Javier Urra: "Somos hijos de la herencia, del azar y de nosotros mismos"
Javier Urra volvió a situar el foco en una de las grandes preguntas de la existencia: ¿de quién somos hijos?. En su intervención en el pódcast grabado en Siena, el psicólogo y académico de número de la Academia de Psicología de España defendió que la identidad humana no puede explicarse solo desde la biología o la familia, sino también desde las decisiones personales, el contexto y el azar.
El especialista arrancó con una idea sencilla, pero cargada de fondo: somos hijos de nuestros padres, sí, de su biología, de su estirpe y de su herencia genética. Pero también somos hijos de nosotros mismos. Y en esa segunda filiación, subrayó, se juega buena parte de la vida.
El planteamiento le sirvió para trazar un recorrido por las grandes determinaciones de la existencia. La carga hereditaria, explicó, puede condicionar riesgos físicos o mentales, pero no agota lo que una persona llega a ser. A ello se suma la educación, la familia, los amigos, las redes sociales y los medios de comunicación, que van moldeando el temperamento, el carácter y la personalidad.
Urra insistió en que la vida está hecha de elecciones permanentes: qué estudiar, con quién relacionarse, qué trabajo escoger, cómo vestir, si caminar o tomar el metro, qué ocio cultivar o qué pareja elegir. Cada gesto, recordó, supone una toma de postura sobre el propio modo de estar en el mundo.
¿Qué hacemos con la vida que nos ha tocado? Esa es, para el psicólogo, la verdadera cuestión. Porque, más allá de lo heredado, cada persona puede decidir cómo mirar su realidad, cómo elaborar las circunstancias y qué marco interior construir para afrontarlas.
En ese sentido, reivindicó una idea profundamente orteguiana: el yo y las circunstancias forman una unidad inseparable. Cambiar de entorno, de país, de paisaje o de forma de vida altera también la manera de pensar y de sentirse. La vida, sugirió, no es algo que simplemente sucede, sino algo que se interpreta y se construye.
Junto a la herencia y la voluntad, Urra introdujo un tercer elemento decisivo: el azar. Un paso de cebra, un coche que no frena, una enfermedad, un parto complicado o un accidente pueden modificar de forma radical la biografía de una persona. Hay, por tanto, una parte de la vida que no depende de uno mismo.
Lejos de presentar esa idea como una forma de resignación, el psicólogo la utilizó para reforzar un mensaje de responsabilidad. Si el azar existe, dijo, no por ello deja de ser esencial preguntarse qué queremos hacer con el tiempo que nos queda por vivir. La vida, afirmó, es siempre lo que queda por delante, no solo lo ya vivido.
Frente a la nostalgia o la tentación de culpabilizar al pasado, Urra propuso orientar la mirada al presente y al futuro. Las piedras del camino, recordó, son inevitables. La cuestión no es si aparecerán, sino qué hacemos cuando nos encontramos con ellas: detenernos, sortearlas o seguir avanzando.
Ese mensaje conecta con una visión de la existencia en la que la queja no puede ocupar el lugar de la acción. No todo depende de los padres, de la pareja, de los hijos, de los compañeros o de los vecinos. También hay una parte de la vida que corresponde a cada uno, a sus decisiones y a su manera de asumir lo que le toca.
Con su tono cercano y reflexivo, Javier Urra cerró la intervención recordando que se dirigía a personas a las que quizá no conocerá jamás, pero que resultan esenciales para entender el sentido de ese pódcast. Desde Siena, dejó una invitación clara: pensar la vida como un espacio compartido entre lo que heredamos, lo que nos ocurre y lo que elegimos hacer con ello.
¿Qué queremos hacer con la vida? Esa fue, en el fondo, la pregunta que dejó suspendida en el aire. Y también la respuesta implícita: vivirla con conciencia, con responsabilidad y sin olvidar que, al final, cada persona es también autora de su propio relato.