Que muchos aprendan mucho

José Mª de Moya
Director de Magisterio
24 de enero de 2017
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Podría ser un buen lema para profesores, directores de centro, consejeros de Educación, incluso ministros del ramo: que muchos aprendan mucho. Un propósito que atiende a dos anhelos de todo maestro vocaciones: la equidad y la excelencia. Y para evitar suspicacias, lo formulo a la inversa, la excelencia y la equidad. Una fórmula cuya resultante no es otra que la calidad. No puede hablarse en propiedad de un sistema educativo de calidad si no llega a todos y si no extrae de cada uno lo máximo posible.

Probablemente cualquier ministro o consejero de Educación suscribiría lo dicho hasta este punto, pero la política educativa es cuestión de acentos, de trazos finos. Jamás he encontrado un político que rechace la equidad o la excelencia, pero sí he percibido diferentes inflexiones en la voz al pronunciar estos términos. Para unos, que muchos aprendan mucho significa que todos aprendan bastante o lo suficiente o, incluso, algo. Para otros, significa simplemente que bastantes aprendan más que nadie. Con eso, les basta.

En términos de indicadores, la equidad es medida fundamentalmente por la tasa de abandono educativo (también por el fracaso escolar) de un país, mientras que la excelencia la cuantifican las diferentes evaluaciones del rendimiento académico, PISA, TIMSS, etc. Fijarse mucho en PISA e ignorar las tasas de abandono reflejaría un notable estrabismo ideológico. A la inversa, también. Incluso podríamos establecer tasas de estrabismo por países y por comunidades autónomas, en función de la importancia que dan a los resultados académicos de los muchachos o la tasa de titulación.

La equidad y la excelencia son dos riendas que hay que manejar con tensión y equilibrio. Y no debe ser fácil a la vista de los datos que esta semana publicamos en un sesudo análisis de Pablo Rovira sobre la correlación entre abandono y rendimiento en PISA 2015. Advierto que el reportaje no es solo para entendidos sino para entusiastas. Para quienes no sean ni una cosa ni la otra, adelanto la conclusión. La correlación entre el rendimiento y la tasa de graduados en ESO es muy débil. Comunidades con buenos resultados en PISA no van tan bien en tasa de graduados y a la inversa. En definitiva, prestar atención a la excelencia no garantiza la equidad, prestar atención a la equidad no asegura la excelencia.

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