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Abandono escolar temprano y modelo productivo

La brecha respecto a la media europea se ha acortado (diferencia de 3,5 puntos en 2024, frente a más de 10 puntos en 2014), pero persisten grandes desigualdades territoriales dentro del país. Las cifras que se aportan en este informe revelan una correlación clara entre la estructura productiva territorial y la propensión al abandono educativo temprano.
Miguel SolerLunes, 6 de julio de 2026
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© ADOBE STOCK

El abandono escolar temprano (proporción de jóvenes de 18-24 años que dejan de estudiar tras la educación obligatoria) ha seguido disminuyendo en España, marcando en 2024 su mínimo histórico del 13%. Esto supone casi la mitad del nivel de hace una década (21,9% en 2014). Aun así, España continúa siendo de los países con mayor abandono de la UE (solo Rumanía presenta cifras superiores). La brecha respecto a la media europea se ha acortado (diferencia de 3,5 puntos en 2024, frente a más de 10 puntos en 2014), pero persisten grandes desigualdades territoriales dentro del país. Las cifras que se aportan en este informe revelan una correlación clara entre la estructura productiva territorial y la propensión al abandono educativo temprano.

Contrastes en España: sectores dominantes y abandono

Las comunidades autónomas con menos abandono suelen caracterizarse por economías orientadas a sectores de mayor cualificación (industria, tecnología, servicios avanzados). En cambio, las que tienen más abandono tienden a depender de sectores de baja cualificación (agricultura, turismo/ hostelería, servicios básicos o construcción), donde abundan empleos accesibles sin estudios avanzados.

En las cifras que recoge Indicadores 2025 destacan el País Vasco (5% de abandono), Navarra (9,9%) y Cantabria (5,5%), comunidades que registran tasas bajas, coincidiendo con un tejido productivo diversificado donde la industria manufacturera y sectores de valor añadido tienen peso. Por el contrario, regiones como Murcia (18,2%) y Baleares (20,1%) presentan los mayores abandonos de España. Estas dos economías dependen en gran medida de trabajos poco cualificados: en Murcia más del 11% de los ocupados trabaja en agricultura, mientras que Baleares concentra cerca del 80% de su empleo en servicios (principalmente turismo y comercio) por lo que muchos jóvenes encuentran trabajo estacional en hostelería sin necesidad de estudios.

En síntesis, las cifras de 2024 confirman que donde abundan empleos accesibles sin estudios (turismo, agricultura, construcción, comercio básico), el abandono escolar temprano tiende a ser mayor. Y a la inversa, las comunidades con más empleos cualificados (industria avanzada, servicios profesionales, tecnología) ofrecen un “freno” al abandono, pues el mercado laboral exige completar más estudios. Esto se evidencia en la fuerte correlación negativa entre la proporción de empleo industrial/tecnológico y la tasa de abandono: las tres CC. AA. más industriales (País Vasco, Navarra, Aragón) están entre las seis con menos abandono, mientras que las tres más dependientes del turismo/ servicios básicos (Baleares, Canarias, Murcia) figuran entre las cuatro con más abandono.

La perspectiva europea: modelos productivos y abandono

A nivel de la Unión Europea, la relación entre modelo productivo y abandono educativo también es patente. La tasa media de abandono temprano en la UE-27 fue de 9,3% en 2024, con diferencias marcadas según cada país. En general, las economías con sectores de alta cualificación y estrategias industriales sólidas exhiben menos abandono, mientras que las economías más rurales o enfocadas en sectores tradicionales tienden a valores mayores (si bien hay excepciones destacables por la influencia de políticas y coyunturas específicas).

Países con tejidos productivos avanzados y mayor peso industrial suelen lograr abandonos muy bajos. Por ejemplo, Polonia, que en los últimos años potenció la industria manufacturera y tecnológica, ha reducido su abandono hasta apenas 4,1%, muy por debajo del promedio. En cambio, Rumanía (16,8%) encabeza el ranking negativo de la UE; su economía sigue siendo de las más tradicionales y rurales de Europa, con cerca de un 20% de empleo agrario (frente al ~4% de la UE), lo que facilita que muchos jóvenes no continúen estudiando para trabajar en el campo o empleos básicos.

