PISA 2025 alerta de una falsa mejora de la equidad educativa en España
España aparece en PISA 2025 como un país más igualitario en términos relativos, pero esa fotografía esconde un retroceso general del aprendizaje. FOTO IA
España aparece en PISA 2025 como un país más igualitario en términos relativos, pero esa fotografía esconde un retroceso general del aprendizaje. La brecha socioeconómica se ha reducido porque el alumnado con más recursos ha sufrido una caída mucho mayor, mientras los estudiantes vulnerables también obtienen peores resultados. La equidad mejora en los indicadores, pero lo hace mediante una convergencia a la baja.
Esta es la principal advertencia del informe elaborado por EsadeEcPol y Save the Children a partir de los microdatos de PISA 2025. El estudio analiza la igualdad de oportunidades en España y sus comunidades autónomas, compara los resultados con los de 2022 y examina las diferencias relacionadas con el nivel socioeconómico, el origen migrante, la repetición y el uso educativo de la tecnología.
España obtiene 451 puntos en lectura, 23 menos que en 2022, una pérdida equivalente a más de un curso de aprendizaje. El descenso supera los 14,3 puntos registrados por el promedio de los 35 países de la OCDE incluidos en la comparación. Los resultados españoles también retroceden 15,7 puntos en Matemáticas y 7,4 en Ciencias, dejando al país por debajo del promedio internacional en las tres competencias.
El alumnado perteneciente al cuartil socioeconómico más favorecido pierde 33 puntos en lectura, mientras que el cuartil con menos recursos retrocede 15,1. Como consecuencia, la distancia entre ambos grupos se estrecha en 18 puntos y el peso del origen social sobre la nota baja del 12,1% al 8,3%.
Este último indicador sitúa a España en el tercio más equitativo de la OCDE, al nivel de Finlandia y por delante de países como Alemania, Francia, Portugal o Italia. Sin embargo, el informe rechaza interpretar el dato como una mejora completa: el alumnado desfavorecido también ha perdido aproximadamente medio curso de aprendizaje.
La comparación internacional refuerza esa preocupación. Mientras el 10% del alumnado más pobre de la OCDE mantiene prácticamente sus resultados de 2022, con una variación de apenas 0,6 puntos negativos, su equivalente español pierde 10,6 puntos en lectura. España no ha conseguido proteger a los estudiantes más vulnerables frente al deterioro general del rendimiento.
El retroceso tampoco afecta únicamente al alumnado de familias acomodadas. Cuando los estudiantes se ordenan por sus propios resultados, y no por el nivel socioeconómico familiar, se observa que en España también caen con especial intensidad los alumnos de mayor rendimiento. A diferencia de la OCDE, donde los mejores estudiantes resisten mejor, el descenso español se agudiza en los percentiles superiores.
En quince de las dieciséis comunidades analizadas empeoran los cuatro cuartiles socioeconómicos. La única excepción es Castilla-La Mancha, donde el grupo con menos recursos mejora 8,3 puntos en lectura. En el extremo contrario, la Comunidad Valenciana registra la mayor caída autonómica, con un descenso medio de 58,2 puntos.
Euskadi presenta una de las menores brechas internas de España, pero esa igualdad responde a un importante deterioro entre los grupos con más recursos. Su cuartil socioeconómico alto cae 50,3 puntos y queda en 446, el resultado más bajo del país para el alumnado favorecido. La Comunidad Valenciana es la única autonomía donde el retroceso del cuartil desfavorecido supera al del favorecido: 61,2 frente a 53 puntos.
Cataluña queda fuera del análisis autonómico porque el 23,2% de su alumnado fue excluido de la prueba y su muestra no se considera representativa. Los resultados de Murcia deben interpretarse con cautela por su elevada tasa de exclusión, aunque el informe considera plenamente válidos los datos nacionales para las comparaciones internacionales y temporales.
El alumnado de origen migrante obtiene 35,3 puntos menos en lectura que el nativo. La distancia es inferior a la registrada por la OCDE y la Unión Europea y, al comparar estudiantes con un nivel socioeconómico equivalente, se reduce hasta los 15,4 puntos. El estudio concluye que la desventaja migrante en España es, en buena medida, una desventaja de clase social.
Sin embargo, la brecha ajustada por nivel socioeconómico se ha duplicado desde 2022. El empeoramiento es especialmente acusado en Andalucía, donde pasa de una ventaja de 7,1 puntos para el alumnado migrante a una desventaja de 21,5, y en La Rioja, donde aumenta de 7,6 a 36,9 puntos. La caída se concentra especialmente en la primera generación, formada por estudiantes nacidos fuera de España.
