Sarah Osborne-James: "La innovación forma parte de la vida del colegio y el aprendizaje nunca se limita al aula"
Hamelin-Laie International School forma parte de Nord Anglia Education, una de las mayores redes educativas del mundo, y esa pertenencia se ha convertido en una seña de identidad del centro. La directora, Sarah Osborne-James, explica que integrarse en una comunidad internacional implica compartir una visión común sobre cómo preparar al alumnado para un mundo global, pero también participar en un intercambio constante de experiencias, buenas prácticas y oportunidades de aprendizaje entre colegios, docentes y equipos directivos.
Los efectos de esa red se notan, según detalla, en la vida diaria del colegio. Los estudiantes acceden a proyectos con una mirada más abierta y conectada con iniciativas internacionales, mientras que el profesorado participa en programas de desarrollo profesional y colabora con docentes de otros países. ¿Qué supone para un colegio formar parte de una comunidad educativa global? Para Osborne-James, supone ampliar horizontes y convertir la innovación en algo cotidiano. También, añade, permite acceder a alianzas con instituciones tan prestigiosas como el Massachusetts Institute of Technology, The Juilliard School o UNICEF.
El valor de esas alianzas va mucho más allá de las actividades complementarias. ¿Qué aportan estas experiencias a los estudiantes y qué las hace diferentes? La directora sostiene que incorporan metodologías y perspectivas desarrolladas por referentes internacionales en ámbitos como la ciencia, las artes, la ciudadanía global o el deporte. En el caso del programa STEAM vinculado al MIT, los alumnos trabajan desafíos relacionados con matemáticas, robótica, nanotecnología o biotecnología, y además pueden beneficiarse de estancias en Boston y de formación específica para el profesorado.
Osborne-James subraya también el alcance de la colaboración con UNICEF. Dos estudiantes del centro representaron a España en el último Nord Anglia Education Student Summit, celebrado en Houston, donde alumnado de escuelas de todo el mundo trabajó sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y aportó soluciones a desafíos globales que afectan especialmente a la infancia. En su opinión, estas iniciativas no son actividades aisladas, sino parte de una estrategia global para formar a la próxima generación de agentes de cambio.
La directora insiste en que ese aprendizaje no debe quedarse solo en el alumnado. ¿Por qué es tan importante que estas experiencias lleguen también al profesorado? Su respuesta es clara: porque la calidad educativa depende en gran medida de la capacidad de los docentes para seguir aprendiendo. Cuando un profesor colabora con investigadores y expertos de primer nivel, no solo incorpora nuevos conocimientos, sino también nuevas formas de enseñar, de formular preguntas y de despertar la curiosidad.
Ese proceso, afirma, deja una huella que va más allá de la etapa escolar. La transferencia de conocimiento entre expertos internacionales y profesorado acaba repercutiendo en el aula y, en última instancia, en la formación integral del alumnado.
En un momento de cambios tecnológicos acelerados, Osborne-James sitúa el foco en las habilidades humanas que seguirán siendo esenciales. ¿Qué competencias considera imprescindibles para preparar a los alumnos para el futuro? La directora señala el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad de colaborar y el criterio para tomar decisiones. En un contexto en el que la información está a un clic, explica, lo relevante ya no será acumular respuestas, sino saber interpretarlas, cuestionarlas y entender cómo se construyen, en línea con la idea de la metacognición.
Para Hamelin-Laie, el reto no consiste en competir con la inteligencia artificial, sino en enseñar a usarla de forma responsable y en paralelo fortalecer aquellas capacidades que permitirán adaptarse a un futuro en constante evolución. En esa visión, la tecnología es una herramienta, pero no sustituye la formación en juicio, autonomía y reflexión.
Esa misma filosofía impregna la propuesta pedagógica del colegio. ¿Cómo se traduce en el aula una educación que no se limita a los contenidos académicos? Osborne-James explica que el objetivo no es únicamente preparar al alumnado para aprobar exámenes, sino desarrollar su capacidad de adaptación, su pensamiento crítico, su inteligencia emocional y su hábito de aprender de manera continua.
El centro busca, además, ser un lugar donde cada estudiante se sienta valorado, pero también desafiado. La intención es formar personas curiosas, comprometidas y capaces de contribuir de forma significativa a la sociedad, preparándolas para navegar la incertidumbre con confianza y criterio.
El reconocimiento reciente de Hamelin-Laie como el colegio internacional más popular de Barcelona también ha servido para poner en valor su modelo. ¿Cómo recibe este reconocimiento y a qué cree que responde? Sarah Osborne-James lo interpreta como el reflejo de una realidad que el colegio lleva observando desde hace años: Barcelona y España se han convertido en destinos cada vez más atractivos para familias de todo el mundo que buscan una educación de calidad para sus hijos.
Esa búsqueda, señala, va más allá de la excelencia académica. Las familias quieren un entorno en el que sus hijos puedan crecer como personas, desarrollar su potencial y prepararse para un mundo global. Al mismo tiempo, muchas familias locales también buscan una educación internacional que les ofrezca esas mismas oportunidades.
Gestionar una comunidad tan diversa exige, según explica, un trabajo constante para que alumnado, familias y personal se sientan comprendidos y acompañados. Por eso el colegio apuesta por una idea que resume su proyecto educativo:
