Isabel Martínez Lozano (Fundación ONCE): "La educación o es inclusiva o no es educación"

Isabel Martínez Lozano, responsable de programas universitarios y formación del talento en Fundación ONCE, aborda en esta conversación sin grandilocuencias los retos actuales de la financiación universitaria, la educación inclusiva, la accesibilidad digital, la inteligencia artificial y la salud mental. Su mensaje es claro: la inclusión educativa no es retórica, necesita estructura, recursos y voluntad política.
José Mª de MoyaMartes, 3 de marzo de 2026
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Isabel Martínez Lozano, desde la responsabilidad al frente de los programas vinculados a educación superior y promoción del talento de Fundación ONCE, sitúa de inicio el tema en la actualidad política universitaria y las profundas transformaciones a las que se enfrenta el sistema. La entrada en vigor de la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) ha removido, en sus palabras, estructuras y agravado algunas tensiones entre autonomías y universidades. “En comunidades donde la densidad del ecosistema universitario es alta, como Madrid, una norma autonómica debería nacer con consenso”, afirma con rotundidad. “Cuando no hay ningún rector o rectora de acuerdo, algo no se ha hecho bien”.

Martínez Lozano subraya que el derecho a la educación superior no se garantiza solo con articulados legales, sino con una financiación sostenida. “Es esencial que la inclusión no se quede en buenas intenciones; intérpretes, apoyos, unidades de atención a la diversidad… todo depende de los recursos que se destinen. Se necesitan partidas específicas y mecanismos estables, no programas puntuales”.

Al abordar el debate sobre públicas y privadas, Martínez Lozano rechaza clichés o posiciones simplificadoras. No comparte el discurso de que sobren universidades sin fijarse en comparativas o ratios, pero enfatiza un principio irrenunciable: el sistema público no debe devaluarse. Exige lo mismo a la oferta privada que a la pública: excelencia y calidad. “El verdadero problema es el daño silencioso de los títulos sin valor real, cuando estudiantes y familias invierten en credenciales que no computan ni en empleo público ni en el mercado privado”, señala.

Inclusión: Derecho, arquitectura y modelo de apoyos

Isabel Martínez Lozano defiende con vehemencia que “la educación o es inclusiva o no es educación”. Argumenta que la verdadera inclusión debe estar anclada en el derecho y en la evidencia de que el aprendizaje es mayor en entornos heterogéneos que en grupos segregados. “No es una guerra de identidades. Es una cuestión de preparar al sistema para educar a todos, para que ninguno quede excluido”.

Cita a María Montessori como referente histórico de la capacidad del sistema para adaptarse, recordando que los resultados cambian cuando cambia la manera de enseñar. “El reto está en generar una capacidad institucional real, con modelos flexibles y apoyos especializados para casos complejos. No se trata de eliminar recursos existentes, sino de reorganizarlos inteligentemente”.

Lo ejemplifica con el caso histórico de la ONCE: de colegios específicos se pasó a centros de recursos que hoy acompañan la escolarización ordinaria. “Fue un proceso de transición que elevó los resultados, porque la inclusión no es un ideal, sino un diseño institucional efectivo”, recalca Martínez Lozano.

(Para ampliar el enfoque con estrategias de aula, véase “Estrategias para la inclusión educativa de estudiantes con autismo”).

La importancia de los apoyos específicos: becas y programas diferenciados

El compromiso de Fundación ONCE, según Isabel Martínez Lozano, trasciende los manifiestos y se concreta en ayudas directas a las trayectorias vulnerables dentro del sistema universitario. Ejemplo destacado es el programa “Fundación ONCE Investiga”, con becas para estudiantes y doctorandos con discapacidad, pensadas para aquellos que a menudo quedan “descolgados” del itinerario académico. “Hay un talento extraordinario que se sostiene con mucho esfuerzo. Nuestra misión es acompañar, especialmente en los tramos más difíciles, porque ahí es donde fallan los sistemas generalistas”.

Martínez Lozano remarca la dureza de ciertos casos, la complejidad real de las trayectorias de investigadores con discapacidad, y a la vez la riqueza del talento que encuentran en esos itinerarios. “No se trata de sobreproteger, sino de hacer posible que el mérito pueda competir en condiciones justas”.

Accesibilidad digital y tecnología: avances y nuevos desafíos

El salto tecnológico, acelerado tras la pandemia, presenta para la educación una doble cara: oportunidad y riesgo. Isabel Martínez Lozano destaca la colaboración de Fundación ONCE en la elaboración de guías de accesibilidad para el Ministerio, siempre bajo una premisa: “Cualquier tecnología que se incorpore debe ser accesible desde el origen. Si no, estará expulsando a estudiantes de las aulas y de futuras oportunidades laborales”.

Sobre la inteligencia artificial, la responsable de Fundación ONCE evita tanto el alarmismo como la ingenuidad. Reconoce las enormes posibilidades en accesibilidad para discapacidades sensoriales —las aplicaciones de voz, subtitulación automática, guiado— pero alerta sobre el riesgo crítico: “La IA discrimina si los datos, los parámetros o los objetivos refuerzan los sesgos del sistema mayoritario. En el empleo, sin ajustes, los procesos de selección inteligentes pueden filtrar perfiles de personas con discapacidad y agrandar la brecha”.

“Hay trabajo por hacer para que los desarrollos y algoritmos tengan en cuenta la diversidad real. Si no, acabamos creando nuevas barreras invisibles”.

Salud mental, adicciones digitales y una discapacidad que crece

La conversación se adentra finalmente en un terreno cada vez más visible: la salud mental y la discapacidad psicosocial. “En los programas de becas que gestionamos, el 20% del alumnado tiene discapacidad psicosocial. Eso lo cambia todo: hay que repensar cómo hacer los acompañamientos, cambiar los ritmos, adaptar las herramientas, y también preparar mejor a los equipos que intervienen”.

Martínez Lozano subraya que la salud mental no puede tratarse como un añadido, pues la prevalencia crece año tras año y “obliga a reformular protocolos y tomar decisiones sobre recursos específicos” dentro de la estructura universitaria.

El uso problemático de pantallas y redes sociales añade, en este contexto, otro factor de preocupación. No se muestra hostil a la tecnología, pero insiste: “Hay evidencia de que, en ausencia de control, generan problemas de rendimiento académico y habilidades comunicativas. Si una actividad genera adicción y malestar, hay que acotar su impacto en el desarrollo, especialmente entre menores”.

Cierre: El compromiso institucional que hace posible la inclusión

El mensaje final de Isabel Martínez Lozano huye de la retórica: “La inclusión no se proclama, se diseña y se paga”. Reclama una “arquitectura realista, recursos estables y referentes bien formados”. Desde Fundación ONCE, la prioridad es ayudar a crear ese ecosistema donde la diversidad deje de ser una excepción y se convierta en una norma de calidad educativa.

“Los cambios de cultura no dependen de proclamas, sino de decisiones estructurales. Hay que aterrizar la inclusión en la organización, en la financiación, en la formación. Y también en la humildad para escuchar y ajustar, porque lo que está en juego es mucho más que una estadística: es el futuro de cada estudiante que, con las condiciones adecuadas, puede desplegar todo su potencial”.

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