Los trastornos de la conducta más frecuentes en niños y adolescentes

Los niños son la población más vulnerable para los trastornos de la conducta y los problemas psicológicos en general, ya que no suelen percibir que tienen un problema y no buscan ayuda.
Virginia CasadoLunes, 5 de septiembre de 2016
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Nivel de gravedad de TEA (adaptada de APA, 2015).

Por ello es necesario que los padres y educadores presten atención a los síntomas que puedan presentar, en vez de etiquetarlos simplemente con calificativos como malo, travieso o desastre.

Es muy importante diagnosticar lo antes posible a los niños, ya que si se presenta un trastorno a una edad temprana este puede cronificarse y perdurar toda la vida. Para ayudar a padres y docentes a realizar esta ardua tarea he realizado la descripción de los trastornos de conducta más frecuentes en niños y adolescentes según el último informe del CDC (Centros para el Control y la Prevención de los Trastornos, Centers for Disease Control and Prevention).

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
Según el estudio realizado por el CDC el TDAH sería el trastorno más frecuente en niños y adolescentes, con una media de 6,8% de la población comprendida entre los 3 y 17 años. Es más frecuente en el sexo masculino comparado con el femenino, con una proporción aproximada de 2:1.

El TDAH es un trastorno bastante estable y suele disminuir con la edad, aunque en algunas ocasiones se agrava durante la adolescencia. Los síntomas que se observan más frecuentemente durante la adultez incluyen somnolencia, inatención, impulsividad y falta de organización.

Los niños y adolescentes que sufren este trastorno tienen dificultades para prestar atención durante cierto tiempo al mismo estímulo. Este déficit les impide organizarse correctamente y llevar a cabo sus tareas diarias de forma eficiente, lo cual se refleja notablemente en el rendimiento escolar.

Además, a menudo, el déficit de atención se presenta combinado con hiperactividad o impulsividad lo cual dificulta aún más la realización de sus tareas y repercute negativamente en su rendimiento escolar y su relación con los compañeros y profesores.

Algunos de los signos que suelen observarse en los niños y adolescentes con TDAH son sobreactividad, inquietud, incapacidad para quedarse sentado, entrometimiento en las actividades de los demás e incapacidad para esperar.

Como consecuencia de los signos descritos, muchos docentes tienen la impresión de que estos niños no les escuchan o que no hacen las tareas porque no quieren, ya que consideran que tienen la capacidad intelectual necesaria para realizar las tareas.

Este es un error muy común, pero afortunadamente cada día están mejor adaptados escolarmente. Es cierto que tienen la capacidad intelectual necesaria para realizar las tareas, pero no tienen la capacidad atencional necesaria para realizarla, posiblemente porque requiera más tiempo del que pueden atender.

Por ello es importante tener mucha paciencia con estos niños, ni practicar con ellos tareas cortas o dividir una tarea larga en subapartados más cortos.

Por otro lado, hoy en día parece que cada vez más niños sufren TDAH, pero esto no significa que haya una epidemia. El aumento de los diagnósticos viene determinado por dos factores, en primer lugar, hay una mayor preocupación social por la salud, es probable que antes existieran muchos casos que no se diagnosticaban porque los padres no consideraban que su hijo/a tuviera ningún problema médico.

En segundo lugar, hay muchos niños y adolescentes diagnosticados que no cumplen los criterios para este trastorno. Esto ocurre por la creencia generalizada de los adultos de que un niño “normal” debe estarse quieto y atender durante 6 horas en el colegio y esto no es verdad, sobre todo en la infancia temprana. Los niños necesitan moverse y aprenden mucho mejor a través de la experiencia que con una clase teórica que, a menudo, sería difícil de seguir incluso para un adulto.

Trastornos de conducta
Se estima que aproximadamente el 3,5% de los niños y jóvenes con edades comprendidas entre los 3 y 17 años. Sin embargo, el número de casos aumenta notablemente en la población juvenil con antecedentes penales, en los cuales se estima que el porcentaje oscila entre el 23% y el 87%.

Las personas que sufren algún trastorno disruptivo, del control de los impulsos y de la conducta se caracterizan por tener problemas en el autocontrol del comportamiento y las emociones. Estas conductas violan los derechos de los demás y, habitualmente, también las reglas o normas sociales.

Dentro de la categoría de trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta se incluyen el trastorno negativista desafiante, el trastorno explosivo intermitente, el trastorno de conducta, el trastorno de la personalidad antisocial, la piromanía, la cleptomanía y otros trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta especificados y no especificados.

Pero en este artículo me centraré en los que ocurren con más frecuencia en niños y adolescentes, que son el trastorno negativista desafiante y el trastorno de conducta.

El trastorno negativista desafiante tiene una prevalencia de entre el 1 y el 11%. Durante la infancia es más frecuente en niños que en niñas, con una proporción de 1,4:1, pero durante la adolescencia y la adultez no se encuentran diferencias entre sexos.

