"Si la Administración desacredita a los docentes, lo hace también la sociedad"

Con una gran claridad de ideas en sus razonamientos, y sin ningún tipo de titubeo a la hora de contestar cualquier cuestión. Carmen Guaita, maestra de Ciencias Sociales y de Pedagogía Terapéutica y secretaria de comunicación de ANPE, se muestra preocupada por la prioridad que debería de tener la Educación para la Administración y el papel clave de la familia.
Adrián ArcosMartes, 23 de diciembre de 2008
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Carmen Guaita (Foto: Jorge Zorrilla)

Carmen Guaita acaba de publicar "Contigo aprendí", un libro donde nos cuenta las ideas que sobre Educación y valores tienen Pastora Vega, Fernando Savater, Jorge Valdano, Carmelo Gómez, Monseñor Carlos Amigo o Víctor Ullate, entre otras personalidades de nuestro tiempo.

¿Qué reflexiones destacaría de todas las conversaciones del libro?
Pues hay que tener en cuenta que son 22 personalidades de todos los ámbitos, creencias y tendencias políticas, y todos llegan a las mismas conclusiones. Son valores que sirven para todo el mundo, nos ayudan a vivir y hacen de cada ser humano una persona.

¿Y cuáles son esos valores?
Pues los que hacen fuerte a una persona. Un valor es lo que se valora. Si yo valoro la coca-cola jamás apreciaré un vino Vega Sicilia, no porque no sea delicioso, sino porque yo no lo aprecio. Los valores que tenemos que trabajar son aquellos de las personas individuales, los que hacen a una persona levantarse por la mañana y afrontar el día. Y esos valores son las claves que dan poder a tu personalidad: el esfuerzo y tomarse en serio la propia vida; la disciplina tan absolutamente denostada que sirve para levantarse todos los días e ir a trabajar o para gobernar la vida; la generosidad que sirve para ver la persona que tienes al lado y te humaniza; o la solidaridad, que es un paso más, y te permite no tolerar las injusticias tan enormes que existen. Y no tienen una connotación carca ni religiosa, aunque se puedan tomar también desde lo religioso.

Ni políticos...
Por supuesto. Es que los valores no son políticos. Un político tiene que tener valores, que no es lo mismo.

¿Educación para la Ciudadanía contiene este tipo de valores?
Asumo totalmente la opinión de ANPE. La escuela educa para la ciudadanía no necesariamente con una materia concreta. Un buen ciudadano es una persona que lee y comprende, que tiene capacidad crítica, por ejemplo, para darse cuenta cuándo la publicidad es agresiva o cuándo una propaganda electoral es falsa. Un ciudadano es una persona que está implicada en el día a día de la sociedad en la que vive y en la que no le importa participar. Y todo eso se aprende en la escuela, pero no con una sola asignatura, aunque estuviera muy bien diseñada, ya que están implicados todos los ámbitos del conocimiento. Pero es que, además, EpC ha introducido en el sistema educativo un arma de doble filo tremenda que puede costarnos un disgusto. No se ha calibrado la gravedad de introducir la objeción de conciencia en las materias obligatorias del currículo. El que exista una asignatura obligatoria que sea susceptible de objeción es gravísimo, porque mañana nos puede pasar con la Historia, con el alumno musulmán que nos diga que no estamos contando bien la Reconquista, o con el alumno latinoamericano que nos diga que no contamos bien el descubrimiento de América. Se ha abierto una vía de gran peligrosidad, precisamente por meter la política en la escuela.

¿Y la Administración valora la Educación realmente como se merece?
No, porque la Educación diseña la sociedad del futuro, y entonces es muy difícil separarla de una determinada concepción política. Pero es un engaño, ya que el diseño de la política en una democracia está hecho ya. Nuestros derechos y nuestros deberes nos lo da la sociedad en que vivimos, por lo que emplear la Educación como un arma de confrontación política lo único que hace es perjudicar a la Educación en sí misma.

