Fundación Mapfre, Anaya y Siena continúan en Sevilla la gira del Vademécum de la salud mental en la escuela

El auditorio de Mapfre en Sevilla ha acogido este 24 de marzo la presentación del "Vademécum de salud mental y bienestar emocional en la escuela", una obra impulsada por Fundación Mapfre, Grupo Anaya y Siena Educación.
José Mª de MoyaMartes, 24 de marzo de 2026
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La mesa redonda, moderada por Javier Urra, reunió a Jorge Delgado, presidente de FEDEIP y director del CEIP Blas Infante; Susana González, presidenta de APOAN Sevilla, directiva de COPOE y orientadora en el IES Tartessos; Miguel Soriano, directivo de CECE-Andalucía y director del Centro Arco Auxilia; y Mercedes Bermejo, directora de Psicólogos Pozuelo y coautora del Vademécum.

El «Vademécum de salud mental y bienestar emocional en la escuela» nace con una vocación claramente práctica: ofrecer a los docentes una herramienta útil para detectar señales, orientar la primera respuesta educativa y saber cuándo derivar cada caso. La jornada ha reunido a responsables institucionales, directivos, orientadores, psicólogos y autores en torno a una idea compartida: la salud mental ya no puede abordarse como un asunto periférico en los centros educativos.

En la apertura han intervenido Antonio Guzmán, director de Seguridad Vial, Salud y Prevención de Fundación Mapfre; Luis Miguel Monzón, director de Servicios e Instituciones Educativas de Grupo Anaya; y José María de Moya, CEO de Siena Educación. Los tres han coincidido en destacar el valor de una guía pensada para el día a día del aula y para una escuela que, además de enseñar contenidos, se enfrenta cada vez más a situaciones ligadas a la ansiedad, la soledad, la convivencia o el uso problemático de las pantallas. En esa misma línea, el acto se ha apoyado en el trabajo previo de observación sobre el estado emocional de los centros, como ya recogía la encuesta impulsada por Fundación Mapfre y Siena Educación.

La bienvenida institucional la completó José Tenorio, decano del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, que subrayó la necesidad de intervenir pronto y de reforzar la presencia de los profesionales especializados en los centros. Su mensaje fue claro: la escuela es el espacio donde los menores pasan buena parte del año y, por tanto, uno de los lugares privilegiados para la detección temprana, la prevención y el acompañamiento. Tenorio defendió además una mayor presencia del psicólogo educativo, no como sustituto del docente, sino como apoyo experto para una realidad cada vez más compleja.

El aula, primer termómetro

Uno de los ejes más repetidos durante la jornada fue que el profesorado suele ser el primero en percibir que algo no va bien. Antonio Guzmán insistió en que los docentes no son psicólogos, pero sí observadores privilegiados de cambios de conducta, retraimiento, irritabilidad o sufrimiento sostenido. De ahí que el nuevo Vademécum se plantee como una herramienta de consulta rápida, accesible y pensada para acompañar decisiones cotidianas dentro de la escuela.

José María de Moya explicó que el proyecto nace de una preocupación que el mundo educativo viene verbalizando desde hace tiempo: en muchos claustros, una parte creciente de las conversaciones ya no gira solo en torno a lo académico, sino a conflictos emocionales, conductuales y familiares que terminan impactando directamente en el aprendizaje. Por eso, defendió una visión holística de la educación, en la que lo intelectual y lo humano avancen de la mano. También recordó que el Vademécum se ha acompañado de un consultorio basado en inteligencia artificial cuyas respuestas se limitan al contenido validado de la propia obra, con el objetivo de aportar seguridad y rigor a quien consulta.

Luis Miguel Monzón enmarcó la publicación dentro de una apuesta editorial más amplia por el bienestar emocional en todas las etapas. Reivindicó que la escuela no puede concentrarse únicamente en lo académico y confirmó el esfuerzo realizado para hacer llegar miles de ejemplares a los centros. La idea, dijo, es que la guía no se quede en una presentación simbólica, sino que entre de verdad en las salas de profesores y en los equipos de orientación.

Javier Urra: "Esto es un acierto pleno"

La ponencia central corrió a cargo de Javier Urra, director del Vademécum, que definió la obra como un «acierto pleno» y explicó su origen en una escucha directa al profesorado. Según relató, el contenido se ha construido a partir de preguntas reales de docentes para docentes, con el trabajo coral de una veintena de especialistas que han intentado responder con claridad a situaciones complejas. El resultado es un manual divulgativo, ágil y pensado para que el profesor encuentre en poco tiempo una primera orientación útil y comprensible.

Urra defendió que el debate sobre salud mental en la escuela debe alejarse tanto del alarmismo como de la banalización. Alertó sobre el crecimiento de la ansiedad infantil, la fragilidad ante la frustración, el impacto de determinadas dinámicas familiares y los riesgos de algunos entornos digitales. También pidió recuperar la esperanza y el optimismo pedagógico: «No se puede ser maestro si no se es optimista», vino a resumir. En su intervención, muy aplaudida, insistió en que la escuela necesita herramientas, pero también reconocimiento social y confianza en la labor de quienes enseñan.

Entre las preocupaciones que atribuyó al profesorado destacaron el uso intensivo de TikTok y otras redes, la pérdida de autoridad educativa, la baja tolerancia a la frustración y la necesidad de reforzar el deporte, la música y los espacios de pertenencia. Parte de estas inquietudes conectan con debates ya presentes en Magisterio, como el papel de los dispositivos en la infancia o el deterioro de la atención, cuestiones abordadas en este análisis sobre pantallas y esfuerzo.

