León XIV pide invertir en educación y vuelve a alertar contra las nuevas tecnologías
León XIV reclamó un "cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación”.
En su primer discurso en el Palacio Real, León XIV colocó la «educación libre y de calidad» en el centro de su mensaje y pidió leer el presente desde la responsabilidad compartida. Entre sus palabras, dejó una de las frases más rotundas de la intervención: «necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia«. El Papa unió la escuela, la universidad y la investigación con la tarea de sostener la dignidad humana y la paz.
El pontífice habló de los desafíos que afrontamos juntos como «familia humana», una fórmula con la que quiso subrayar que la convivencia no se construye desde el aislamiento, sino desde la cooperación y el encuentro. En esa misma clave, insistió en que la fe, la cultura y la vida pública se cruzan cuando un país busca estabilidad y prosperidad.
Luego reclamó un «cambio de rumbo» en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, junto con las comunidades locales y la sociedad civil, a las que definió como semillero de participación y mediación cultural. Para León XIV, ese esfuerzo no es accesorio: forma parte de la respuesta que requiere un tiempo marcado por tensiones y simplificaciones.
El pasaje más severo de su intervención llegó al describir las nuevas tecnologías como un «entorno artificial» en el que se ponen a prueba las opciones fundamentales de la persona. Según advirtió, en ese espacio los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita y los intereses prepotentes pueden sembrar «pulsiones de muerte».
Frente a ese horizonte, el Papa defendió la «alfabetización digital» y pidió que la innovación vaya unida a evaluaciones del impacto humano y social, planificación responsable y criterios de dignidad, opción por los pobres, cuidado de la Casa común y paz. Su advertencia no fue una llamada a frenar el progreso, sino a orientarlo para que el bien pueda resistir y comunicarse.
En el cierre de su mensaje, León XIV volvió a la «educación libre y de calidad» como condición para sostener una sociedad capaz de pensar, discernir y convivir. El tono de su discurso fue claro: la escuela, la universidad y la investigación no aparecen como espacios secundarios, sino como piezas esenciales para afrontar los desafíos del presente sin renunciar a la verdad ni a la paz.
Desde esa perspectiva, el primer discurso del Papa en España deja una idea nítida: la «familia humana», la educación y el uso ético de las nuevas tecnologías no son asuntos separados, sino parte de una misma responsabilidad histórica. Y esa responsabilidad, según su propia voz, exige verdad, mediación y una apuesta firme por el bien común.