La característica principal de este trastorno es la presencia de una serie de conductas y actitudes desafiantes o negativas en el niño o adolescente, que desembocan en enfados y discusiones. Estas conductas pueden presentarse solo en un ambiente que suele ser el familiar o el escolar, aunque en los casos más graves las conductas se presentan en todos los entornos.

Es frecuente que los niños y adolescentes muestren algunos síntomas de este trastorno, pero esto puede ser una conducta normal. La clave para saber si un niño o adolescente presenta o no este trastorno es fijarse en la frecuencia de la conducta.

Por ejemplo, no es extraño, que los niños tengan algún que otro berrinche a la semana, pero esto solo debería considerarse un trastorno si el niño presentase este tipo conductas la mayoría de los días durante 6 meses, si se producen al menos 3 síntomas más y si estos berrinches producen un deterioro significativo en las tareas diarias del niño (problemas en el colegio, malas relaciones con sus compañeros…).

El criterio diagnostico establece que para que se diagnostique este trastorno deben presentarse 4 o más síntomas de enfado o irritabilidad, discusiones o actitud desafiante o vengativa, durante 6 meses.

El trastorno de conducta suele presentarse como continuación del trastorno negativista desafiante y normalmente se inicia en la infancia tardía o la adolescencia. Se calcula que entre el 2 y el 10% de la población sufre este trastorno. Hay un mayor número de casos en la adolescencia y el sexo masculino.

Este trastorno se caracteriza porque los pacientes no respetan los derechos básicos de los demás ni las normas, reglas sociales ni a las figuras de autoridad. Las conductas que llevan a cabo las personas que sufren este trastorno se clasifican en cuatro categorías: conductas agresivas que causan o amenazan con daño físico a otras personas o animales, conductas no agresivas que causan daño o destrucción de la propiedad, engaño o robo y transgresión grave de las normas.

Para diagnosticar la enfermedad debe haber habido tres presentaciones como mínimo de estos síntomas en los últimos 6 meses, y los problemas del comportamiento deben provocar un deterioro significativo en la vida diaria de la persona.

Trastornos de ansiedad
Este tipo de trastorno es sufrido por, aproximadamente, el 3% de la población con edades comprendidas entre los 3 y 17 años. Los trastornos de ansiedad más frecuentes en niños y adolescentes son el trastorno de ansiedad por separación y las fobias específicas.

El trastorno de ansiedad por separación es el trastorno de ansiedad más frecuente en niños menores de 12 años, con una prevalencia del 4% aproximadamente. Este trastorno suele disminuir con la edad y desaparecer en la edad adulta, aunque en algunos casos se sigue manteniendo en la adultez. Es igual de frecuente en niños que en niñas, pero en la edad adulta es más frecuente en mujeres.

En cuanto a las fobias específicas, su prevalencia es del 5% en niños menores de 13 años y del 16% en adolescentes de 13 a 17 años. Este trastorno también suele disminuir a medida que pasa el tiempo. Existen más mujeres que hombres con este trastorno, con una proporción aproximada de 2:1. Aunque las frecuencias varían dependiendo del tipo de fobia.

Por ejemplo, hay una mayor frecuencia de mujeres con fobia a animales y entornos naturales pero la fobia a la sangre y las inyecciones se produce con similar frecuencia en ambos sexos.

Los niños y adolescentes que sufren trastorno de ansiedad por separación siente miedo o ansiedad cuando tienen que separarse de una o varias personas con las que tienen especial confianza y apego. Durante la infancia esta persona suele ser un familiar y durante la adolescencia es más frecuente que sea algún amigo o la pareja.

Las personas que sufren este trastorno suelen pensar en los posibles daños que pueda sufrir la persona a la están vinculadas cuando no están con ellos y tienen miedo de que ocurra alguna situación que los separe de forma indefinida.

Los síntomas principales son el rechazo a la separación de la persona con la que sienten ese apego extremo y signos físicos de ansiedad cuando se encuentran separados como pesadillas, falta de concentración y síntomas físicos (dolor de estómago, sudoración…).

Los niños y adolescentes con fobia específica sienten un miedo exagerado cuando se encuentran ante situaciones u objetos concretos y suelen evitarlos. Esta evitación les impide realizar algunas tareas de la vida diaria de forma eficiente como ir al médico.

Hay numerosos tipos de fobias específicas, en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) existen las siguientes categorías: animales, entorno natural, sangre-inyecciones-heridas, situacional y otras circunstancias.

Es importante tratar estos trastornos durante la infancia porque, aunque suelen ir desapareciendo o aminorando su intensidad con la edad, hay ocasiones en las que pueden persistir e incluso empeorar en la edad adulta.

Trastornos depresivos
La prevalencia de los trastornos depresivos en niños y adolescente de entre 3 y 17 años es del 2.1% aproximadamente. Los frecuentes en estas edades son el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, el trastorno depresivo mayor y el trastorno depresivo persistente o distímico.

