Pedro Huerta advierte de un posible intento de debilitar la concertada

Pedro Huerta, secretario General de Escuelas Católicas, cargó con dureza contra la falta de avances en la financiación de la escuela concertada durante la asamblea de la patronal, donde denunció que llevan 20 años esperando el estudio del coste del puesto escolar y advirtió de que, sin respuestas, algunos han llegado a pensar que se busca debilitar o incluso eliminar esta red educativa.
José Mª de MoyaJueves, 16 de abril de 2026
0

Pedro, Huerta, Secretario General de Escuelas Católicas durante su crítica intervención en la asamblea.

La asamblea general de Escuelas Católicas dejó este año un mensaje nítido: la red concertada reclama hechos y no solo buenas palabras. En una intervención larga y especialmente crítica, Pedro Huerta situó en el centro del debate la financiación, la sostenibilidad de los centros y la necesidad de que la Administración concrete de una vez el coste real del puesto escolar, una demanda que, recordó, llevan 20 años esperando.

Pedro Huerta aprieta al Ministerio

Huerta, secretario general de Escuelas Católicas, agradeció la presencia de representantes de la Administración y del resto de entidades del sector, pero no tardó en pasar a las exigencias concretas. Recordó que desde 2006 reclaman la puesta en marcha de una comisión que estudie el coste real del puesto escolar y lamentó que, tras dos décadas de espera, siga sin resolverse una cuestión que considera esencial para la viabilidad de la red concertada.

En su mensaje, el dirigente fue más allá y advirtió de que la falta de respuesta institucional ha llevado a muchos centros a pensar que existe una voluntad de debilitamiento progresivo. Incluso confesó que en algún momento han llegado a sospechar que se trata de una estrategia para asfixiar a la concertada y hacerla desaparecer, una idea que expresó con contundencia para subrayar la gravedad del bloqueo.

También denunció que el Ministerio no publica desde hace varios años los módulos de conciertos con la actualización necesaria, especialmente en lo relativo a gastos variables, salario, seguridad social y otros costes. A su juicio, esa insuficiente revisión económica compromete la estabilidad de los colegios y agrava la incertidumbre en un contexto marcado por el descenso de la natalidad y por unos cambios normativos que, según señaló, llegan sin medios suficientes.

Huerta añadió otro frente de preocupación: la burocracia. Definió la carga administrativa como el gran ladrón del tiempo educativo y aseguró que muchos centros se han convertido en registros permanentes de las consejerías y delegaciones. También alertó de que los protocolos se multiplican sin que se libere al profesorado de tareas ajenas a su misión principal, que es enseñar y acompañar.

Una pluralidad sin concreción

Pese al tono reivindicativo, Huerta también dedicó parte de su intervención a reconocer un cambio de discurso que consideró positivo. Aplaudió que la nueva ministra haya defendido la pluralidad como elemento esencial del sistema educativo, algo que, dijo, Escuelas Católicas lleva tiempo reclamando. Pero inmediatamente matizó que esa pluralidad debe traducirse en respeto real a los proyectos educativos con identidad propia y en una libertad efectiva para las familias.

En esa línea, pidió que no se pongan trabas económicas ni administrativas a la elección de centro y defendió medidas como las becas para servicios complementarios, entre ellas comedor, transporte o actividades extraescolares. Para Huerta, la concertada aporta valor al sistema, atiende a la diversidad y representa a millones de familias, por lo que reclamó que su voz no quede silenciada en el debate público.

El secretario general cerró ese bloque con una defensa explícita del pacto educativo global impulsado por el Papa Francisco y con una apelación a seguir construyendo alianzas dentro y fuera de la Iglesia. Su tesis fue clara: la escuela católica quiere dialogar, pero no renunciará a defender sus opciones educativas ni a exigir las condiciones necesarias para sostenerlas.

Javier Rodríguez Torres reconoce, pero no concreta
Javier Rodríguez Torres, director general de planificación y gestión educativa del Ministerio de Educación.

En la misma sesión intervino Javier Rodríguez Torres, director general de planificación y gestión educativa del Ministerio de Educación, quien optó por un tono conciliador. Elogió de forma expresa la labor que realiza la escuela concertada y aseguró que el Ministerio comparte con ella objetivos fundamentales, como la inclusión, la calidad educativa, la atención a la diversidad, la digitalización y el bienestar emocional del alumnado.

Rodríguez Torres subrayó además que la concertada cumple una función relevante en territorios diversos y que contribuye a la igualdad de oportunidades. También valoró el papel de las familias, la formación continua del profesorado y la importancia de avanzar en cooperación leal entre administraciones, centros y comunidad educativa.

Sin embargo, su intervención no descendió al terreno de las medidas concretas. Hubo reconocimiento, sintonía y voluntad de diálogo, pero sin anuncios específicos de apoyo ni compromisos verificables sobre financiación, módulos de concierto o reducción de cargas burocráticas. La sensación que quedó en la sala fue la de un respaldo verbal amplio, aunque todavía sin traducción práctica.

Alfonso Carrasco y la búsqueda de sentido
Alfonso Carrasco, presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura.

La reflexión de fondo sobre la misión de la escuela católica llegó en una mesa compartida por don Alfonso Carrasco, presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura; monseñor Luis Ángel de las Heras, presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada; y Teresa Vives, presidenta de Escuelas Católicas, que se presentaba por primera vez en la asamblea tras acceder al cargo.

Carrasco agradeció el trabajo de Escuelas Católicas y destacó que su tarea es un gesto de comunión eclesial, además de una forma concreta de responder a la misión educativa con escucha, diálogo y esperanza. Uno de los pasajes más relevantes de su intervención fue el dedicado al auge de la espiritualidad, especialmente entre los jóvenes.

Carrasco interpretó ese resurgir como un signo de búsqueda profunda, una inquietud personal que no se conforma con respuestas superficiales ni con discursos cerrados. Según explicó, muchos jóvenes no aceptan que se les censuren sus deseos y buscan una verdad capaz de dar sentido a su vida.

Desde esa perspectiva, defendió que la escuela católica tiene algo valioso que ofrecer: una respuesta a las preguntas fundamentales de la persona. Insistió en que la fe en Cristo no aparta del mundo, sino que permite situarse en él con mayor claridad, y reivindicó la centralidad de la persona, la libertad y la vocación como ejes de la educación cristiana.

Carrasco también habló de la escuela como espacio de respuesta y esperanza, un lugar donde la búsqueda humana encuentra horizonte y no queda sin destino. Y remató su mensaje con una idea muy presente en toda la jornada: la educación católica quiere seguir siendo buena noticia, no solo para sus centros y familias, sino para una sociedad que, en su opinión, necesita con urgencia sentido, diálogo y propuestas de futuro.

0
Comentarios