La eficacia de impartir clases optimistas

José Mª de Moya
Director de Magisterio
20 de septiembre de 2016
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Mucho hay escrito y publicado sobre la fuerza arrolladora del optimismo en las organizaciones. Como la escuela no deja de ser una organización integrada por personas que prestan un servicio a otras personas me ha parecido que tal vez podamos aprender algo de los publicado para las organizaciones empresariales. Después cada cual que haga las adaptaciones que quiera.

Me he inspirado en una sencilla ponencia titulada “El impacto del optimismo en el desempeño de las organizaciones” de Donoso y Marcus. Introducen el estudio demostrando con datos empíricos lo que ya intuimos: prestar un servicio con optimismo es mucho más eficaz en términos de resultados que hacerlo de forma pesimista o negativa. Aplicado al proceso de enseñanza-aprendizaje se puede deducir que nuestros alumnos aprenderán más Matemáticas si se las enseñamos de forma optimista.

Llegados a este punto conviene aclarar qué es ser optimista. Según los autores, bajo la idea genérica de optimismo se agrupan cuatro conceptos:
–Autoeficacia o tener confianza para asumir y poner el esfuerzo necesario en las diferentes tareas para realizarlas exitosamente.
–Optimismo (propiamente dicho) o hacer una contribución positiva sobre lo que sucede hoy y en el futuro.
–Esperanza o ser perseverante para cumplir los objetivos propuestos.
–Y resiliencia o redireccionar el camimo y recuperarse cuando sea necesario.

De estas cuatro caras del optimismo es la esperanza la que impacta más decididamente en los resultados. ¿De qué resultados hablamos? No solo de desempeño sino también de satisfacción laboral, felicidad en el trabajo y compromiso con la organización. De modo que no solo nuestros alumnos aprenderán más Matemáticas sino que nos sentiremos mejor.

Sin querer ser exhaustivo, el estudio termina con alguna recomendación para fomentar el optimismo en tu organización, en tu clase, en tu escuela. Parten del convencimiento de que el optimismo, como casi todo, se puede entrenar:
– Definir metas asequibles a cada persona.
– Aplicar un enfoque basado en la gestión por fortalezas.
– Mantener una perspectiva positiva cuando aparezcan las dificultades.
– Reconocer frecuentemente los logros conseguidos.

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