La revolución tranquila

Carmen Guaita
Maestra y escritora
5 de mayo de 2016
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Son muchísimos los docentes que están modificando la manera de enfrentar su trabajo cotidiano. Tenemos ya, dentro de la escuela, una auténtica revolución metodológica que, contra viento y marea, ha comenzado a transformar la Educación. Puede afirmarse sin riesgo de error que, a día de hoy, es en las aulas donde surgen a diario las mejores propuestas de mejora del sistema.

Los profesores comenzamos a asumir que las características de los alumnos actuales –heterogeneidad, estímulos externos, cambio de valores familiares– nos obligan a salir de nuestra “zona de confort” para incorporar las técnicas de inteligencia emocional y social que constituyen hoy uno de los grandes objetivos del proceso educativo. La revolución tranquila quiere crear un clima de seguridad y confianza en el centro educativo frente a una sociedad muy agresiva con la infancia y la adolescencia. Quiere apreciar a los alumnos como personas singulares. En el día a día esto se traduce en favorecer el desarrollo de sus múltiples inteligencias, ofrecerles clases ricas, flexibles y variadas, potenciar lo mejor de cada uno, valorar en voz alta los logros y no solo los fracasos. En palabras del profesor de un IES con el cual he cambiado impresiones hoy mismo: se trata de que ellos y nosotros disfrutemos en clase.

Por supuesto esta revolución tranquila supone incorporar las herramientas digitales con criterio, sin improvisar, sabiendo en todo momento con qué objetivo las empleamos. Nos invita a adquirir el conocimiento a través de la actividad, de manera que podamos desarrollar el pensamiento sistemático, la memoria sobre lo significativo y la conexión entre aprendizajes. Hoy los alumnos aprenden mucho más de lo que nosotros enseñamos en clase y nuestro reto como docentes es transformar el inmenso volumen de información en conocimiento y competencia.

Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Quien añore la tarima desde la cual el profesor hablaba sin parar durante 60 minutos, debe recordar que buena parte del silencioso auditorio se dedicaba a hacer pajaritas de papel y aprobaba con “chuletas.”

Confieso que envidio a los profesores jóvenes que serán protagonistas de este cambio de época. Pero la avanzadilla, los profesores concretos que ponen ya en práctica la innovación metodológica un día tras otro, está aquí. Y ya no la forman “los raros” del Claustro; ya constituyen un número considerable y pueden trabajar en equipo.

Estamos inaugurando un movimiento global que va a mejorar todo el sistema por completo, y en pocos años. Además, lo hará como tiene que ser: desde abajo.

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