¿Hablas conmigo… DECINE? con Nacho G. Velilla, director de "Por cien millones"

En una nueva sesión de ¿Hablas conmigo… DECINE?, el director y cocreador de la serie "Por cien millones" Nacho G. Velilla.
Diego Moreno-ArronesMiércoles, 8 de abril de 2026
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Mientras la comedia mira al dolor

La charla junto a José María Aresté, Director de Decine21, es una retrospectiva a toda la obra del director. Velilla explicó que su obra ha ido desplazándose hacia historias con un trasfondo real y un conflicto humano reconocible, sin abandonar el humor. De las comedias más alocadas de sus inicios a títulos recientes como Menudas piezas o Por cien millones, su cine parece buscar ahora un punto de equilibrio entre la emoción, la ironía y la observación de personajes que se equivocan, pero nunca dejan de ser verosímiles.

Ese giro no es casual. El director defendió una idea de comedia que bebe de la tradición española e italiana, de las películas capaces de hacer reír y doler en una misma escena. Citó, de forma implícita, esa escuela de tragicomedia clásica en la que la sonrisa no anula la herida, sino que la hace más comprensible. En su caso, ese pulso se ha convertido en una constante artística y en una firma narrativa cada vez más depurada.

El secuestro de Quini, entre el rigor y el absurdo

La conversación se detuvo en Por cien millones, la miniserie de tres capítulos en Movistar que reconstruye el secuestro de Quini, un episodio que marcó a la sociedad española en 1981. Velilla insistió en que no se trataba de trivializar una tragedia, sino de comprender cómo una intrahistoria llena de torpezas, improvisaciones y decisiones disparatadas terminó configurando una historia increíble pero real. Ahí nació el difícil equilibrio entre respeto y humor.

El realizador explicó que el proyecto exigió una documentación muy intensa. Habló de periodistas, policías, familiares y personas del entorno de los secuestradores, además de un trabajo conjunto con Oriol Capel, coguionista y cómplice creativo desde hace años. Ese proceso, dijo, fue clave para dar con el tono adecuado: nada grotesco, nada impostado, pero sí una mirada capaz de extraer humanidad de un caso tan doloroso como rocambolesco.

La serie, además, le permitió explorar una estructura muy definida en tres capítulos, algo que encajaba con su gusto por el formato miniserie. Velilla reconoció que las historias largas le fatigan, mientras que los relatos cerrados, compactos y precisos le resultan especialmente atractivos. En ese sentido, ‘Por cien millones’ funciona como un ejemplo de narración contenida, donde cada bloque responde a una fase del suceso y donde la tensión dramática convive con una respiración casi de comedia coral.

Zaragoza como plató emocional

Otro de los grandes temas de la entrevista fue el uso de Zaragoza como espacio cinematográfico. El director explicó que muchas localizaciones nacen de un recuerdo íntimo, pero luego se completan gracias al trabajo de arte, fotografía y efectos visuales. El Paraninfo, por ejemplo, acabó transformado en un colegio de élite, mientras que otros espacios de la ciudad se redibujaron digitalmente para reconstruir los años ochenta con precisión y sin perder credibilidad.

Velilla también subrayó la importancia del acento aragonés, un asunto que trató con especial cuidado para evitar estereotipos. La intervención de Jorge Asín fue decisiva, y el trabajo de conjunto permitió alcanzar un registro cercano al de su memoria familiar y urbana, sin caer en la caricatura. Esa atención al detalle refuerza una idea central de la conversación: para Velilla, el humor solo funciona cuando nace de una observación exacta de la realidad.

Comedia, crítica y legado

La entrevista cerró con una reflexión amplia sobre el lugar de la comedia en el cine español. Velilla lamentó que, a menudo, la crítica trate este género con una cierta condescendencia, pese a que muchas de las grandes obras del cine nacional son, precisamente, comedias. Citó ejemplos que forman parte del imaginario colectivo y defendió que hacer reír con verdad exige una complejidad enorme, tanto en la escritura como en la dirección de actores.

En su mirada, la comedia no es un territorio menor, sino un espacio de precisión técnica y sensibilidad emocional. De ahí que reivindique títulos como Atraco a las tres o las películas de Fernando Fernán Gómez como modelos de equilibrio entre ingenio, ternura y observación social. La conversación deja, al final, una certeza clara: Nacho Velilla no ha dejado la comedia, la ha afinado hasta convertirla en una herramienta más ambiciosa, más madura y también más arriesgada.

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