Asimismo, países con gran dependencia de sectores turísticos presentan en ocasiones abandonos elevados —por ejemplo, antes de las reformas, Malta e Italia estaban por encima del 10%—, aunque aquí las políticas nacionales pueden invertir la tendencia. Un caso notable es Grecia, que pese a vivir del turismo logró bajar su abandono al 3,0%. Este logro se atribuye en parte a la prolongada crisis económica de 2009-2015, durante la cual el desempleo juvenil alcanzó niveles récord en Grecia, desincentivando el abandono (los jóvenes permanecieron más tiempo estudiando ante la falta de empleo).

En conclusión, los ejemplos europeos confirman una fuerte correlación entre la estructura sectorial del empleo y las tasas de abandono educativo temprano. Un modelo productivo que genere demanda de trabajadores formados “arrastra” a los jóvenes a completar sus estudios, mientras que un modelo con abundantes salidas laborales sin cualificación “empuja” a muchos a abandonar prematuramente los estudios. No obstante, esta relación puede ser modulada por las políticas públicas, la coyuntura económica y factores sociales. Reconocer el vínculo empleo-educación es crucial para diseñar soluciones integrales: no solo educativas, sino también  de  desarrollo  económico regional y de cohesión social, que cierren las “vías de escape” hacia empleos no cualificados.

Propuestas de políticas públicas para reducir el abandono en España

A la luz de los patrones observados, España debe abordar el abandono escolar temprano mediante estrategias coordinadas en los ámbitos educativo y laboral, aprendiendo de las prácticas exitosas en Europa. A continuación, se presentan algunas propuestas específicas, basadas en evidencias y experiencias comparadas, para alinear la formación de los jóvenes con las exigencias del mercado de trabajo y minimizar las “vías de escape” hacia el empleo sin cualificación:

  • 1. Impulsar la Formación Profesional (FP) dual y de calidad: expandir la oferta de FP dual en todas las CC. AA., especialmente en sectores como industria, tecnología, energías renovables y también en la propia hostelería/ turismo. Hay que incentivar fiscalmente a las empresas de modo que ampliar la FP dual no dependa solo de centros educativos sino también del compromiso empresarial.
  • 2. “Profesionalizar” los sectores de baja cualificación: esto implica establecer estándares formativos mínimos o certificados profesionales obligatorios para trabajar en ramas como la construcción, la hostelería o los servicios personales, de modo que ya no sea tan fácil acceder a esos empleos sin ningún título. Con ello, se consigue que el sector servicios de baja cualificación evolucione a servicios cualificados, aumentando la productividad y cerrando la puerta al abandono por trabajo temprano.
  • 3. Enfoque preventivo temprano y apoyo a centros vulnerables: aunque el componente económico es crucial, no debe olvidarse la dimensión puramente educativa. Sería necesario disponer de un índice de vulnerabilidad escolar, que combine indicadores socioeconómicos y de rendimiento, para detectar las escuelas e institutos que requieren refuerzo urgente. Una vez identificados, concentrar apoyos: más orientación psicopedagógica, reducción de ratios, programas de mentoría e implicación de familias.
  • 4. Orientación académica y laboral personalizada: es imprescindible orientar activamente a los estudiantes hacia trayectorias formativas adaptadas a sus intereses y al mercado laboral. Reforzar la orientación en los dos últimos cursos de la ESO, con profesionales que informen de todas las opciones (Bachillerato, distintos ciclos de FP, escuelas de arte, deportivas, etc.) y sus salidas laborales. Es necesario coordinar orientadores escolares con oficinas de empleo locales, servicios sociales (para casos de absentismo por problemas familiares) y asociaciones juveniles, de modo que ningún joven “se pierda en el sistema”.
  • 5. Segunda oportunidad y retorno educativo: fortalecer las pasarelas de retorno al sistema educativo a través de Programas de Segunda Oportunidad, ampliar la red de centros y programas de segunda oportunidad (escuelas taller, casas de oficios, programas específicos para obtener la ESO para mayores de 18, etc.), asegurando que haya plazas suficientes en todas las CC. AA. Un ejemplo exitoso es el programa Qualifica de Portugal que consiguió reducir el abandono luso ~11 puntos en pocos años. La clave de Qualifica fue la orientación personalizada, la oferta modular flexible y la participación de gobiernos locales.
  • 6. Reconocimiento de competencias: implementar ampliamente mecanismos para reconocer las competencias laborales adquiridas por jóvenes que han estado trabajando sin titulación, de forma que puedan obtener certificados oficiales equivalentes.
  • 7. Becas y apoyos económicos: asegurar que la situación económica no sea obstáculo para volver a estudiar. Es importante mantener y ampliar becas específicas para segundas oportunidades.
  • 8.Transformar el modelo productivo (ámbito laboral): más allá del sistema educativo, España necesita alinear las políticas de empleo y desarrollo económico con la lucha contra el abandono. Impulsar en las comunidades con más abandono (Andalucía, Extremadura, Canarias, Murcia…) programas de inversión y estímulo empresarial en sectores tecnológicos, energías limpias, agroindustria de alto valor, etc., generarían oportunidades laborales que exijan estudios postobligatorios en estas regiones, cambiando las expectativas de los jóvenes.
  • 9. Obligatoriedad de continuar la formación  hasta  obtener  una  cualificación profesional: una medida clave. Hay un sector del alumnado que finaliza sus estudios obligatorios sin obtener el título de graduado en ESO. No puede continuar estudiando y se incorpora al mercado laboral sin ninguna cualificación profesional.

