Partiendo del mito clásico, Ulises atado al mástil para resistir el canto de las sirenas, y llevándolo hasta la cultura de las notificaciones, Chris Hayes construye una narración que combina historia intelectual, análisis político y escenas muy cotidianas: el paseo entre zombis pegados al móvil, la mesa del restaurante en la que nadie suelta el dispositivo, la vibración en el bolsillo que interrumpe cualquier conversación. El libro lee estos gestos no como anécdotas, sino como síntomas de una nueva era de la atención.
A lo largo de sus páginas, Chris Hayes recupera la tradición de las voces que han advertido, una y otra vez, sobre el precio de ciertas promesas de la modernidad. Recorre desde las alarmas tempranas frente a nuevas tecnologías hasta el caso del tabaco: durante décadas lo vimos como un hábito social normalizado, incluso glamuroso antes de que las leyes y la cultura se volvieran en serio contra él. El libro plantea una pregunta incómoda: ¿miraremos dentro de cincuenta años nuestras fotos, siempre con un teléfono en la mano, con la misma mezcla de sorpresa y desasosiego con la que hoy vemos a Ringo Starr fumando sin parar ante las cámaras?
El canto de las sirenas busca distinguir qué hay realmente de nuevo en nuestro tiempo y qué forma adoptan hoy problemas muy antiguos: la manipulación, la credulidad, la circulación de rumores. La desinformación no nació con las redes sociales, pero la comunicación instantánea y sin fricciones actúa como un acelerador que convierte la atención en un bien escaso y, al mismo tiempo, extraordinariamente rentable.
Chris Hayes muestra cómo nuestras vidas se han organizado alrededor de dispositivos y plataformas diseñados para explotarnos por dentro: exploran nuestro miedo a perdernos algo, nuestra necesidad de reconocimiento, nuestro deseo de evasión. Ese diseño tiene consecuencias políticas: una ciudadanía distraída, una conversación pública marcada por lo efímero y una democracia que intenta sostenerse en medio de una tormenta de estímulos.
El libro es, al mismo tiempo, un diagnóstico y una invitación. Un diagnóstico de la forma en que la economía de la atención reconfigura nuestras rutinas, nuestras relaciones y nuestra manera de informarnos; y una invitación a imaginar mecanismos de defensa, desde lo íntimo hasta lo institucional. ¿Qué hábitos podríamos cambiar para reconstruir una atención propia? ¿Qué responsabilidades deberían asumir las plataformas, los medios, los poderes públicos? ¿Qué tipo de educación y de cultura necesitamos para que la concentración no se convierta en un lujo?
