Joven con discapacidad, ¿fuera del mercado laboral?

La crisis económica ha situado a los jóvenes de nuestro país en una situación desfavorable a la hora de competir en el mercado laboral. Las escasas ofertas de empleo exigen experiencia contrastada, que termina por desecharles en los procesos de selección.
RedacciónMartes, 6 de mayo de 2014
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Con ello, la tasa de desempleo de los menores de 25 años ha alcanzado cotas desconocidas, llegando al 55% al cierre de 2013. Pero, ¿cuál es la situación laboral de los jóvenes que además tienen una discapacidad?Las escasas ofertas de empleo exigen experiencia contrastada, que termina por de-secharles en los procesos de selección. Con ello, la tasa de desempleo de los menores de 25 años ha alcanzado cotas desconocidas, llegando al 55% al cierre de 2013. Pero, ¿cuál es la situación laboral de los jóvenes que además tienen una discapacidad?
Fundación Adecco y Terminales Canarios han elaborado un informe que da voz a las personas con discapacidad menores de 30 años, profundizando en su situación profesional, demandas y expectativas. Los resultados alcanzados basan sus conclusiones en una encuesta realizada a 400 jóvenes con discapacidad residentes en España. Y es que, si todos los jóvenes encuentran barreras en su integración laboral, los que tienen discapacidad resultan ser fichas aún más débiles en el tablero de la crisis. A las dificultades derivadas de su inexperiencia laboral, hay que añadir prejuicios y estereotipos. Hay dos tipos de barreras:

  • Exógenas: están fuera de la persona con discapacidad, asentadas en la sociedad. Se trata de estereotipos, prejuicios de algunas empresas que mantienen la creencia errónea de que los trabajadores con discapacidad van a requerir elevados costes de adaptación y que van a incrementar el absentismo. En definitiva, temor y desconocimiento, dos aliados muy peligrosos que ponen en riesgo la contratación de empleados con discapacidad.
  • Endógenas: están en la propia persona con discapacidad. Se traducen en carencias de autoestima y motivación, así como escasa confianza: creen que no tendrán opciones de acceder al mercado laboral por la elevada competencia. A ello habría que añadir la sobreprotección familiar, que muchas veces se convierte en un obstáculo para que la persona alcance autonomía e independencia. Ello explicaría la menor tasa de actividad del colectivo –un 36,2% frente al 60% del conjunto nacional–.

Por estos motivos, podríamos concluir que ser joven y con discapacidad puede traducirse en una doble discriminación laboral. Según los encuestados, ser joven es un obstáculo añadido para encontrar empleo. Así lo opina un 60%. Aún mayor es la proporción que cree que tener discapacidad le perjudica: el 63% piensa que es una dificultad añadida. Frente a ellos, un 10% considera que tener certificado de discapacidad les beneficia a la hora de acceder al mercado laboral.

Según los datos de la presente encuesta, el 62,4% de los jóvenes con discapacidad se encuentra en situación de de-sempleo. A esto se une que 7 de cada 10 jóvenes que tienen una discapacidad y son menores de 25 años no ha tenido ningún contacto con el mercado laboral, cifra que disminuye hasta el 48% entre los 26 y los 30 años. Según Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, “es importante acelerar la participación de los jóvenes con discapacidad en el empleo para que su situación no sea desventajosa respecto a sus coetáneos. Tanto las familias como las empresas, deben ser conscientes del gran talento que aportan las personas jóvenes con discapacidad”.

Si encontrar empleo ya es todo un reto, que esté relacionado con la formación adquirida es más complicado. El 68% de los jóvenes con discapacidad declara tener un empleo no relacionado con los estudios que ha cursado. Por otro lado, la jornada laboral a tiempo parcial es la predominante entre estos jóvenes: 55%.

Emancipación y estudios
Los datos de la encuesta revelan que el 72,5% de los jóvenes con discapacidad vive con sus padres, cifra que se eleva al 90% en el caso de los menores de 25 años y disminuye hasta el 64% entre los 26 y los 30 años. Esta última cifra es más de 10 puntos porcentuales superior a la de los jóvenes sin discapacidad, que, según la FAD y la Obra Social Caja Madrid, se sitúa en 53,2%. Dicho de otro modo, mientras que el 46,8% de los jóvenes españoles de 25 a 29 años está emancipado, sólo un 36% de las personas con discapacidad ya se ha marchado del hogar paternal. El principal motivo que alegan los encuestados para no haberse independizado es el económico: 7 de cada 10 así lo declara. Por su parte, un 18% no ha afrontado la emancipación por motivos de dependencia o accesibilidad –al necesitar adaptaciones o apoyo específico de su familia– y un 12% debido a otros motivos.

Por otro lado, según el Informe universidad y discapacidad del Cermi, los universitarios con discapacidad representan el 1,1% de los matriculados, aunque esta cifra se ha duplicado en cinco años. Según Francisco Mesonero, “la causa sigue siendo la existencia de barreras que dificultan el correcto desarrollo de estos universitarios”.

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