Opinión

El refugio cognitivo no es una metáfora vacía ni una moda pedagógica. Es una necesidad que surge de observar cómo las prisas, la hiperconectividad y la presión por medir resultados distorsionan la esencia del aprendizaje. Cuando lo urgente se impone a lo importante, los estudiantes pierden la oportunidad de desarrollar habilidades que requieren tiempo, atención sostenida y reflexión.
Las leyes que pretenden prohibir o regular el acceso de los menores a internet nacen con una promesa tranquilizadora: proteger. Pero bajo esa promesa se esconde una verdad incómoda que los responsables políticos se niegan a mirar de frente: estas leyes están condenadas al fracaso porque parten de un profundo desconocimiento del ecosistema digital que pretenden gobernar. No es un error técnico; es un error estructural, cultural y generacional.
Cada vez estamos más cerca de que una persona que no posea altas capacidades de nacimiento, gracias a la tecnología aplicada a los procesos de estudio actuales, pueda llegar a desarrollarlas en unos años. No se trata de ciencia ficción, sino de una posibilidad real, ya que existen métodos que han sido probados en laboratorios y que han demostrado la obtención de mejores resultados cognitivos.
Querida Sofía. Este artículo es para ti y para todas las Sofías que, un día en clase y sin esperarlo, os disteis cuenta de que lo que os estaba pasando tenía un nombre: "agresión sexual". Lo supiste de inmediato porque te viste reflejada en lo que tu profesora estaba explicando y transmitiendo en el aula. Descubriste que si un hombre te "toca las tetas y te mete un billete en el bolsillo" es una agresión sexual, que ese acto además es un delito y que ese hombre por lo tanto puede ir a la cárcel. Aprendiste que quienes cometen ese delito contra las y los menores se llaman pederastas. Y tu profesora recordó el compromiso que cualquier docente tiene: protegeros.
En España, la orientación académica suele llegar tarde y, en muchos casos, mal. Me explico: tarde, porque cuando empezamos a hablar seriamente del futuro académico del alumnado, las decisiones ya están prácticamente tomadas (por el itinerario cursado, por las puertas que han cerrado por el camino o por las optativas que se han visto obligados a elegir si querían cursar tal o cual modalidad). Y mal, porque con demasiada frecuencia se reduce a informar sobre notas de corte, salidas profesionales o rankings universitarios, dejando de lado el proceso personal que debería sostener cualquier elección. Rara vez se les explica qué habilidades personales van mejor con según qué sector o qué características tiene el mercado para determinados grupos laborales.
La inteligencia artificial ha entrado en las aulas con la fuerza de una ola que lo arrastra todo a su paso. En apenas unos meses, docentes, centros educativos y administraciones se han visto obligados a posicionarse: usarla, prohibirla, regularla o, en muchos casos, simplemente mirar hacia otro lado esperando que el debate se asiente. Sin embargo, reducir la discusión a si la IA es buena o mala es un error de base. El verdadero problema no es la inteligencia artificial, sino entrar en ella sin brújula pedagógica.
Estructurar y sistematizar los apoyos tempranos
Julián Palazón
Doctor en Ciencias de la Educación
12 de diciembre de 2025
Sistematizar los apoyos ordinarios para aplicar programas intensivos, estructurados y bien fundamentados, en grupos reducidos, a aquellos niños que empiezan a mostrar sus primeras dificultades en habilidades vehiculares parece una idea sensata.  Para muchos estudiantes, las brechas en la adquisición de habilidades como la lectura, se abren muy temprano. En muchas ocasiones, las diferencias respecto al resto del alumnado se amplían día a día y, de no abordarlas, persisten hasta la adolescencia. En la lectura, por ejemplo, esto puede conllevar efectos secundarios muy negativos como una menor adquisición de vocabulario y conocimiento. Tratar de actuar rápido, antes de que esas brechas se amplíen, resulta esencial.
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