Boris Walbaum, fundador de Forward College: "La universidad se juega su futuro si no enseña a pensar en la era de la IA"
La inteligencia artificial no ha venido a sustituir las habilidades técnicas, sino a acelerar una diferencia mucho más decisiva: la que separa a quienes saben pensar con criterio de quienes no. Esa es la tesis que defiende Boris Walbaum, autor de 'La excelencia no es lo que crees'.
La llegada de la inteligencia artificial está obligando a repensar el papel de la universidad. Y, para Boris Walbaum, autor de La excelencia no es lo que crees, el diagnóstico es tan claro como incómodo: si la educación superior no cambia de rumbo, corre el riesgo de quedarse obsoleta en muy poco tiempo. La tesis del directivo es contundente: la IA no debe entenderse como una skill más, sino como una tecnología que elimina barreras técnicas y deja al descubierto lo verdaderamente diferencial. Según su planteamiento, la ventaja no está en usar herramientas inteligentes, sino en saber formular mejores preguntas, razonar con más claridad y sostener un juicio propio en un contexto de información abundante.
Walbaum advierte de que el modelo universitario sigue, en gran medida, anclado en la transmisión de conocimiento, justo cuando ese conocimiento ya es accesible, barato y automatizable. En ese nuevo escenario, el valor educativo se desplaza hacia la interacción humana, la experiencia y la capacidad de desarrollar habilidades que no pueden delegarse en una máquina. El libro conecta además con una preocupación muy concreta: el acceso del talento joven al mercado laboral. La automatización está afectando sobre todo a tareas cognitivas estándar, desde el análisis hasta la redacción o la programación, lo que tensiona el primer empleo y pone bajo presión a perfiles que, hasta ahora, parecían especialmente protegidos por su formación académica.
Walbaum advierte de que el modelo universitario sigue, en gran medida, anclado en la transmisión de conocimiento, justo cuando ese conocimiento ya es accesible, barato y automatizable
Frente a ese escenario, Walbaum propone reforzar las llamadas habilidades profundas. Su propuesta se articula en cuatro dimensiones: la cognitiva, con pensamiento crítico y capacidad de aprender; la emocional, con resiliencia y gestión de la incertidumbre; la social, basada en comunicación y colaboración; y la práctica, centrada en tomar decisiones en contextos reales e inciertos. No se trata, insiste, de aprender teoría sobre esas competencias, sino de cultivarlas en entornos de experiencia e interacción. Esa es, a su juicio, una de las grandes carencias del sistema actual: formar para responder a exámenes, pero no siempre para actuar con criterio cuando no hay una respuesta única ni un escenario previsible.
Lejos de plantear un rechazo a la tecnología, el fundador de Forward College defiende una educación híbrida. En ese modelo, la IA asumiría una parte del aprendizaje individual —conceptos, práctica, feedback— mientras que el tiempo presencial se reservaría para el debate, la creatividad y la cooperación. Es el enfoque conocido como «flipped learning», que busca liberar la clase de tareas repetitivas para concentrarla en lo más humano.
La reflexión va incluso más allá del empleo. Walbaum alerta de un posible deterioro de las relaciones humanas, de una mayor dependencia tecnológica en los procesos de pensamiento y de un aislamiento social difícil de medir a corto plazo. Por eso, su propuesta no consiste en adaptar la educación a la IA, sino en redefinir qué significa formar a una persona capaz de pensar, relacionarse y decidir en un mundo dominado por máquinas. En ese contexto, la pregunta ya no es qué tecnología debe entrar en las aulas, sino qué tipo de seres humanos queremos preparar para un futuro que nadie puede predecir con exactitud.
