La trastienda del acoso a la Educación diferenciada

José Mª de MoyaMartes, 28 de abril de 2009
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He tratado de resistirme a hablar del tema de moda, pero no es fácil. Ocurrió con Educación para la Ciudadanía y ahora está pasando con la Educación diferenciada por sexos. Polarizan la opinión de tal modo que es difícil resistirse a su poder de atracción.

Cuando parece confirmado que el colegio de Cantabria se quedará sin financiación, también empiezan a confirmarse otras cosas. Como que todo esto forma parte de un plan orquestado desde el ala más sectaria del Ministerio de Educación. Como que en el propio Ministerio hubo voces discrepantes que tuvieron la osadía de apelar a los derechos humanos y que fueron convenientemente silenciadas en nombre del Partido. Como que al nuevo ministro no le ha hecho ninguna gracia encontrarse con este plan ya en marcha. Como que algunos de los consejeros autonómicos encargados de ejecutar el plan lo están haciendo tan de mala gana que están negociado, por debajo de la mesa, con esos mismos colegios… Cosas que se van sabiendo, un poquito repugnantes, que forman parte de lo peor de nuestra política; sobre todo, de algunos políticos.
¿Por qué hace esto el Ministerio? Desde el punto de vista político-ideológico no les importa mucho. Hay que entenderlo en clave pragmática. La medida es enormemente eficaz porque fastidia a muy pocos pero distrae a muchos. La separación por sexos ha colapsado las páginas de Educación de los periódicos y los verdaderos problemas de nuestros centros –que son muchos y graves– se han esfumado. En términos de marketing político ha sido un éxito haber logrado que todos estemos hablando sobre algo que afecta a menos de un centenar de colegios (el 0,4% de los centros de España) y que hayamos dejado de hablar del fracaso escolar que afecta a la tercera parte de nuestros alumnos.

Pero no quiero terminar sin ofrecer a nuestros sensibles lectores otra clave, si cabe, aún más repugnante. Pasen y huelan. Resulta que muchos de estos colegios se han implicado activamente –de forma directa o indirecta– en las campañas más críticas y sonadas contra la política educativa y social del Gobierno. Ahí estaban contra la LOE, a favor de la familia, contra la Educación para la Ciudadanía, etc. El Ministerio lo sabe y no quiere perder la oportunidad de darles la gracias.

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