Ni alarmismo ni ingenuidad: cómo educar en lo digital sin perder el foco humano

Edelvives reúne a expertos del ámbito escolar, universitario e institucional para analizar cómo integrar la tecnología en las aulas sin sacrificar el bienestar. La mesa, moderada por Elena Casero, puso el foco en la gestión ética de la conectividad, el acompañamiento a la adolescencia y la corresponsabilidad entre escuela y familia.
MagisterioJueves, 5 de marzo de 2026
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Edelvives ha impulsado una mesa redonda para abordar el impacto de los dispositivos en el ecosistema escolar contemporáneo.

La escuela vive un cambio de época: la tecnología ya no es un “extra” que se añade a la metodología, sino una condición de entorno. Eso obliga a replantear decisiones pedagógicas y organizativas con una idea clara: el objetivo no es tener más dispositivos, sino lograr mejor aprendizaje y mejor bienestar.

Con esa premisa, Edelvives ha impulsado una mesa redonda para abordar el impacto de los dispositivos en el ecosistema escolar contemporáneo. Moderado por Elena Casero, directora de Comunicación de Siena Educación, el encuentro buscó construir una mirada amplia, con voces que representaran toda la comunidad y aportaran criterio compartido.

Entre los participantes, Carlos Magro, presidente de la Asociación Educación Abierta, e Isaac Pinto, coordinador de Transformación Digital de Maristas Ibérica, pusieron el acento en la perspectiva pedagógica y en la necesidad de alinear herramientas con finalidades educativas. A su lado, Óscar Vázquez Mínguez (Salesianos Atocha) aportó visión de centro; Laura Cuesta Cano (Universidad Camilo José Cela), marco académico; y la abogada Leticia Mata, el prisma de los derechos de los menores. Cerró el panel Alejandro Cebrián, director general de Edelvives España, subrayando el papel de las editoriales en una innovación con vocación humanista.

Conectividad universal, reto educativo

El diálogo arrancó por un dato que ya casi damos por sentado: España disfruta de un acceso a internet muy extendido. Y, precisamente por eso, la conversación se movió desde la “disponibilidad técnica” hacia la responsabilidad educativa: el desafío no es entrar en el mundo digital, sino habitarlo con conciencia, con propósito y con reglas claras.

En paralelo, los ponentes advirtieron de un riesgo silencioso: cuando la conectividad es constante, también lo es la tentación de usar tecnología sin un para qué. La clave, insistieron, está en diseñar usos coherentes con el currículo, con las edades y con los ritmos escolares, para que la digitalización no se convierta en ruido permanente ni en burocracia digital.

Salud mental adolescente: rigor frente a alarmas

Uno de los puntos que más interés despertó fue la relación entre tecnología y salud mental en la adolescencia. El mensaje, en este caso, fue de calma y de rigor: se pidió huir de explicaciones simples y de conclusiones automáticas, apoyándose en la evidencia disponible y en informes de referencia. En esa línea, resultó útil enmarcar la conversación en enfoques como los que se abordan en “Aprendizaje digital y bienestar: el yin y el yang”.

A partir de ahí, el debate permitió aterrizar una idea relevante para las aulas: incluso cuando no hay una relación “mecánica” entre pantallas y malestar, sí existe una responsabilidad escolar (y familiar) sobre hábitos, descansos, socialización y acompañamiento. Es decir, el foco no puede ser solo el “tiempo de uso”, sino el sentido del uso y la calidad del contexto.

Bienestar digital: corresponsabilidad escuela-familia

La mesa remarcó que el bienestar digital no se decreta: se construye con acuerdos y con cultura compartida. Eso implica que el centro no puede actuar solo, ni la familia puede delegar por completo. Cuando escuela y hogar se coordinan, resulta más fácil fijar límites razonables, prevenir riesgos y sostener rutinas que protejan el sueño, la atención y la convivencia.

También se defendió el derecho del alumnado a la alfabetización digital: formar ciudadanos críticos, capaces de comprender su huella, gestionar su privacidad y diferenciar información de desinformación. En ese punto, se insistió en que educar digitalmente no es solo “usar plataformas”, sino desarrollar criterio ético y competencia cívica.

Docentes y familias como faros

La conclusión fue esperanzadora y, a la vez, exigente: la tecnología en el aula no debe ser un fin, sino un medio potente para personalizar el aprendizaje y preparar a los estudiantes para un mundo hiperconectado. Para que esa promesa no se vuelva contra la escuela, la receta pasa por formación continua, liderazgo pedagógico y diálogo constante entre agentes.

En definitiva, la jornada deja un mensaje nítido: el futuro digital en el aula se juega en el equilibrio. Un equilibrio entre innovación y cuidado, entre oportunidades y límites, y entre la potencia de las herramientas y la centralidad de la persona. Edelvives, con iniciativas de este tipo, reafirma su compromiso con una vanguardia que no solo aporta recursos, sino que promueve el pensamiento crítico necesario para utilizarlos con sentido y con éxito.

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