¿Tenemos entonces un sistema más político que educativo?
No es un sistema político en el sentido real del término, porque entonces prepararía para la polis. Lo es en el sentido menos valioso del término. El sistema educativo que tenemos durante muchos años se ha mantenido sabiendo que no funcionaba bien, sencillamente por una falsa concepción de lo que son intereses políticos. Y es una grave irresponsabilidad que los gobernantes no se hayan esforzado en hacer un sistema realmente de calidad para cada uno de los alumnos.

¿Qué fallos han tenido las leyes educativas?
Mantener durante muchísimos años una concepción del sistema educativo que estaba caducada. Desde un primer momento se dieron cuenta los profesores, pero también los responsables políticos de que el sistema comprensivo no funcionaba bien. Lo copiamos de Gran Bretaña, que lo quitó en los años 90, y nosotros lo hemos mantenido aquí contra viento y marea. Ahora con estos PCPI que se han puesto en marcha, parece que empezamos a darnos cuenta que hay que diversificar, de que un alumno de Secundaria necesita que el sistema atienda sus intereses concretos. Si yo ofrezco una talla única, ni atiendo las necesidades de los que van a tener dificultades y quieren derivar pronto hacia el mundo laboral, ni atiendo los intereses de los que quieren seguir estudiando.

¿Y cómo ha afectado esto a los profesores?
La conciencia que tiene la sociedad española de que la Educación en España no funciona bien ha provocado el desprestigio de la tarea docente, porque si un profesor no enseña bien, ¿qué hace? Y muchas veces no se ve la enorme dificultad de la docencia, por ejemplo, la cantidad de funciones de la familia que en los últimos años los profesores estamos cargando a nuestros hombros. Un maestro de enseñanza Primaria trabaja mucho y dedica muchísimas horas a temas de higiene, valores, salud, alimentación, cuyo ámbito primero y natural es la familia, y deriva hacia un montón de energía y tiempo, que evidentemente se resta a una tarea puramente docente, que es profundizar en las tareas instrumentales. Los profesores muchas veces sentimos impotencia de no ser los padres de los alumnos.

¿Y el fracaso escolar?
Es muy grave. Un 30% entra dentro de la normalidad de los porcentajes que nos llegan a los oídos todos los días. Pero si pensamos que es uno de cada tres chicos que yo me encuentro por la calle, y si ya le ponemos cara yo creo que empezaríamos a darnos cuenta de la verdadera dimensión del problema. Es una responsabilidad muy seria, y la gente que tiene que asumirla lo tiene que hacer cuanto antes, porque si no este chico al que estamos dejando abandonado totalmente a su suerte, nos va a pedir explicaciones antes o después.

LAS FRASES

Valores de la familia
“Qué mensaje le manda a un hijo la familia en la que hay un ordenador y una televisión en cada dormitorio, qué le dice respecto a lo que es vivir en familia. En este sentido, la escuela puede hacer muy poco, porque hay valores propios de la vida familiar, los valores más íntimos, los del modo de empleo de la vida. Cuando la familia falla en la transmisión de estos valores, la escuela tiene serias dificultades para compensarlos. No puede, porque son ámbitos distintos”.

Conciliación
“Nos parece que conciliar la vida familiar y laboral es tener la escuela abierta todo el día en un horario para los niños equivalente al horario laboral de los padres. Pero nos estamos engañando. Conciliar es convivir con los hijos, educarlos de primera mano, estar delante en el momento que te necesitan…”.

Profesores desacreditados por la sociedad
“Si los profesores estamos desacreditados por la Administración, lo estamos también por la sociedad que escucha constantemente los mensajes de los políticos respecto a lo que es importante o no. Si hablan de la energía o el cambio climático, nos parece a todos importante. Nunca se habla de los profesores. Y para gestionar bien la energía y el cambio climático hace falta el trabajo de los profesores”.

Integración de los alumnos inmigrantes
“Nadie se da cuenta que el mayor factor de integración de la población inmigrante en nuestra sociedad es la escuela, a través de las ganas de trabajar de los profesores españoles, que se están mojando muchísimo para integrar a los niños. Cualquier centro público tiene actividades, semanas culturales y gente que trabaja mucho. Y todavía las leyes no están reflejando esa realidad.

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