Mesa redonda: prevención, recursos y alianzas

La mesa redonda posterior, moderada por el propio Javier Urra, reunió a Jorge Delgado, presidente de FEDEIP y director del CEIP Blas Infante; Susana González, presidenta de APOAN Sevilla, directiva de COPOE y orientadora en el IES Tartessos; Miguel Soriano, directivo de CECE-Andalucía y director del Centro Arco Auxilia; y Mercedes Bermejo, directora de Psicólogos Pozuelo y coautora del Vademécum. Desde perspectivas diferentes, todos coincidieron en que la escuela necesita más recursos, más formación y mejores cauces de coordinación.

Jorge Delgado puso el foco en la necesidad de que los protocolos sean verdaderamente operativos y estén liderados por equipos con formación suficiente. Defendió un enfoque multidisciplinar en el que docentes, orientadores, psicólogos, sanitarios y familias puedan intervenir de forma coordinada. También reclamó mayor autonomía organizativa para que cada centro adapte sus planes de acción tutorial, convivencia y digitalización a la realidad concreta de su alumnado.

Susana González insistió en que el bienestar del profesorado debe dejar de ser un asunto secundario. Recordó que la orientación educativa trabaja muchas veces desbordada y reclamó más orientadores, más continuidad en las políticas públicas y un verdadero plan integral, no solo programas aislados. A su juicio, hablar de salud mental exige visibilizarla, formarse y actuar antes de que el problema estalle. En su intervención defendió, además, iniciativas de tutorización entre iguales y programas de alumnado ayudante como vía para mejorar la convivencia y prevenir el acoso.

Miguel Soriano abordó la realidad del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo y la insuficiencia de recursos para responder a una diversidad creciente. Reivindicó la utilidad de los equipos de orientación y del mediador escolar, así como la importancia de la observación cotidiana: aislarse, bajar el rendimiento, mostrarse abatido o cambiar de conducta pueden ser alertas tempranas que el centro no debería pasar por alto. En este punto, la reflexión conectó con propuestas como la construcción de espacios de aprendizaje inclusivo.

Mercedes Bermejo centró su aportación en el vínculo, las familias y el peso de las pantallas en el desarrollo emocional y atencional de niños y adolescentes. Recordó que la evidencia científica sobre sus efectos ya es abundante y reclamó regulación, prevención y acompañamiento. Pero también lanzó un mensaje de fondo: la sociedad ha estudiado mucho la enfermedad y poco la salud mental entendida como prevención, mirada y cuidado. Por eso reivindicó la figura del docente como adulto significativo capaz de sostener, orientar y, en no pocas ocasiones, cambiar el rumbo de una vida.

El gran tema pendiente: cuidar al docente

Uno de los momentos más intensos del encuentro llegó cuando se verbalizó con claridad una sensación compartida por muchos profesionales: no puede haber verdadera salud mental en la escuela si no se cuida también la del profesorado. A lo largo de la jornada apareció una idea repetida con fuerza: los docentes sostienen conflictos, urgencias, miedos y desgastes para los que no siempre encuentran respuesta institucional suficiente.

En ese sentido, varias intervenciones reclamaron menos burocracia, más apoyo especializado y planes específicos de bienestar profesional. La reflexión enlaza con debates muy presentes en la profesión docente, desde el malestar creciente hasta la necesidad de apoyo estructural, como también ha recogido Magisterio en informaciones sobre desgaste docente y acompañamiento profesional. La presentación del Vademécum dejó, así, un mensaje doble: hay que cuidar mejor al alumnado, sí, pero también a quienes están cada día frente al aula.

Clausura con la Junta de Andalucía

El cierre institucional corrió a cargo de Manuel Jesús Sánchez Hermosilla, director general de la Consejería de Educación de Andalucía, que habló desde una doble condición, la de responsable educativo y la de docente. Su intervención giró en torno a tres ideas: bienestar emocional, currículum y coherencia. Aseguró que la educación emocional no puede transmitirse si el profesor no dispone a su vez de equilibrio y formación suficiente, y defendió que esta dimensión ya está presente de forma transversal en el currículum, aunque deba trabajarse con más intención y mejores herramientas.

Sánchez Hermosilla subrayó que el docente no es un terapeuta, pero sí un «guardián silencioso» capaz de identificar y derivar. Defendió también el papel de los alumnos ayudantes, la necesidad de protocolos ágiles y la importancia de no confundir disponer de recursos digitales con abusar de las pantallas. En su opinión, la educación digital debe existir, pero siempre bajo una lógica pedagógica y nunca como sustituto indiscriminado del papel, el libro o la relación directa.

La clausura dejó, en definitiva, la sensación de que el Vademécum llega en un momento de alta demanda por parte de los centros. No en vano, su recorrido por distintas ciudades y la acogida que está recibiendo apuntan a una necesidad real en el sistema educativo. Esa recepción ya se ha hecho visible en análisis como la valoración de directores y orientadores sobre la obra o en piezas como esta guía sobre el papel del docente en la detección y el cuidado.

Sevilla ha sido, este 24 de marzo, algo más que una parada en la ruta de presentaciones. Ha sido un espacio para poner palabras a un malestar que la escuela conoce bien, pero también para reivindicar que prevenir, acompañar y cuidar no son tareas accesorias. Son, cada vez más, parte esencial del hecho educativo.

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