El aumento del alumnado migrante no explica, no obstante, el desplome general. La población escolar de origen extranjero ha pasado del 15% al 20% en tres años, pero los cambios en la composición social, educativa y lingüística de las aulas tienen un efecto prácticamente nulo sobre la evolución de las notas. Con un perfil de alumnado idéntico al de 2022, España habría perdido casi los mismos puntos.
La repetición de curso continúa siendo la principal asignatura pendiente. El 22% del alumnado español de 15 años ha repetido al menos una vez, prácticamente el mismo porcentaje que en 2022 y más del doble que el promedio de la OCDE, situado en el 9,8%. España permanece como el tercer país de la organización con mayor repetición, solo por detrás de Colombia y Bélgica.
El problema no se distribuye de manera uniforme. En el cuartil socioeconómico alto repite alrededor del 7% del alumnado, una tasa similar a la internacional. En el cuartil bajo, en cambio, lo hace el 40%, frente al 16% de la OCDE. Todo el exceso español se concentra así en la mitad más vulnerable de la escala social.
Incluso comparando estudiantes con las mismas competencias en lectura y ciencias, un alumno del cuartil socioeconómico bajo tiene cinco veces más probabilidades de haber repetido que uno del cuartil alto. La cifra supera ampliamente el 2,3 de la OCDE y convierte a España en el segundo sistema más desigual en este indicador.
Madrid alcanza el contraste autonómico más extremo: a igualdad de competencias, un alumno con pocos recursos tiene doce veces más probabilidades de repetir que otro favorecido. Le siguen Castilla y León, con nueve veces más, Navarra, con ocho, y Aragón y La Rioja, ambas por encima de seis. La repetición funciona, por tanto, como un mecanismo que reproduce el origen social incluso entre estudiantes con rendimientos semejantes.
El informe incorpora por primera vez un análisis del uso de inteligencia artificial generativa. El 46% del alumnado español utiliza chatbots al menos una vez por semana para resumir textos o redactar trabajos, nueve puntos por encima del promedio de la OCDE. España se sitúa así entre los países con mayor uso académico de IA, aunque la comparación debe tomarse con cautela por diferencias en la formulación del cuestionario español.
El nivel socioeconómico influye especialmente en los usos que complementan el trabajo del estudiante. La utilización de IA para aprender pasa del 50% en el cuartil bajo al 60% en el alto, y para investigar un tema nuevo, del 37% al 47%. En cambio, recurrir a estas herramientas para resumir o redactar está mucho más igualado entre los distintos grupos sociales.
El aula reduce las diferencias. Dentro de clase, la distancia entre los cuartiles bajo y alto en el uso diario de IA es de siete puntos porcentuales, del 29% al 36%. Fuera del centro se amplía hasta doce puntos, del 39% al 51%. El entorno escolar actúa así como un espacio de compensación, mientras el tiempo y los recursos familiares agrandan la desigualdad.
También persisten diferencias en el ocio digital. El alumnado con menos recursos dedica más tiempo a redes sociales, videojuegos y navegación por entretenimiento, mientras el de familias favorecidas utiliza más los dispositivos para aprender. Entre quienes superan las cinco horas diarias, el cuartil bajo duplica al alto en varias actividades de ocio intensivo con pantallas.
EsadeEcPol y Save the Children plantean reforzar las tutorías individualizadas o en grupos reducidos desde las primeras etapas, especialmente en lectoescritura y Matemáticas. También proponen ampliar el acceso del alumnado vulnerable a la Educación Infantil de 0 a 3 años, la educación no formal, el comedor, el transporte y las becas de continuidad.
Las recomendaciones incluyen dotar de más personal docente y no docente a los centros de alta complejidad, mejorar la formación del profesorado para trabajar con aulas heterogéneas y revisar las prácticas de evaluación y repetición. El informe apuesta además por garantizar claustros más estables, orientación, trabajadores sociales, aulas de acogida y ratios reducidas cuando la concentración de alumnado vulnerable lo justifique.
En el ámbito tecnológico, las entidades reclaman una formación digital centrada en un uso seguro, crítico y responsable de la inteligencia artificial, junto con una evaluación previa de las herramientas empleadas por los centros. La conclusión atraviesa todo el informe: reducir una brecha solo representa un avance cuando quienes parten con menos oportunidades aprenden más y progresan, no cuando los demás retroceden con mayor rapidez.