El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es una de las causas más frecuentes por las que los padres llevan a sus hijos a las consultas de salud mental. No se tienen datos claro sobre la prevalencia de este trastorno, pero se estima que la prevalencia en niños, en un período de entre 6 meses y 1 año, se encuentra entre el 2-5%.

Este trastorno se caracteriza por la presentación de una irritabilidad persistente y episodios de descontrol, como ataques de rabia, en niños con 12 años o menos.

El trastorno depresivo mayor tiene una prevalencia en la población global del 7% aproximadamente, los datos en niños no están tan claros. El inicio del trastorno puede ocurrir a cualquier edad, pero es más frecuente que ocurra durante la pubertad.

La prevalencia del trastorno depresivo persistente no está clara, puesto que muchos pacientes son diagnosticados primero con un trastorno depresivo mayor y después pasan a este otro trastorno. El trastorno depresivo persistente comienza normalmente en la infancia o la adolescencia y tiene un curso crónico, pudiendo prolongarse durante toda la vida.

El trastorno depresivo mayor es el más conocido y estudiado dentro de este tipo de trastornos. Se caracteriza por la presencia de episodios de al menos 2 semanas de duración en los que la persona siente un cambio drástico en su estado de ánimo y su funcionamiento cognitivo que le impiden realizar las tareas diarias con normalidad, con signos como anhedonia, problemas para dormir o somnolencia o estado de ánimo irritable.

Para realizar el diagnóstico de trastorno depresivo mayor solo es necesario que se dé un episodio, aunque normalmente suelen darse de manera recurrente. Cuando estos episodios se prolongan en el tiempo de forma crónica, durante al menos un año en niños y adolescentes, pasaría a ser un trastorno depresivo persistente (distimia).

Trastornos del Espectro Autista (TEA)
La prevalencia de los Trastornos del Espectro Autista es de aproximadamente el 1.1% en la población con edad comprendidas entre los 3 y 17 años. El número de diagnósticos de esta enfermedad ha aumentado con el tiempo, en EEUU, por ejemplo, en el 2000 se estimó que 1 de cada 150 personas sufrían dicha enfermedad, mientras que en 2010 la cifra ascendió a 1 de 68 personas.

Las características principales de este trastorno son el deterioro persistente de la comunicación social recíproca y la interacción social, en múltiples contextos, y la presencia de patrones de conducta, intereses o actividades restrictivos y repetitivos. Estos síntomas están presentes desde la primera infancia (suelen aparecer a partir de los 6 meses).

Los signos concretos de este trastorno dependen de la edad del paciente, el nivel de desarrollo y la gravedad de la afección. Se diferencian 3 grados de niveles de gravedad del trastorno, el primero sería necesita ayuda, el segundo necesita ayuda notable y el tercero necesita ayuda muy notable. En el cuadro 1 pueden comprobarse las características de cada nivel de gravedad.

Síndrome de Gilles de la Tourette
El síndrome de Gilles de la Tourette se presenta en el 0,2% de la población comprendida entre los 6 y los 17 años. Este trastorno suele iniciarse en la infancia temprana e ir desapareciendo con el tiempo. Suele darse con mayor frecuencia en niños que en niñas, con una proporción de 2:1.

El Síndrome de Gilles de la Tourette es un trastorno de tics, estos trastornos de caracterizan por la presencia de tics motores o verbales, con movimientos o vocalizaciones súbitos, rápidos, recurrentes, no rítmicos y estereotipados.

El síndrome de la Tourette se diferencia del resto de trastornos de tics en que las personas que lo sufren tienen tics motores y verbales mientras en el resto de trastornos las personas no tienen por qué sufrir tics verbales.

Los niños y adolescentes que sufren este síndrome suelen sentirse incomprendidos y avergonzados, debido a que muchas personas piensan que lo están haciendo queriendo ya que hay contextos donde puede que los tics no aparezcan (por ejemplo, cuando están tranquilos en casa). Por ello es importante trabajar la autoconfianza con estos pacientes y hacerles sentirse comprendidos.

Referencias

ADHD Institute. (s.f.). Burden of ADHD. Recuperado el 26 de Mayo de 2016, de ADHD Institute: http://www.adhd-institute.com/burden-of-adhd/

APA. (2015). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5. Washington: APA.

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Centers for Disease Control and Prevention. (16 de Mayo de 2013). Mental health surveillance among children — United States 2005–2011. Obtenido de CDC: http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/su6202a1.htm?s_cid=su6202a1_w

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Robertson, M., Eapen, V., & Cavanna, A. (2009). The international prevalence, epidemiology, and clinical phenomenology of Tourette syndrome: a cross-cultural perspective. J Psychosom Res, 67(6), 475-483. doi:10.1016/j.jpsychores.2009.07.010

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