Segundas (y terceras) oportunidades

José Mª de Moya
Director de Magisterio
27 de septiembre de 2016
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Hoy vengo emocionado porque he asistido a la inauguración de un curso de adultos para la obtención del Graduado en ESO desarrollado por INAV. Una iniciativa a caballo entre lo educativo y lo social. Medio centenar de jóvenes categorizados por las altas instancias como ‘ni-nis’ acudían en busca de una segunda oportunidad. Por cierto, estoy convencido que el término ‘ni-ni’ no fue inventado por los burócratas europeos con intención irrespetuosa, pero tampoco cariñosa… A mí nunca me ha gustado. Me parece poco afortunado, poco fino, para referirse a un colectivo que lo está pasando tan mal y que no está para motes.

Ya son varias las comunidades autónomas que están destinando recursos para ofrecer una segunda oportunidad a quienes no aprovecharon o no dispusieron de la primera. Andalucía puso en marcha hace unos años un exitoso programa de becas de segunda oportunidad y ahora ha sido Madrid quien ha destinado cinco millones de euros procedentes de los fondos europeos a tan noble fin. Desde aquí mi enhorabuena. Ahora puedo constatar la eficacia, sobre todo en términos de acción social, de estos programas de becas de segunda oportunidad. ¿Tiene sentido que se destinen millones para becas de investigación, de grado y de posgrado, etc. y que aquellos que ocupan el último escalafón de la escala formativa no sean atendidos? ¿Qué mejor recurso se puede ofrecer a quien lo está pasando mal que el de una formación inicial que le permita echar a andar por sí mismo?

Recuerdo ahora lo que señaló el informe PIACC (el PISA de la Educación de Adultos). Hay una especie de círculo virtuoso que hace que aquellos que han recibido formación deseen seguir formándose. El que tiene un grado quiere un posgrado y un MBA. En sentido contrario, explica PIACC, quienes carecen de la formación mínima se sumergen en una especie de espiral que les impide comenzar a formarse, como si se tratara de un círculo vicioso. Encontramos problemas de autoestima y vidas complicadas que en ningún caso merecen ser juzgadas sino apoyadas con sobredosis de estímulo, de recursos y con tantas oportunidades como sean necesarias.

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