Ocho colegios catalanes del entorno del Opus Dei abandonan la concertada "para preservar su proyecto"
Colegio Les Alzines, de Girona, uno de los tres centros de Institució Familiar d’Educació que pasarán a ser centros privados en septiembre.
Ocho colegios vinculados al Opus Dei en Cataluña han decidido renunciar este marzo a la renovación del concierto educativo y pasar a ser privados a partir de septiembre, coincidiendo con el inicio del curso 2026-27. La medida afecta a centros de dos grandes redes educativas y responde, según explican desde estas instituciones, a la voluntad de preservar su proyecto pedagógico ante un marco autonómico que consideran cada vez más restrictivo.
Los responsables de los colegios insisten en que la decisión no busca excluir a nadie, sino proteger una propuesta educativa concreta y respetar los derechos de las familias que la han elegido. En su opinión, el actual sistema de conciertos altera el equilibrio del proyecto y acaba introduciendo en las aulas alumnado que no siempre comparte esa opción pedagógica, algo que, aseguran, puede afectar al clima escolar.
Entre los colegios que dejarán de ser concertados figuran Les Alzines, La Farga y La Vall, pertenecientes a Institució Familiar d’Educació. A ellos se suma Canigó, integrado en Fomento de Centros de Enseñanza, además de Xaloc, Pineda, Viaró y Bell-lloc.
Se trata de una red de centros con trayectoria consolidada en distintas comarcas catalanas, algunas con comunidades escolares muy estables. La transición a la enseñanza privada afectará al alumnado, las familias y el profesorado, aunque las direcciones aseguran que el objetivo es garantizar continuidad y evitar cambios bruscos en la vida de los colegios.
Las instituciones sostienen que cada centro ha analizado su situación concreta antes de tomar la decisión. No todos partían del mismo punto ni tienen la misma estructura, pero en todos los casos han llegado a la misma conclusión: el concierto actual limita su capacidad para desarrollar el proyecto con libertad.
La principal razón esgrimida por los centros es que el sistema de conciertos en Cataluña se ha vuelto «muy restrictivo» y deja poco margen para organizar la oferta escolar según las prioridades de cada proyecto. Entre los aspectos que más critican mencionan la zonificación, los criterios de admisión y la escasa flexibilidad para responder a la demanda de las familias.
Según su interpretación, el modelo vigente condiciona demasiado la planificación y reduce la posibilidad de que las familias elijan centro en función de una propuesta pedagógica concreta. Los colegios subrayan además que «el sistema catalán no tiene nada que ver con el de Madrid», donde, dicen, existe mucha más libertad de elección de centro y más margen para que las familias escojan de acuerdo con su preferencia educativa.
En Cataluña, añaden, el concierto acaba imponiendo reglas que no siempre encajan con la organización interna de estos centros. En algunos casos, explican, «cerca del 50% del alumnado llegaba por el propio mecanismo de admisión del concierto y no se identificaba con el proyecto educativo», una situación que consideraban un trastorno para el clima escolar y para la coherencia del centro.
El otro gran motivo de la decisión es la voluntad de mantener la educación diferenciada en los colegios que la aplican. Desde los centros sostienen que este modelo resulta difícilmente compatible con el régimen de concierto actual y que «el paso a la privada les permitirá conservar su proyecto educativo sin renunciar a su propuesta pedagógica».
Los responsables de estos colegios argumentan que la diferenciación por sexos forma parte de una metodología con la que llevan años trabajando y que, a su juicio, ha dado buenos resultados académicos y de convivencia. En su planteamiento, no se trata de excluir, sino de ofrecer una manera concreta de educar que consideran coherente con su ideario y con las expectativas de las familias que la escogen.
La decisión también tiene una lectura institucional. Al salir del sistema concertado, estos centros buscan reforzar su autonomía para definir admisiones, organización académica y relación con las familias, sin quedar sujetos a un marco que consideran demasiado limitador.
La transición no será idéntica en todos los centros. Las direcciones han revisado la viabilidad económica y la situación de cada comunidad escolar antes de tomar la decisión, con el objetivo de garantizar la continuidad del proyecto. Y añaden, «la respuesta de las familias ha sido positiva y se confía en que el nuevo modelo permita sostener la actividad sin depender del concierto».
Ese análisis individual ha sido clave para fijar los tiempos y la forma de aplicar el cambio. Aunque la renuncia al concierto se ha formalizado ahora, el proceso de adaptación se desplegará de forma gradual para minimizar el impacto en alumnado y profesorado. La prioridad, recalcan, es que la transición sea ordenada y que no altere el funcionamiento cotidiano de las aulas.
