“La letra vertical indica depresión y así escribía Marilyn Monroe”

Los alumnos que asistían a las clases de Economía de este profesor universitario conocieron de su pasión por la grafología y así fue cómo también ellos se interesaron por este campo.

María HernándezMartes, 23 de octubre de 2012
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José Villacís siempre se ha dedicado a enseñar Economía en la universidad pero, por casualidades de la vida, el mundo de la grafología se puso en su camino y desde entonces su estudio le apasiona enormemente. Sigue colaborando con el Instituto Nacional de Grafología después de jubilarse y está preparando su último libro sobre análisis grafológicos de los escritores del Siglo de Oro. Además, ha publicado varias novelas y acaba de editar una obra de teatro en inglés. Uno de sus entretenimientos es analizar las letras de grandes personajes históricos.
¿Cómo y cuándo comenzó su interés por el mundo de la grafología?
La idea siempre la he tenido en mi mente desde que en el año 1973 seguí los cursos de Mauricio Xandró –el padre de la grafología en España, un extraordinario grafólogo–. Desde ahí comencé a practicar, a leer muchos libros y a corregir los errores que iba cometiendo. Fue al asistir a esos cursos cuando comencé a interesarme por este mundo y, sobre todo, a estudiar y aprender, porque hay que ser honesto con uno mismo ya que hay muchos grafólogos que son unos cantamañanas. Que si usted es introvertido o no, que si usted es romántico o no. Eso no es así.
¿Y a realizar análisis grafológicos en sus clases?
Poco después de sumergirme en el estudio de la grafología fue cuando les comenté a los alumnos de mi interés por ella, y siempre ha habido mucha expectativa en torno a este tema. Aunque yo intentaba que no interfiriera nunca en mis clases de Economía en los horarios lectivos.
Entonces, ¿los alumnos conocían el hecho de que realizaba estos estudios?
Lógicamente les decía a mis alumnos que era grafólogo y mostraban un gran interés, pero siempre les advertía que en clase no podía haber grafología. Sin embargo, siempre quedaban a lo mejor cinco minutos sueltos y ahí comenzaba a hacer análisis grafológicos. Y luego, al finalizar el curso, cuando terminaban las clases, yo decía, bueno el que quiera que venga un día o dos y se terminaban llenando las aulas. Lo que nunca he conseguido es enseñar grafología. Tengo una intuición vertical para llegar a la verdad, pero enseñar no se me da bien.
¿Qué datos o características de las personas se desprenden de estos análisis?
Analizo la inclinación de la línea básica donde descansas las letras, la inclinación de la firma, la verticalidad e inclinación también de las letras. La letra A, que es el yo, y otra letra muy peculiar y significativa, que es la G. Es la letra del sexo y del aspecto romántico de la persona. Además, según un descubrimiento mío de los años 90, la G puede indicar, según su terminación, algunos trastornos de salud. Se puede ver el carácter de una persona también con la letra. Por ejemplo, cuando la firma o la letra va ascendiendo, se cree que indica optimismo, pero en realidad es ansiedad o precipitación. Cuando la letra es vertical o la firma, indica depresión. Así escribía Marilyn Monroe. Hay en grafología muchas cosas de interés. Por ejemplo, tenemos la falsa idea de que la mujer es romántica y sensitiva y el hombre no. Eso es un error. La letra de la mujer es la letra de una persona fuerte, que tiene un autocontrol total, que se domina a sí mismo. Y, sobre todo, es fuerte. Sin embargo, el hombre es débil. El hombre se viene abajo en lo sentimental y es irregular, como su letra.
Y cuando realizaba los estudios con los alumnos, ¿había alguna conclusión significativa después?
Recuerdo que al principio no creía en la grafoterapia, la modificación del carácter a través de la letra. Ahora sí que creo. Esa modificación sobre todo se ve en las firmas. La mayoría de los estudiantes cuando firman se tachan. Te estás tachando tu yo, porque el escrito es cómo tú te manifiestas ante lo demás. La firma es el yo. Si tú tachas tu firma te estás autocensurando y eso lo veía cuando trabajaba con mis alumnos.
¿Cuál es el proceso que sigue?
Empiezo trabajando con varias cuartillas y sus firmas respectivas, y con otra cuartilla a parte donde escriben su nombre y apellidos. Cuando una persona se somete a mi examen grafológico tiene que entender que también se puede someter a las bestialidades que yo le pueda decir. Tengo que decir que después de hacer un análisis completo de la letra de alguien termino extenuado.
Según un estudio de 2004 realizado por el Instituto de Ciencias del Grafismo, en un 90% de empresas españolas analizan la escritura de la gente a la que entrevistan.
La grafología cada vez está más extendida, pero hay que tener mucho cuidado con eso, sobre todo en un Departamento de Recursos Humanos. Yo me he encontrado con pésimos alumnos, pero con una muy buena capacidad creativa. La creatividad y la adaptación al medio son opuestos. El grafólogo va a decir que este individuo sirve para esto y para lo otro –él sólo va a comentar lo que vea en la letra. Lo que debe hacer un Departamento de Recursos Humanos es decir que no vale para esto, pero sí para otra cosa. Además, no creo que el dato del estudio sea correcto.

Estudios de personajes históricos
Ha estudiado personajes históricos por puro interés. De Adolf Hitler dice, por ejemplo, que su letra era muy normal. “Era un político que tenía las ideas muy claras y lo hizo a lo bestia. Líderes del nazismo comenzaron a matar judíos; la iniciativa no la tomó él, pero cuando lo supo le importó un comino. Era un individuo muy claro y que sabía lo que hacía. Un criminal es un individuo que sabe lo que hace, pero tenía un rasgo muy curioso: era extraordinariamente depresivo”.
Pero si hay un personaje que le llama la atención y le despierta más interés ese es Napoléon Bonaparte, del que dice que “estaba como una cabra. Hay una patología en psiquiatría que se llama la manía. Esta no es la idea que tenemos de una persona que tiene sus ritos, en realidad es un grado de excitación muy grande, de euforia, de alegría, donde el cerebro va a 100 por hora. Es como si alguien tomara cada dos horas una raya de cocaína. El cerebro está excitado continuamente y no para de pensar ni un momento. Napoleón fue maníaco todas las horas de todos sus días. Siempre estaba excitado y no paraba nunca de pensar. En toda mi vida había visto una letra tan espantosa como esa”.

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