que depende directamente de cómo se utilicen los dispositivos en el día a día escolar.
El Centro de Estudios de Buen Gobierno de ESCI-UPF, con la colaboración de Edutech Clúster y DIRSE, ha liderado junto a Epson el lanzamiento de la “Guía para la compra sostenible de TIC en el sector educativo”. Este documento nace como una hoja de ruta esencial para ayudar a los centros de enseñanza a integrar criterios ambientales y sociales en la compra y gestión de sus equipos tecnológicos. Tras la pandemia, la digitalización de las aulas se ha intensificado gracias a políticas públicas y fondos europeos. Por ello, esta guía se presenta como una herramienta práctica para que esta evolución tecnológica sea coherente con los desafíos ambientales y sociales del presente.
El escenario global actual muestra una tendencia preocupante en la gestión de infraestructuras digitales. En 2022, el sector tecnológico consumió casi el 5% de la electricidad mundial y generó más de 60.000 millones de kilogramos de residuos electrónicos. La guía subraya que la solución no es sólo reciclar, sino repensar todo el ciclo de vida del producto. Y, eso, incluye visibilizar los impactos sociales que ocurren antes de que la tecnología llegue al aula. Esta herramienta pone el foco en la fase de extracción de materias primas, a menudo vinculada a la vulneración de derechos humanos en zonas de conflicto, incluyendo la explotación infantil y condiciones de trabajo peligrosas en las minas de minerales críticos.
Para mitigar estos riesgos sociales, la guía insta a los centros a exigir a sus proveedores certificaciones internacionales como la SA8000 o la pertenencia a la Responsible Business Alliance (RBA), asegurando así que los equipos han sido producidos bajo estándares éticos y de respeto a los derechos laborales.
Focalizando en los dispositivos, en el caso de los más comunes en las aulas, como los ordenadores, el grueso de su huella de carbono se genera durante la fabricación. Por ello, la primera recomendación para los centros es realizar inventarios exhaustivos para evitar compras innecesarias, priorizando la actualización de componentes y la reparación antes que la sustitución por equipos nuevos.
Dentro de este enfoque, la elección de la tecnología de impresión y visualización juega un papel determinante. La guía destaca que optar por sistemas de impresión de inyección de tinta con tecnología sin calor permite a los colegios reducir su consumo energético de forma drástica, además de generar hasta un 90% menos de residuos en comparación con las impresoras láser.
En cuanto a la comunicación visual, se pone el foco en la versatilidad de los proyectores frente a las pantallas planas fijas. Los proyectores no solo ofrecen una mayor eficiencia en términos de cantidad de material por pulgada de imagen, sino que permiten adaptar el tamaño de la pantalla a las necesidades de cada aula, optimizando la visibilidad sin necesidad de instalar dispositivos pesados y de difícil reciclaje.
La sostenibilidad tecnológica no concluye en el momento de la compra, sino que depende directamente de cómo se utilicen los dispositivos en el día a día escolar. La guía detalla que una configuración adecuada de los modos de ahorro de energía y el apagado total de los equipos cuando no se utilizan pueden reducir el consumo eléctrico hasta en un 76%. Además, la implementación de programas de mantenimiento preventivo se revela como una inversión rentable, ya que es capaz de prolongar la vida útil de los dispositivos entre un 20% y un 40%, reduciendo drásticamente los costes asociados a reparaciones de emergencia y la generación prematura de desechos electrónicos.
En última instancia, el éxito de esta transformación reside en la sensibilización y formación de profesorado, personal administrativo y alumnado. La educación en hábitos de uso responsable y la concienciación sobre la obsolescencia programada no solo ayudan a conservar mejor el parque tecnológico del centro, sino que preparan al alumnado para ser consumidores críticos y profesionales responsables. Al integrar estos criterios de circularidad y eficiencia, los centros educativos no solo reducen su impacto ambiental, sino que actúan como referentes sociales, demostrando que la innovación pedagógica y el respeto por el planeta y las personas son dos metas perfectamente compatibles.
Según Silvia Ayuso, investigadora del Centro de Estudios de Buen Gobierno de ESCI-UPF, “el reto es que los centros educativos muestren cómo se puede gestionar el creciente uso de la tecnología de una forma responsable y coherente con los objetivos de sostenibilidad, circularidad y equidad”.
