Trabajar en grupos reducidos y con TIC es mejor que la clase magistral tradicional, según un estudio

Una de las obsesiones de los gobiernos de todo el mundo es identificar las políticas que mejoren el rendimiento de los estudiantes. En todos los estudios internacionales el papel de los profesores se ha considerado como determinante en esta mejora del rendimiento. Un estudio destaca prácticas docentes eficaces y otras que no lo son tanto.
Diego FranceschMartes, 8 de septiembre de 2015
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Recientemente, la Fundación Santillana, el Gobierno de La Rioja y el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) han publicado un nuevo estudio que combina los datos de Talis y de PISA y trata sobre la influencia de las prácticas docentes sobre el rendimiento de los estudiantes. El estudio está basado en el análisis del profesor Ildefonso Méndez, de la Universidad de Murcia.

La primera conclusión de este informe es que “determinadas prácticas docentes que se alejan de la lección magistral y de la realización sistemática de problemas o ejercicios como forma de fomentar la memorización tienen un efecto positivo y estadísticamente significativo en el rendimiento escolar de los estudiantes de 15 años en una o varias de las materias básicas evaluadas en PISA”.

Un estudio publicado en Estados Unidos en 2012 demuestra que los alumnos de entre 8 y 14 años a los que se les asignan buenos profesores tienen más posibilidades de ir a la universidad, estudiar carreras de ciclo largo, recibir salarios más altos, vivir en barrios con un buen nivel de vida y ahorrar para su jubilación.

Prácticas tradicionales
Por otro lado, en 2014, otro estudio analizó las prácticas docentes tradicionales (como la lección magistral) en comparación con otras más innovadoras (trabajo en grupos reducidos) y concluyó que unas y otras tienen efectos distintos en tres habilidades cognitivas de los alumnos: el conocimiento formal acumulado, la capacidad para resolver problemas rutinarios o la capacidad de razonamiento.

Las prácticas docentes tradicionales son efectivas a la hora de mejorar las dos primeras mientras que no tienen efecto en la tercera. Por el contrario, el trabajo en grupo incrementa de forma notable el razonamiento de los estudiantes, pero no incrementa de forma significativa las dos primeras modalidades de habilidades cognitivas.

En concreto, trabajar en grupos reducidos de alumnos para que éstos hallen una solución conjunta a un problema o tarea, hacer que los alumnos utilicen recursos TIC para realizar proyectos o hacer ejercicios en clase, esforzarse para que esos alumnos valoren el aprendizaje, plantear buenas preguntas a los alumnos o motivar a aquellos que muestran escaso interés son procedimientos que contribuyen de forma eficaz a mejorar el rendimiento.

Además, la realización de cursos, talleres o, en general, actividades de formación por parte del profesorado tiene un efecto no necesariamente positivo sobre el rendimiento de los estudiantes.

Según el estudio, en cambio sí tienen efectos positivos los cursos sobre conocimiento y comprensión de la materia impartida, enfoques de aprendizaje individualizados, enseñanza de alumnos con necesidades especiales, enseñanza de destrezas transversales (resolución de problemas o aprender a aprender), nuevas tecnologías o guía y orientación profesional a los alumnos.

En relación con esas prácticas recomendadas, el informe destaca que España es uno de los países donde menos peso tienen en la docencia en relación con los otros países y, a la vez, uno de los países donde los profesores dicen estar mejor preparados para impartir clase.

Este factor es paradójicamente negativo, ya que sentirse preparado para dar clase reduce la propensión de estos profesores a participar en actividades de formación continua.

Otro dato beneficioso para el rendimiento de los estudiantes es la existencia de programas de iniciación docente en los centros, así como la estabilidad del profesorado, al menos en la materia de Matemáticas.

Habilidades no congnitivas
Respecto a las llamadas habilidades no cognitivas, las más relevantes a la hora de determinar las diferencias de la población adulta en nivel educativo, resultados laborales e incluso estado de salud son la perseverancia, la capacidad de sacrificio, de trabajar duro y ser una persona austera.

Un estudio de Estados Unidos de febrero de 2013 recomendaba promover la tenacidad y la perseverancia como los factores críticos para el éxito educativo en el siglo XXI.

El estudio español recomienda que en los procesos de formación de los profesores españoles se incida sobre estos aspectos de los profesores que, en general, han quedado como parte de la personalidad de los docentes o de sus dotes vocacionales más que del temario de los planes de formación de las universidades.

Ya ha quedado claro que cuanta mayor proporción de profesores participa en cursos de formación, mayor rendimiento de los alumnos. Parecía evidente llegar a esta conclusión. Sin embargo, el estudio señala que no todos los cursos –ni todos por igual– consiguen ese efecto en los alumnos.

Hay mucha heterogeneidad en el efecto de la formación en el rendimiento en función del contenido del curso. En concreto, los contenidos relacionados con las prácticas docentes modernas, tienen un efecto positivo, frente a los otros cursos.

Otro efecto positivo de los profesores sobre los alumnos es el de la motivación, así como una correcta selección del profesorado en función de sus conocimientos.

Por supuesto, el efecto del comportamiento y de la disciplina de los estudiantes sobre el rendimiento también se constata en este estudio, en la medida en que el profesor pierde mucho tiempo en matener el orden en clase en lugar de dedicarlo a otras prácticas docentes más efectivas.

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