Ese colectivo es el más relevante de los que configuran el abandono escolar temprano, a los que se suman los que sí obtienen el título, pero no tienen una oferta formativa de formación profesional cercana que les parezca satisfactoria y se incorporan también al mercado laboral a puestos de trabajo de sectores que no demandan ninguna cualificación.

Los constantes cambios que se están produciendo en el mercado de trabajo y en las profesiones no solo nos marcan con claridad la necesidad de la formación y el aprendizaje a lo largo de la vida, sino que lo que nos están diciendo también que no es suficiente con obtener el título de la ESO, no es suficiente ni para los jóvenes en edad escolar, ya que no tendrán la formación necesaria para su desarrollo personal y profesional ni para el desarrollo económico de España que necesita dar respuesta a las necesidades crecientes de cualificación que demandan los distintos sectores productivos.

Para conseguirlo, en el ámbito educativo hay que seguir promoviendo medidas para incrementar el éxito escolar, con programas específicos dirigidos a la población más vulnerable, como los señalados anteriormente.

En el ámbito laboral, introduciendo los cambios normativos necesarios para que las empresas que contraten a jóvenes sin una cualificación profesional, un título de FP de Grado Medio o Bachillerato, tengan que ofrecerles un contrato de formación y aprendizaje hasta que obtengan esa cualificación profesional. Los jóvenes tendrán que combinar formación y empleo hasta conseguir esa cualificación. No se trata de establecer una edad sino una formación básica, que puede realizarse en el sistema educativo formal o a través de un contrato de formación y aprendizaje que combine empleo y formación profesional.

Esta medida aseguraría que todos los jóvenes continúen su aprendizaje en una etapa crucial para su futuro. Los beneficios de esta medida son evidentes:

  • Mayor empleabilidad: los jóvenes accederán al mercado laboral con una mejor formación y más habilidades.
  • Mejor desarrollo económico: un tejido productivo basado en trabajadores cualificados aumenta la productividad y la competitividad del país.

En definitiva, reducir el abandono escolar temprano es un desafío multidimensional que exige políticas educativas innovadoras y cambios en el modelo productivo. La comparación entre CC. AA. de España y países de la UE muestra que cuando la economía tira de la educación (porque requiere trabajadores formados), las tasas de abandono caen drásticamente, mientras que, si ofrece atajos laborales sin estudios, muchos jóvenes los toman y abandonan.

España ha avanzado mucho —recortando el abandono nacional a casi la mitad en diez años— pero aún arrastra la herencia de un modelo productivo con amplia base de empleo poco cualificado. Para romper definitivamente con esa dinámica, deberá seguir el ejemplo de países que integraron educación y empleo en sus estrategias: más Formación Profesional dual, más orientación y apoyo a quien lo necesita, y una economía que ofrezca futuro a quienes invierten en su formación. Solo así podrá garantizar que ningún joven se quede atrás, asegurando tanto su desarrollo personal como la competitividad del país en el contexto europeo. 

Este artículo forma parte del informe Indicadores comentados sobre el estado del sistema educativo español. Este es el octavo de los informes anuales con que la Fundación Ramón Areces y la Fundación Europea Sociedad y Educación recogen y ofrecen, desde 2015, una selección de datos descriptivos sobre la situación y evolución del sistema educativo español. Este instrumento de consulta al servicio del sector educativo analiza abundante información procedente de fuentes estadísticas y estudios nacionales e internacionales para ordenarla, clasificarla y organizarla empleando, siempre que es posible, una perspectiva comparada y actualizada a 2022.

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