“Me dio una bofetada en clase”: El aumento de las agresiones físicas contra docentes en España
El 12,5% de los profesores de España asegura haber experimentado agresión física. © ADOBE STOCK (IA)
Imagina que eres profesor. Un día estás dando clase y, a la hora del recreo, te acercas a un grupo para preguntarles por una alumna que falta con frecuencia. Nada fuera de lo habitual. Días después, esa misma estudiante, que ese día sí ha acudido al centro, te increpa diciendo “quién te crees para preguntar por ella” y te amenaza con que su familia va a “darte una paliza”. Tras varios comentarios ofensivos, y después de haber tenido que interrumpir la clase varias veces, decides que lo mejor es que salga fuera del aula. Minutos más tarde, vuelve a entrar. Se acerca a ti y, sin previo aviso, te da una bofetada.
Esta es la situación, que narra un docente de Secundaria – prefiere no dar su nombre por seguridad – de un centro de la Comunidad de Madrid. Aunque podría parecer excepcional, se repite de forma recurrente; el 12,5% de los profesores de España asegura haber experimentado agresión física, según el informe ¡Ya está bien! Por la dignificación de la labor docente publicado por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF).
Una radiografía de la docencia en España
El informe publicado por el CSIF se basa en una encuesta realizada a más de 7.500 docentes de toda España en centros públicos de Enseñanza Infantil, Primaria, Secundaria, Formación Profesional, centros de régimen especial (conservatorios, escuelas de arte y de idiomas) y centros de Educación Especial con el fin de conocer y profundizar en las situaciones que se viven de forma diaria en el aula y la falta de respaldo que siente el profesor.
“Los docentes señalan una pérdida de reconocimiento social y profesional (72,2%) y un menoscabo de su autoridad en los centros educativos. Además, el 65,7% del profesorado percibe que el alumnado no muestra el respeto ni el comportamiento adecuado en el aula”, señala Mario Gutiérrez, presidente del sector nacional de educación de CSIF, en declaraciones a MAGISTERIO.
Algunos de los factores estructurales que contribuyen a este clima son la sobrecarga de trabajo por la burocracia (97,2%) y las elevadas ratios de alumnos por clase. “Estos datos confirman la tesis de que las administraciones no ponen los medios adecuados para reforzar la autoridad docente y la necesidad de atender a la diversidad creciente”, asegura Mario.
“Cada vez hay menos respeto hacia el profesorado”
El 53% del profesorado que ha sufrido algún tipo de agresión señala la violencia verbal como la más habitual: insultos, gritos o comentarios despectivos que forman parte del día a día. A esto se suman las faltas de respeto reiteradas del alumnado (30,1%) y, en menor medida, los conflictos con las familias (18,6%), que en ocasiones trasladan la confrontación al propio centro educativo.
El docente entrevistado lo confirma: “Cada vez hay menos respeto hacia el profesorado. Las malas contestaciones, los comentarios fuera de lugar o incluso la forma de dirigirse a ti;”. ‘Tío’ y ‘Bro’ (abreviatura del inglés brother, hermano) “forman parte de la rutina”.
Una situación que afecta al futuro de la profesión
Por su parte, como se indicaba al principio del artículo, el 12,5% de los docentes asegura haber sufrido agresiones físicas por parte del alumnado. Aunque se trata del tipo de violencia menos frecuente, es también el más grave y el que mejor refleja el deterioro de la convivencia en algunos centros educativos.
“En contextos específicos como Melilla, la agresión física llega a ser reportada por el 91,5% de los docentes agredidos. Estos datos pueden enriquecerse con los testimonios que recibimos en el servicio CSIF Ayuda Profes, donde se repiten situaciones como insultos, empujones o incluso salivazos”, cuenta Mario, que señala cómo la situación afecta al futuro de la profesión docente.
“El desgaste, la falta de reconocimiento y las condiciones laborales están provocando una pérdida de atractivo de la docencia. Nueve de cada diez profesores consideran que su salario no se corresponde con la responsabilidad y la carga de trabajo que asumen”. Este desencanto ya tiene consecuencias visibles, como la dificultad para cubrir plazas en determinadas especialidades, especialmente en áreas como ciencias, tecnología o Formación Profesional.
Desde CSIF apuntan a una pérdida progresiva del reconocimiento social y profesional de la figura del docente, así como a un debilitamiento de su autoridad dentro del aula. En la encuesta el 90% de los encuestados manifiestan una sensación de abandono y desprotección.
Además, los docentes denuncian carencias en la preparación para afrontar estas situaciones: el 53,6% señala la falta de un respaldo claro por parte de la Administración y el 54,2% considera que no cuenta con formación adecuada para gestionar conflictos en el aula. De hecho, el docente entrevistado cuenta que él nunca había escuchado a ningún compañero decir que había sufrido una agresión física y que se limitó a “seguir el procedimiento que marca el centro”.
Tras el incidente, la dirección abrió un expediente a la alumna y se acordó una expulsión de 21 días, después de que pidiera perdón públicamente, y que profesor y alumna no volvieran a coincidir en el aula. Aun así, reconoce que la experiencia le dejó cierta inseguridad: “Ahora, de forma inconsciente, pienso que me puede volver a pasar”, así que “me muestro más firme ante actitudes desafiantes o provocadoras en el aula”.
Protocolos de convivencia “inútiles” o “inadecuados”
Así lo considera el 97,8% de los docentes. Las principales críticas son que resultan demasiado amplios, están poco adaptados a la realidad del aula y carecen de un enfoque práctico para el día a día, lo que genera una profunda inseguridad en el ejercicio de sus funciones.
“Esta percepción que refleja la encuesta es muy grave y es que independientemente del contenido mismo de los protocolos si quien tiene que aplicarlo no lo perciben positivo no tienen ninguna eficacia práctica”, confirma Mario.
Este deterioro no se produce de forma aislada, sino en un contexto marcado por cambios sociales, educativos y familiares. El profesorado se enfrenta a aulas más diversas, a nuevas formas de comunicación y a una mayor exposición a influencias externas como las redes sociales, que también impactan en la forma en la que los alumnos se relacionan con la autoridad.
Medidas urgentes: autoridad, ratios y apoyo
Ante este escenario, las demandas del profesorado son claras. Entre las principales medidas destacan el refuerzo de la autoridad docente, la reducción de ratios y la disminución de la carga burocrática.
También se reclama un aumento del personal especializado para atender la diversidad del alumnado, así como una formación más práctica para afrontar situaciones reales en el aula. “Se están normalizando muchas situaciones. Antes una falta de respeto era algo puntual; ahora es habitual”, denuncia el docente entrevistado.
Por su parte, desde el CSIF señalan el papel de las familias como otro factor clave. “Solo el 17,8% del profesorado percibe un apoyo claro por su parte, mientras que una parte de los conflictos tiene su origen o se amplifica en este ámbito”.
A pesar de todo, la vocación se mantiene
A pesar de las dificultades, la vocación sigue siendo un motor clave para muchos profesores. “Nos centramos mucho en lo negativo, pero lo mejor es el vínculo con los alumnos”, explica el docente. “Cuando un alumno te dice que le ha gustado tu clase o ves cómo crece, personal y académicamente, ese es el verdadero premio”.
Una motivación que convive con un contexto cada vez más exigente y que, según advierten desde CSIF, requiere una respuesta urgente para garantizar el presente y el futuro del sistema educativo.
