La escuela católica madrileña agradece la financiación, pero rechaza que la Administración diseñe el centro
Momento de refrigerio de la III Asamblea de Escuelas Católicas de Madrid, celebrada en el emblemático colegio Sagrado Corazón Chamartín (Madrid).
La escuela concertada madrileña ha vuelto a situar sobre la mesa una petición clara: más recursos, sí, pero también más autonomía para decidir cómo se organizan los centros. En la III Asamblea de Titulares y Directores de ECM, Emilio Díaz trasladó al viceconsejero de Educación que la mejora de la dotación económica es bienvenida, siempre que no se altere el modelo de funcionamiento ni se invada la capacidad de decisión de cada colegio. La idea, resumida en una frase, es que la Administración aporte financiación, pero no sustituya a los equipos directivos en la gestión cotidiana.
Díaz defendió que la mejora de la orientación en Primaria es una buena noticia, pero insistió en que el sistema debe preservar el diseño actual de los departamentos de orientación y de la función directiva. Según explicó, la dotación pública debe seguir siendo finalista, de manera que cada centro pueda contratar y organizar los recursos del modo que considere más útil. En ese sentido, advirtió de que no quieren volver a un esquema en el que la orientación dependía de equipos externos, con visitas puntuales y poca capacidad de respuesta. Esa misma defensa de la autonomía ya la ha expresado en otras intervenciones públicas, como en este artículo de Magisterio sobre la norma antipantallas: la norma antipantallas invade la autonomía y la capacidad de dirección de los centros.
El mensaje trasladado a la Consejería fue, en palabras del propio responsable de ECM, muy sencillo: mejorar la dotación, pero sin tocar el diseño de la figura. La organización considera que esa libertad es la que permite adaptar las horas, los perfiles profesionales y la respuesta a las necesidades reales de cada comunidad educativa. Por eso, subrayan, la cuestión no es solo cuánto dinero llega, sino quién decide cómo se usa y con qué criterios pedagógicos.
La otra gran reivindicación de la jornada llegó con la valoración de la prórroga de los conciertos educativos hasta 14 años. ECM la considera una buena noticia porque aporta estabilidad, pero Emilio Díaz matizó que esa medida, por sí sola, no garantiza nada. A su juicio, la verdadera clave está en que los centros dispongan de autonomía suficiente para llenar las aulas, organizar su oferta y responder a la demanda real de las familias sin interferencias que desfiguren el modelo.
En esa misma línea, el dirigente de la concertada recalcó que la Administración puede reforzar la financiación y ampliar los plazos, pero no debe convertir esas ayudas en una herramienta para redefinir desde fuera el proyecto de cada colegio. La petición, insistió, no es otra que respetar la libertad de organización para que los equipos puedan decidir dónde es más útil cada euro, con especial atención a la orientación y a la dirección de los centros.
La Asamblea se cerró con un tono de agradecimiento crítico: reconocimiento por los avances, pero también una advertencia sobre los límites que no deberían cruzarse. ECM valora la comunicación con la Consejería y el compromiso de seguir dialogando, aunque no oculta que echó de menos a la consejera en un encuentro que, en su opinión, era una ocasión excelente para escuchar de primera mano a los más de 400 directivos presentes. La idea final fue clara: seguir avanzando hacia una escuela libre, plural, equitativa, humanitaria y de calidad, sin perder la autonomía que, según la organización, hace posible la libertad de enseñanza.
