Santiago Romero defiende una digitalización con criterio y evidencia

En el nuevo capítulo de La charleta Educativa, Santiago Romero, director general de ANELE, defiende que la educación necesita estrategia, liderazgo y evidencia, y no una simple acumulación de pantallas.
José Mª de MoyaMartes, 7 de abril de 2026
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La conversación con Santiago Romero arranca con una idea tan clara como incómoda: la escuela del futuro tendrá que adaptarse a una bajada de la escolaridad marcada por el descenso de la natalidad, pero no por ello renunciar a la calidad ni a la pluralidad de contenidos. Desde ANELE, el diagnóstico es prudente y, al mismo tiempo, optimista: habrá menos alumnado, sí, pero también más necesidad de afinar los proyectos educativos y de apostar por materiales sólidos, pensados para enseñar mejor.

La charla se detiene pronto en uno de los debates más vivos del momento, el de las pantallas en las aulas. Romero insiste en que digitalizar no es colocar dispositivos sobre la mesa, sino construir un proceso con estrategia, apoyo al docente, liderazgo de centro y evaluación constante. A su juicio, no debe confundirse el problema que algunas familias viven en casa con el uso pedagógico que se hace en el aula, donde —si está bien diseñado— el recurso digital puede tener sentido y utilidad.

Las segundas partes también importan

En ese mismo hilo, el responsable de ANELE recuerda que la digitalización educativa ha tenido un desarrollo irregular y tardío en España, y que en demasiadas ocasiones se confundió innovación con novedad. El resultado, explica, fue una implantación poco estable, con expectativas que no siempre se tradujeron en mejoras reales de aprendizaje. Frente a eso, reivindica la necesidad de basarse en datos, en teorías del aprendizaje y en experiencias que puedan medirse de verdad.

Romero también se muestra crítico con la idea de que basta con convertir un libro en un PDF para hablar de transformación. Para él, un libro de texto no es solo un objeto comercial, sino el resultado de un trabajo amplio y especializado en el que intervienen profesionales de la educación, la edición, la didáctica y la selección de contenidos. Esa mirada, subraya, convierte al manual en una herramienta de acompañamiento al docente y en una pieza más de un proyecto educativo más ambicioso.

El valor del papel y la fatiga digital

La entrevista deja también una idea que atraviesa a muchas familias y centros: el papel no ha desaparecido porque, en muchos casos, sigue ofreciendo una experiencia de lectura más reposada. Romero habla de una fatiga digital visible en adolescentes y jóvenes, que a menudo prefieren el libro impreso para estudiar o leer con calma, aunque luego vivan en entornos plenamente digitales para comunicarse y relacionarse. Esa convivencia entre formatos, sostiene, no es una contradicción, sino una señal de que el uso de cada soporte debe responder a una necesidad concreta.

La charla entra después en uno de los terrenos más delicados: la libertad de cátedra y la elección de materiales. ANELE defiende que el profesor debe decidir qué recursos usa en su aula y que esa decisión debería atender a criterios pedagógicos, no solo económicos. En el fondo, la conversación cuestiona los proyectos que imponen un único material por razones de coste o de uniformidad y reivindica el papel del docente como profesional capaz de escoger lo que mejor se ajusta a su alumnado.

Calidad, IA y propiedad intelectual

Otro de los asuntos que sobrevuela la charla es la llegada de la inteligencia artificial al trabajo docente. Romero no niega su potencial, pero advierte de que su uso en educación exige más vigilancia todavía: calidad de los contenidos, trazabilidad, adecuación curricular y respeto a la propiedad intelectual. En ese punto, ANELE reclama estándares claros y controles que garanticen que lo que llega al aula responde a unos mínimos compartidos.

El episodio termina con una defensa nítida de la edición educativa como sector estratégico. Frente a la imagen simplificada del libro como un mero producto, Romero recuerda que detrás hay investigación, selección, diseño y una vocación explícita de mejorar el aprendizaje. En un momento de cambios demográficos, tensiones tecnológicas y debates sobre la gratuidad o la renovación de materiales, la entrevista deja una conclusión serena: el futuro de la escuela no se jugará en la cantidad de pantallas, sino en la calidad de las decisiones pedagógicas.

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